Corríamos por el jardín de su casa en Chincha. Nos reíamos, pero muchas
veces no podía verle la cara. Aparecía y se iba. De pronto me dijo: “Chau, cuídate
mucho”. Me despido de ella y plin…
“Hijita, hijita”. Era mi mamá. Estaba soñando, soné que me despedía de
Aleca. Vi la cara de mi mamá y me
imaginaba lo que estaba pasando. Eran las 7 de la mañana y las únicas palabras
que me quedan de ese día, 16 de diciembre del 2009, salieron de la boca de mi mamá, me
miró y me dijo: Alexia está en el cielo.
Pensaba que lo que vemos en las películas donde a uno se le nubla la
vista y escucha un zumbido interminable no existían. Pero estaba equivocada,
sentí exactamente lo mismo. Me nublé, no lo podía creer. Lo que me estaban diciendo no podía ser verdad.
Todo esto había comenzado el día anterior. El 15 de diciembre fue el día
de graduación del colegio. Nos graduábamos y todos sabíamos que Alexia no podía
estar con nosotros. El ambiente era muy cargado. Teníamos sentimientos
encontrados. Yo estaba feliz pero al mismo tiempo triste. Fue un día difícil.
En los ensayos yo entraba con ella al auditorio, estaba a mi costado en toda la
ceremonia. Y ese día no lo estuvo y yo tampoco al suyo.
Hace varios días que se la habían llevado a Chincha. Quería pasar sus
últimos días en el lugar donde creció y en su casa. Nunca la pude ir a visitar
y tampoco me lo recomendaban. En plena graduación
me enteré que estaba en Lima. Su mamá nos escribió una carta y una de las
chicas la leyó. Nos contaba como estaba Aleca y nos agradecía por todo. Era una
despedida, pero yo no lo quise ver así. Terminó la ceremonia y muchas llorábamos,
más que por acabar el colegio, por la
situación. No sabía que sentía, debía estar feliz pero como lo iba a estar si
mejor amiga estaba sufriendo…
Llego a la comida en mi casa después de la graduación y me entero que
todos sabían que Alexia ya había venido a Lima menos yo. No sabía nada y toda mi familia sí. Lo peor
es que cuando terminó la ceremonia los Rey se fueron corriendo: habían llamado
a decir que eran las últimas horas y que en cualquier momento se iba… Y yo seguía sin saber.
Me acuerdo que cuando llegamos a mi casa le dije a mi mamá: “¿Mañana temprano
voy a visitar a Alexia ya, má?” Ella se hacía la loca y me decía: “no sé
hijita, ya vemos. De repente quiere descansar.” En verdad era un no, ya no
llegas. Todos sabían menos yo.
Seguía con ese zumbido en la oreja, escuchaba una y otra vez “Alexia ya
está en el cielo” y no lo podía creer. Quería llorar y no podía. Me bañé, me
cambié y lo único que quería era estar con ella. Agarré a Galleta y la llevé en
el carro. No podía llorar, no quería que nadie me viera llorar y menos mi
mamá. Fue el camino más largo de mi
vida. Llegué a la casa de Majo, ahí nos íbamos a juntar algunas para ir al
velorio porque quedaba a una cuadra. Me abrieron la puerta y estaban ahí Catalina
y Daniela H. (dos amigas de mi promoción) me miraron, me abrazaron y exploté.
Lo tenía tan guardado que tenía que salir. Lloraba, lloraba y no paraba de
llorar. Me abrazaron tan fuerte que me dieron esa seguridad…
Cuando llegamos al velorio veía a mucha gente. Conocía a todos. No
quiero entrar en detalles, pero ahí me cayó el veinte. La vi. Fue terrible.
Estuve ahí hasta que me botaran. No lo podía creer. Pensaba que nunca me había despedido de ella.
Días anteriores la llamaba y su celular estaba apagado, no me contestaba los
mensajes en Facebook. Nada, no sabía nada de ella. Me sentía demasiado mala amiga, como no pude
despedirme de ella. Y no sé cómo explicarlo, pero ese sueño me tranquilizó
mucho. Se despidió de mí, pensó en mí…
Fueron los dos días más largos de mi vida, los
que hasta el día de hoy lloré más que nunca, en los que trataba de ser fuerte
pero no podía. ¿Sufrí? Sí.
Ahora miro al pasado, ya van a ser tres años
desde que se fue. Tres años en los que me he caído y levantado, que
siempre pienso en ella, que sé que tengo a un ángel de la guarda que desde
algún lugar me mira y sabe todo lo que hago y que hasta el fin de mis días, estará en mi corazón.
Nadie entiende la muerte, nadie. Sólo sé que nuestro destino está marcado.
Aleca no pasó desapercibida por todos los que la conocieron y hasta oyeron
sobre ella. Así como para mí, es un ejemplo para muchos. La vida es una, no hay más. Me arrepiento de no haberle podido decir
muchas cosas, pero lo hecho, hecho está. Ya se lo pude decir y se lo sigo
diciendo todos los días. Si se fue es porque ya había terminado su labor en la
tierra y nosotros nos quedamos.
Y aquí estoy yo. Contándoles esta historia que
espero que les haya gustado y que los haya hecho llorar, reír y reflexionar.
GRACIAS. Gracias a más de esas 16 mil quinientas
visitas. A cada uno de ustedes por tomarse el tiempo de leer capítulo por capítulo
y pedirme que siga escribiendo. Como lo
dije al principio, necesitaba contarlo. Necesitaba cerrar este dolor que ahora
se queda en el pasado y se convierte en un lindo recuerdo, de los mejores de mis
veinte años.
Y gracias a ti Alexia. GRACIAS por inspirarme y empujarme para comenzar a lograr mi sueño...
FIN