El primer día de colegio para Alexia estaba a punto de comenzar. Aleca y yo vivíamos muy cerca y para ir al colegio hicimos un pull con una amiga más. Yo estaba más que feliz, por fin íbamos a tener un día normal. Seguramente que cuando llegó no se sintió muy cómoda. Pero esa sensación con el tiempo terminaría yéndose, en verdad no pasó mucho tiempo, se fue después de unos cuantos días. Era increíble como la amaban en el colegio.
La trataban como una reina, podía hacer lo que se le daba la gana.
La primera semana nos la pasamos todo el tiempo juntas, poco a poco comenzó a conocer a las del salón y a toda la promoción. Yo pensé que cuando entrara habría algunas personas que la mirarían diciendo: “uy, ahí está la prima de las de cuarto que estaba enferma… “Pero no, todas la trataban normal, como si fuera una chica más, que lo era.
Desde el primer día de clases era muy chistoso como se esforzaba por hacer todo perfecto. Ya les he contado: yo no era muy estudiosa que digamos… Y le decía qué chancona era, estudiaba para todo y la pobre se volvía loca y se estresaba. Porque seguramente después de un año de no hacer nada, debe ser difícil ponerse al día en todo. Además, el colegio no era muy relajado que digamos…les encantaba dejarnos miles de trabajos y tareas. Por eso yo ya estaba acostumbrada a todo y no me sorprendía.
Cada lunes nos hacían ir al patio principal, hacíamos la formación y nos hacían cantar el himno del colegio y del Perú. Era insoportable, no creo que exista alguna ex alumna que lo extrañe. Una vez que terminábamos de cantar daban unos premios para las que mejor habían vivido la virtud de la semana: el Para Servir, Servir. Era un pin que la verdad, no servía de nada. Lo digo porque casi nunca me ganaba uno…ja, ja. La primera semana que Alexia había entrado al colegio, se ganó el Para Servir, Servir. Obviamente que yo no la paraba de molestar y le decía: “oye ya deja de ser tan chancona,¡vaga por una vez en tu vida!” Ni cazo me hacía y lo único que yo pensaba era que ya se le iba a pasar. Pero sí tenía razón, después de no haber hecho nada un año entero, seguro que lo había extrañado y sentía una necesidad por estudiar. Cosa que puede ser que a mí nunca me pase…
Todos los días a la hora del primer recreo, teníamos que ir a la cafetería para que tome su jugo de mandarina. Tanto así era que ya caminábamos de frente a la cafetería por inercia… su mamá también me decía que por favor no me olvide ningún día de que tomara el jugo porque la ayudaba a recuperar sus fuerzas y a mantenerse sana como estaba. Y lo cumplimos tía, no hubo día que no fuimos. Sino pregúntale a Sofi (la chica que le hacia el jugo).
Por supuesto que era la engreída de todas las profesoras. Estudiaba para todos los cursos, en especial le encantaba matemática y química (los cursos que más odio), por eso siempre me copiaba de ella y me ayudaba en los exámenes, já. En las clases de educación física, se notaba que no tenía las fuerzas suficientes como para correr o hacer lo que tenía que hacer, pero como era la engreída de la clase, en todo el año no movió ni un pie. En parte al final también lo hizo por floja, ni que no la conociera…
Sus notas eran bien altas: tenía un promedio de casi diecisiete y ya era quinto superior de la clase. De admirar, encima que no sabía que podía pasar mañana, estudiaba y quería ser la mejor. Es por eso que me caía tan bien. No sólo porque teníamos gustos parecidos: pensábamos en ser artistas, viajar a México y ser las protagonistas de todas las novelas; amábamos RBD; podíamos hablar horas de cualquier cosa y nunca nos aburríamos. También porque era increíble como no le importaba nada, vivía cada cosa que tenía que vivir sin pensarlo dos veces. Con todo lo que le había pasado era suficiente como para pensar en lo que tenía que hacer, le hacía caso a su corazón y no a la cabeza. ESA es mi mejor amiga.
Una historia que demuestra que una verdadera amistad puede durar para siempre. Donde EL no siempre tiene que ser un hombre...
martes, 30 de marzo de 2010
lunes, 29 de marzo de 2010
10. Vamos Alexia!
Meses antes de saber la buena noticia, como les había dicho, muchísima gente estaba enterada de todo lo que estaba pasando.
Mientras una amiga leía el capitulo anterior, me comentó que justo se acordó que en el 2007, en su colegio, le comenzaron a rezar una oración a una chica del Salcantay que tenía cáncer. Eso fue algo que me dejó con la boca abierta. Nunca pensé que hasta en otros colegios estaban enterados de lo que estaba pasando.
Ésta oración, se trata de una chica que también se llamó Alexia. Cuando la tía estaba embarazada, lo que más quería en el mundo era tener una hija mujer. Ya había tenido la primera mujer, tres hombres más y sentía que ya era hora de que le toque otra vez una mujer. Durante los meses de embarazo comenzó a rezarle a una chiquita que era conocida por la familia. Se llamaba Alexia, cada día le rezaba y le pedía para que fuera una mujer. A los varios meses de embarazo, cuando se hacia las ecografías, le pedía al doctor que por favor no le dijera nada sobre el sexo del bebé porque quería que fuera sorpresa. Tan grande era la intuición de madre, que ya había comprado todo para mujer. Tenía toda la ropa y la decoración del cuarto de mujer. Obviamente, todas sus amigas y hermanas le decían que estaba loca, que iba a hacer si es que al final era hombre. A la tía no le importó y estaba casi segura que iba a ser mujer.
Cuando nació, efectivamente, fue mujer. La tía estaba feliz y pensaba ponerle Elke de nombre, pero a su papá no le gustaba tanto. Entonces, por agradecimiento a esta chiquita que le rezaba, se llamó Alexia.
Esta chiquita Alexia tiene toda una historia: se murió de cáncer cuando tenía quince años. Es muy conocida por haber hecho obras buenas y actualmente se encuentra en un proceso de beatificación. Lo más importante es que no sólo Alexia se llamó así por ella, sino que hubo muchas coincidencias con todo lo que le pasó durante esos dos años. Cuando en el 2007 le dan el diagnóstico de cáncer a Alexia, su mamá lo primero que hizo fue averiguar sobre la vida de esta chiquita y encontró lo siguiente:
- A las dos le detectaron el cáncer a los catorce años
- En mayo, las dos conocieron al Papa
- Hicieron la Primera Comunión en setiembre
- Tenían casi el mismo tipo de sarcoma
Esto era algo que mucha gente creía que podía ser por causa del destino o simplemente que eran casualidades. Es por eso que nosotros, durante todo el 2007, rezábamos la oración de Alexia para que pudiera estar completamente sana. Y funcionó, a pesar de todo, la buena noticia ya la teníamos. Alexia estaba limpiecita, tenía que cuidarse, pero podía vivir la vida de una chica normal de quince años.
En algún momento mencioné la increíble fuerza que tenia la tía. Cuando Alexia nació era impresionante lo pegada que era a ella, no la dejaba sola en ningún momento. Dejó de ir al gimnasio (el cual era difícil que lo dejara) para dedicarse a ella a tiempo completo. Se la llevaba a Lima cuando tenía que hacerlo y no le importaba que faltara al colegio, nunca la soltó. Fue la mejor madre que pudo ser, y lo es.
No sólo nos dedicábamos a rezar todas las mañanas en el Salcantay. También, a Daniella y a Maria Paz (una amiga de la promoción) se les ocurrió hacer una especie de cadena para demostrarle nuestro apoyo a Aleca. Es por eso que surgió la frase “Vamos Alexia”. Esta frase se reducía en dos letras: “VA”, lo único que tenías que hacer, era ponerte esas dos letras al principio de tu nickname en Messenger. Fue increíble como después de un par de días todos los que la conocían o simplemente sabían quién era, lo tenían puesto. No sé si algún día ella supo lo que significaba pero sí era un poco obvio, ni tonta que fuera.
Y eso no es todo, se creó un grupo en el Facebook, donde todos los que se unían estaban rezando por ella. Más pruebas de fe no podíamos tener, gracias a toda la gente y a la medicina avanzada, Aleca empezaría un año completamente nuevo y con ganas de recuperar esas energías que en algún momento se fueron…
Mientras una amiga leía el capitulo anterior, me comentó que justo se acordó que en el 2007, en su colegio, le comenzaron a rezar una oración a una chica del Salcantay que tenía cáncer. Eso fue algo que me dejó con la boca abierta. Nunca pensé que hasta en otros colegios estaban enterados de lo que estaba pasando.
Ésta oración, se trata de una chica que también se llamó Alexia. Cuando la tía estaba embarazada, lo que más quería en el mundo era tener una hija mujer. Ya había tenido la primera mujer, tres hombres más y sentía que ya era hora de que le toque otra vez una mujer. Durante los meses de embarazo comenzó a rezarle a una chiquita que era conocida por la familia. Se llamaba Alexia, cada día le rezaba y le pedía para que fuera una mujer. A los varios meses de embarazo, cuando se hacia las ecografías, le pedía al doctor que por favor no le dijera nada sobre el sexo del bebé porque quería que fuera sorpresa. Tan grande era la intuición de madre, que ya había comprado todo para mujer. Tenía toda la ropa y la decoración del cuarto de mujer. Obviamente, todas sus amigas y hermanas le decían que estaba loca, que iba a hacer si es que al final era hombre. A la tía no le importó y estaba casi segura que iba a ser mujer.
Cuando nació, efectivamente, fue mujer. La tía estaba feliz y pensaba ponerle Elke de nombre, pero a su papá no le gustaba tanto. Entonces, por agradecimiento a esta chiquita que le rezaba, se llamó Alexia.
Esta chiquita Alexia tiene toda una historia: se murió de cáncer cuando tenía quince años. Es muy conocida por haber hecho obras buenas y actualmente se encuentra en un proceso de beatificación. Lo más importante es que no sólo Alexia se llamó así por ella, sino que hubo muchas coincidencias con todo lo que le pasó durante esos dos años. Cuando en el 2007 le dan el diagnóstico de cáncer a Alexia, su mamá lo primero que hizo fue averiguar sobre la vida de esta chiquita y encontró lo siguiente:
- A las dos le detectaron el cáncer a los catorce años
- En mayo, las dos conocieron al Papa
- Hicieron la Primera Comunión en setiembre
- Tenían casi el mismo tipo de sarcoma
Esto era algo que mucha gente creía que podía ser por causa del destino o simplemente que eran casualidades. Es por eso que nosotros, durante todo el 2007, rezábamos la oración de Alexia para que pudiera estar completamente sana. Y funcionó, a pesar de todo, la buena noticia ya la teníamos. Alexia estaba limpiecita, tenía que cuidarse, pero podía vivir la vida de una chica normal de quince años.
En algún momento mencioné la increíble fuerza que tenia la tía. Cuando Alexia nació era impresionante lo pegada que era a ella, no la dejaba sola en ningún momento. Dejó de ir al gimnasio (el cual era difícil que lo dejara) para dedicarse a ella a tiempo completo. Se la llevaba a Lima cuando tenía que hacerlo y no le importaba que faltara al colegio, nunca la soltó. Fue la mejor madre que pudo ser, y lo es.
No sólo nos dedicábamos a rezar todas las mañanas en el Salcantay. También, a Daniella y a Maria Paz (una amiga de la promoción) se les ocurrió hacer una especie de cadena para demostrarle nuestro apoyo a Aleca. Es por eso que surgió la frase “Vamos Alexia”. Esta frase se reducía en dos letras: “VA”, lo único que tenías que hacer, era ponerte esas dos letras al principio de tu nickname en Messenger. Fue increíble como después de un par de días todos los que la conocían o simplemente sabían quién era, lo tenían puesto. No sé si algún día ella supo lo que significaba pero sí era un poco obvio, ni tonta que fuera.
Y eso no es todo, se creó un grupo en el Facebook, donde todos los que se unían estaban rezando por ella. Más pruebas de fe no podíamos tener, gracias a toda la gente y a la medicina avanzada, Aleca empezaría un año completamente nuevo y con ganas de recuperar esas energías que en algún momento se fueron…
9. Abriendo cuadernos
Las cosas no quedaban ahí nomás… Ya no iba a tener que hacerse más quimioterapias, pero si seguir cuidándose de las comidas, tomar pastillas, nada de alcohol, dulces, etc.
En el verano, iba, pero no muchas veces a su casa en Cocos. Cuando me enteraba que estaba ahí iba a visitarla y a conversar un rato. El único problema que tenía era que sí se podía bañar en el mar y en la piscina, pero tenía que usar un gorro especial en la cabeza para no meterse con peluca.
En marzo, decidimos ir a Kapala una semana entera antes de empezar las clases en el colegio. Fuimos a la casa de Daniella con un par de amigas y sus hermanas. Aleca también fue con su hermana menor por el fin de semana. Estuvo muy divertido, éramos sólo mujeres tomándonos miles de fotos y rajando de quienes se nos venía a la mente. Buscamos las mil y un maneras de que Alexia se sintiera completamente en confianza para meterse al mar con nosotros, pero por más que le dijimos que nos metíamos con gorro también, ella no quería. Se notaba que se moría de calor y ganas, pero fue imposible convencerla.
En Semana Santa estuvimos casi todo el fin de semana juntas. En esa época yo estaba con un chico que era del grupo con el que parábamos. Alexia no lo conocía mucho porque recién estaba conociendo a nuestros amigos pero sí sabía quién era de nombre y de vista. Me acuerdo perfecto que uno de esos días, mi ex y yo nos habíamos peleado horrible. Yo estaba histérica y lo único que le contaba a Aleca era lo imbécil que podía ser. Obviamente que como yo le contaba mi historia, ella me defendía a mí y lo terminó odiando un poco al principio. (Típica de amiga)
Ese mismo día, hicimos una parrillada en la casa de un amigo en Kapala. Alexia tenía una personalidad increíble, cualquiera en el estado en el que estaba, preferiría quedarse en su casa que ser el centro de atención e ir con peluca, pálida y ojeras que se notaban que físicamente no estaba bien. A ella ni le importó, fue con nosotros y terminamos haciendo una fogata en la playa como hasta la una de la mañana.
Nunca mencioné que era muy buena para dar consejos, me ponía las cosas claras: “Esto tiene que ser así, si no lo hace piña pues, chotéalo” Sabía manejar bien a los hombres…ya les contaré después.
Ahora sí yo era conocida por toda la familia. Justo me tocó ser catequista de su hermana menor, ese año la preparé para hacer la primera comunión, así que ya tenía más puntos a mi favor.
Empezamos el colegio y ya estaba decidido: Alexia entraría a estudiar con nosotros en mayo. Mientras esperaba porque tenía que hacerse un último exámen, tuvo algunas clases en su casa con profesoras del colegio para ponerla en práctica. Ya había perdido un año entero de colegio, necesitaba ponerse al día.
Todo seguía igual. Cada vez que podía la iba a visitar, le presté mis hojas del colegio para que pueda ir estudiando y hablábamos casi todos los días. Yo no paraba de contar los días para que entre al colegio y estoy segura que ella tampoco, seguramente ya estaba harta de no haber hecho nada un año entero y era hora de que comenzara a estudiar. Lo único que me decía era: “ya entrooo al coleee...wait meee BF!”. (frase copiada del facebook)
Por fin comenzaron las primeras vacaciones trimestrales, después de una semana Alexia iba a entrar con nosotros al colegio, ¿no era increíble? Después de todas las malas noticias, por fin teníamos una buena. Daniella me contó que iba a estar en el mismo salón que nosotros, más feliz no podía estar. Aleca le pidió a su mamá que por favor le pidiera a la directora si la podía meter en mi salón y el de Dani porque con nosotros sentía más confianza y quería que la ayudáramos en todo lo que podíamos.
Y fue así como tuve el mejor cuarto de secundaria de toda mi vida…
En el verano, iba, pero no muchas veces a su casa en Cocos. Cuando me enteraba que estaba ahí iba a visitarla y a conversar un rato. El único problema que tenía era que sí se podía bañar en el mar y en la piscina, pero tenía que usar un gorro especial en la cabeza para no meterse con peluca.
En marzo, decidimos ir a Kapala una semana entera antes de empezar las clases en el colegio. Fuimos a la casa de Daniella con un par de amigas y sus hermanas. Aleca también fue con su hermana menor por el fin de semana. Estuvo muy divertido, éramos sólo mujeres tomándonos miles de fotos y rajando de quienes se nos venía a la mente. Buscamos las mil y un maneras de que Alexia se sintiera completamente en confianza para meterse al mar con nosotros, pero por más que le dijimos que nos metíamos con gorro también, ella no quería. Se notaba que se moría de calor y ganas, pero fue imposible convencerla.
En Semana Santa estuvimos casi todo el fin de semana juntas. En esa época yo estaba con un chico que era del grupo con el que parábamos. Alexia no lo conocía mucho porque recién estaba conociendo a nuestros amigos pero sí sabía quién era de nombre y de vista. Me acuerdo perfecto que uno de esos días, mi ex y yo nos habíamos peleado horrible. Yo estaba histérica y lo único que le contaba a Aleca era lo imbécil que podía ser. Obviamente que como yo le contaba mi historia, ella me defendía a mí y lo terminó odiando un poco al principio. (Típica de amiga)
Ese mismo día, hicimos una parrillada en la casa de un amigo en Kapala. Alexia tenía una personalidad increíble, cualquiera en el estado en el que estaba, preferiría quedarse en su casa que ser el centro de atención e ir con peluca, pálida y ojeras que se notaban que físicamente no estaba bien. A ella ni le importó, fue con nosotros y terminamos haciendo una fogata en la playa como hasta la una de la mañana.
Nunca mencioné que era muy buena para dar consejos, me ponía las cosas claras: “Esto tiene que ser así, si no lo hace piña pues, chotéalo” Sabía manejar bien a los hombres…ya les contaré después.
Ahora sí yo era conocida por toda la familia. Justo me tocó ser catequista de su hermana menor, ese año la preparé para hacer la primera comunión, así que ya tenía más puntos a mi favor.
Empezamos el colegio y ya estaba decidido: Alexia entraría a estudiar con nosotros en mayo. Mientras esperaba porque tenía que hacerse un último exámen, tuvo algunas clases en su casa con profesoras del colegio para ponerla en práctica. Ya había perdido un año entero de colegio, necesitaba ponerse al día.
Todo seguía igual. Cada vez que podía la iba a visitar, le presté mis hojas del colegio para que pueda ir estudiando y hablábamos casi todos los días. Yo no paraba de contar los días para que entre al colegio y estoy segura que ella tampoco, seguramente ya estaba harta de no haber hecho nada un año entero y era hora de que comenzara a estudiar. Lo único que me decía era: “ya entrooo al coleee...wait meee BF!”. (frase copiada del facebook)
Por fin comenzaron las primeras vacaciones trimestrales, después de una semana Alexia iba a entrar con nosotros al colegio, ¿no era increíble? Después de todas las malas noticias, por fin teníamos una buena. Daniella me contó que iba a estar en el mismo salón que nosotros, más feliz no podía estar. Aleca le pidió a su mamá que por favor le pidiera a la directora si la podía meter en mi salón y el de Dani porque con nosotros sentía más confianza y quería que la ayudáramos en todo lo que podíamos.
Y fue así como tuve el mejor cuarto de secundaria de toda mi vida…
domingo, 28 de marzo de 2010
8. Chocolate: divino alimento
Hace dos minutos estaba leyendo una conversación que me hizo llorar. Una conversación entre Alexia y Dios por Messenger en la que le explicaba todas las razones por las que debía irse al cielo. En un momento, Aleca menciona qué les dirá a sus amigas que todavía se hacían muchas preguntas al respecto. Es impresionante ver cómo dejaba a un lado sus propias dudas y preguntas, para saber qué hacer y decirle a sus amigas. Esta conversación es una muestra más de cariño y fe que tiene la familia de Aleca, siendo su tío quien buscó la forma de hacernos entender a toda la promoción que lo que tenía que pasar era cuestión del destino y de Dios. Y que sería lo mejor para todos.
Comienzo hablando de este tema porque quiero dejar en claro que Alexia era muy querida por todos. Tenía a sus amigas de la infancia de Chincha, Lima, Houston y muchos lugares más. Era increíble ver cuanta gente estaba enterada de su historia y cómo estaban pendiente de ella. En el fondo, siempre fue muy popular.
No sólo fue popular, sino traviesa y rebelde. Qué difícil debe ser seguir todas las indicaciones de los doctores al pie de la letra: tomar miles de pastillas después del desayuno, almuerzo y comida, tomar los extractos que sabían horrible, no comer dulces (cosa que le encantaba) y muchísimas cosas más que a los quince años es muy difícil cumplirlas por más que uno quiera. Por eso Aleca hizo unas cuantas travesuras que de repente al leerlas, hasta su mamá se puede estar enterando recién ahorita.
Me contaron sus primas que una vez, cuando estaba internada en la clínica, Daniella se tuvo que quedar con ella porque todos estaban ocupados. Alexia tenía hambre y no sabía que comer porque ya estaba harta de todas las verduras y comidas sanas que le traía la enfermera. Entonces, le pidió a Dani que le trajera una torta de chocolate (siendo el chocolate uno de los alimentos más cancerígenos que hay). Obviamente que Daniella le dijo que no le iba a dar, que estaba loca. Y con el carácter que tenia Aleca al final terminaron comiéndose, las dos, un pedazo inmenso de torta de chocolate, tan grande era que se quedaron dormidas, así que imagínense. También odiaba tener que tomar todos esos extractos que le hacían para no tener náuseas. Tanto así que una vez su prima Fiorella tuvo que ayudarla y tomarse uno para que Aleca quiera tomarse el suyo.
En Houston su mamá le preguntó si prefería tomar sus extractos a que sentirse mal y con náuseas. Sin pensarlo, lo primero que le respondía era: prefiero tener náuseas a que tomar esa cosa…
Muchas veces se iba caminando a la casa de sus primas en vez de ir en carro porque quería comerse un dulce en el camino. Estas son situaciones que seguramente todos entendemos, no podíamos pretender que ni una vez en dos años no comiera un sólo chocolate sabiendo que era lo que más le gustaba en el mundo. Además no sabemos que podía estar pensando ella, si de repente tenía que aprovechar y comer todo lo que podía o simplemente hacerle caso al doctor para que después esté bien y pueda comer lo que quiera.
El día en el que hablé con Daniella sobre los resultados de los exámenes fue uno de los días más felices de mi vida. Ya estábamos en el 2008 y sus papás estaban pensando qué hacer una vez que se termine el tratamiento. Si se curaba la meterían a nuestro colegio para que recupere cuarto de secundaria y se quedarían a vivir a Lima de todas maneras. Cuando me enteré que había alguna posibilidad que estudiara con nosotros, me imaginaba lo perfecto que sería vernos todos los días y estar en la misma clase. Ok, ya sé que están esperando que les diga los resultados desde que empecé el capítulo…
La mejor noticia que Daniella me pudo dar fue: no tiene nada, ya se curó. Los nervios se fueron al instante y no tuve ninguna mejor reacción que sonreír y pensar que toda esta pesadilla por fin había acabado. Era increíble, no sólo ya estaba sana, sino que también iba a estar en mi promoción. Mejores noticias no podía tener.
Pero no todo fue tan bueno como parecía, el doctor le había dicho que sí, efectivamente ya no tenía ningún tumor ni nada en el cuerpo. Pero esto no era algo que se iba así nomás. Así como se iba, también podía regresar en cualquier momento.
Y yo que pensaba que por fin se había terminado…
Comienzo hablando de este tema porque quiero dejar en claro que Alexia era muy querida por todos. Tenía a sus amigas de la infancia de Chincha, Lima, Houston y muchos lugares más. Era increíble ver cuanta gente estaba enterada de su historia y cómo estaban pendiente de ella. En el fondo, siempre fue muy popular.
No sólo fue popular, sino traviesa y rebelde. Qué difícil debe ser seguir todas las indicaciones de los doctores al pie de la letra: tomar miles de pastillas después del desayuno, almuerzo y comida, tomar los extractos que sabían horrible, no comer dulces (cosa que le encantaba) y muchísimas cosas más que a los quince años es muy difícil cumplirlas por más que uno quiera. Por eso Aleca hizo unas cuantas travesuras que de repente al leerlas, hasta su mamá se puede estar enterando recién ahorita.
Me contaron sus primas que una vez, cuando estaba internada en la clínica, Daniella se tuvo que quedar con ella porque todos estaban ocupados. Alexia tenía hambre y no sabía que comer porque ya estaba harta de todas las verduras y comidas sanas que le traía la enfermera. Entonces, le pidió a Dani que le trajera una torta de chocolate (siendo el chocolate uno de los alimentos más cancerígenos que hay). Obviamente que Daniella le dijo que no le iba a dar, que estaba loca. Y con el carácter que tenia Aleca al final terminaron comiéndose, las dos, un pedazo inmenso de torta de chocolate, tan grande era que se quedaron dormidas, así que imagínense. También odiaba tener que tomar todos esos extractos que le hacían para no tener náuseas. Tanto así que una vez su prima Fiorella tuvo que ayudarla y tomarse uno para que Aleca quiera tomarse el suyo.
En Houston su mamá le preguntó si prefería tomar sus extractos a que sentirse mal y con náuseas. Sin pensarlo, lo primero que le respondía era: prefiero tener náuseas a que tomar esa cosa…
Muchas veces se iba caminando a la casa de sus primas en vez de ir en carro porque quería comerse un dulce en el camino. Estas son situaciones que seguramente todos entendemos, no podíamos pretender que ni una vez en dos años no comiera un sólo chocolate sabiendo que era lo que más le gustaba en el mundo. Además no sabemos que podía estar pensando ella, si de repente tenía que aprovechar y comer todo lo que podía o simplemente hacerle caso al doctor para que después esté bien y pueda comer lo que quiera.
El día en el que hablé con Daniella sobre los resultados de los exámenes fue uno de los días más felices de mi vida. Ya estábamos en el 2008 y sus papás estaban pensando qué hacer una vez que se termine el tratamiento. Si se curaba la meterían a nuestro colegio para que recupere cuarto de secundaria y se quedarían a vivir a Lima de todas maneras. Cuando me enteré que había alguna posibilidad que estudiara con nosotros, me imaginaba lo perfecto que sería vernos todos los días y estar en la misma clase. Ok, ya sé que están esperando que les diga los resultados desde que empecé el capítulo…
La mejor noticia que Daniella me pudo dar fue: no tiene nada, ya se curó. Los nervios se fueron al instante y no tuve ninguna mejor reacción que sonreír y pensar que toda esta pesadilla por fin había acabado. Era increíble, no sólo ya estaba sana, sino que también iba a estar en mi promoción. Mejores noticias no podía tener.
Pero no todo fue tan bueno como parecía, el doctor le había dicho que sí, efectivamente ya no tenía ningún tumor ni nada en el cuerpo. Pero esto no era algo que se iba así nomás. Así como se iba, también podía regresar en cualquier momento.
Y yo que pensaba que por fin se había terminado…
viernes, 26 de marzo de 2010
7. Larga espera
Lo que Aleca me había regalado, era un cojín en forma de una flor. Y unas limas para uñas. A mí no me interesó en lo más mínimo el regalo, sino la forma de cómo me lo había dado y el simple hecho de preocuparse por mi cuando no tenía porqué hacerlo.
Los días y semanas fueron pasando. Seguíamos conversando seguido y me mantenían al tanto de los tratamientos. Cuando iba a la casa de alguien, siempre estaba con su mascarilla. Algo que seguramente para ella era lo peor del mundo, pero tenía que usarla para protegerse de las bacterias. Tenía que andar todo el tiempo con eso, porque como estaba con las defensas bajas, en cualquier momento le podía dar un resfriado o algo más grave.
Durante el 2007 se fueron dos veces a Houston. Allí le hacían las radioterapias y en Lima las quimios. Mucho no puedo contar, porque como les dije, recién estaba conociendo a Alexia y no pasaba mucho tiempo con ella. Siempre andaba preocupada por cómo estaba reaccionando con los tratamientos pero no lo viví tan de cerca como después.
En el colegio iba todos los días a misa y me encontraba con su mamá y tías. Se notaba la preocupación de todas y la fortaleza que tenían al enfrentar toda la situación. Nunca vi a la tía con lágrimas en los ojos, era de admirar de donde podía sacar tanta fuerza.
Fue a fines de octubre cuando me enteré que por ahí estaban comentando que el tratamiento había casi terminado y las cosas seguían igual. Los ganglios se habían inflamado y parecía que la enfermedad se había expandido durante esos meses.
Yo nunca perdí las esperanzas. Cada vez que la veía me convencía una vez más que iba a salir de esta porque reflejaba demasiada vida, y no la iba a desaprovechar ni dejarla ir. Me hacía demasiadas preguntas que no tenían respuesta: ¿Por qué a ella y no a otra? ¿Justo cuando tengo una nueva amiga tiene que pasar eso? Las cosas iban empeorando poco a poco. Mis ánimos también bajaban. Hasta llegué a creer que no servía de nada todo lo que rezaba. Pero me equivoqué, fueron momentos que no sabía qué hacer: ir corriendo a verla y aprovechar cada día o simplemente esperar a que estuviera mejor.
Todas las mañanas, antes de empezar las clases, nos dedicábamos a rezar una oración para Alexia. Esta oración tenía un gran significado para todos, tan grande era que todos los grados del colegio la comenzaron a rezar en un momento. Se notaba la energía de todos y las vibras positivas para que todo mejorara. Mucho no podíamos hacer nosotros, lo único que podíamos hacer era eso. Tener fé y estar seguros de que se iba a curar.
Aleca y sus papás se fueron por última vez a Houston. Eran esos días en los que todos estábamos preocupados y esperando la llamada de su mamá para avisarnos cómo habían salido los resultados. Le tocaba la última quimio y radio de todo el tratamiento de más de cuatro meses. Con los resultados de estos exámenes sabríamos si todo este tiempo de vómitos, mareos, pastillas, sueros, comida sana, mascarillas, dolor, sonrisas y llantos habían valido la pena.
Fueron largos días de preocupación y tensión. No solo para mí, también para todos quienes la conocían y sabían lo importante que iban a ser estos resultados. Aunque no lo crean, nunca estuve preparada para lo peor. Siempre estuve segura que se iba a curar, porque se lo merecía. Mi mamá me comentaba del tema y me hacía ver que me podían dar una mala como una buena noticia, y teníamos que estar preparadas para lo que venía.
Quien se encargaba de darme la información era Daniella. Apenas ella sabía algo nos contaba a todas las del grupo en el colegio y de vez en cuando yo la llamaba para ver si había una nueva… Mis nervios regresaron cuando por Messenger Dani se conectó, me comenzó a hablar y me dijo: “La tía nos acaba de llamar, ya le dieron los resultados a Alexia”.
Los días y semanas fueron pasando. Seguíamos conversando seguido y me mantenían al tanto de los tratamientos. Cuando iba a la casa de alguien, siempre estaba con su mascarilla. Algo que seguramente para ella era lo peor del mundo, pero tenía que usarla para protegerse de las bacterias. Tenía que andar todo el tiempo con eso, porque como estaba con las defensas bajas, en cualquier momento le podía dar un resfriado o algo más grave.
Durante el 2007 se fueron dos veces a Houston. Allí le hacían las radioterapias y en Lima las quimios. Mucho no puedo contar, porque como les dije, recién estaba conociendo a Alexia y no pasaba mucho tiempo con ella. Siempre andaba preocupada por cómo estaba reaccionando con los tratamientos pero no lo viví tan de cerca como después.
En el colegio iba todos los días a misa y me encontraba con su mamá y tías. Se notaba la preocupación de todas y la fortaleza que tenían al enfrentar toda la situación. Nunca vi a la tía con lágrimas en los ojos, era de admirar de donde podía sacar tanta fuerza.
Fue a fines de octubre cuando me enteré que por ahí estaban comentando que el tratamiento había casi terminado y las cosas seguían igual. Los ganglios se habían inflamado y parecía que la enfermedad se había expandido durante esos meses.
Yo nunca perdí las esperanzas. Cada vez que la veía me convencía una vez más que iba a salir de esta porque reflejaba demasiada vida, y no la iba a desaprovechar ni dejarla ir. Me hacía demasiadas preguntas que no tenían respuesta: ¿Por qué a ella y no a otra? ¿Justo cuando tengo una nueva amiga tiene que pasar eso? Las cosas iban empeorando poco a poco. Mis ánimos también bajaban. Hasta llegué a creer que no servía de nada todo lo que rezaba. Pero me equivoqué, fueron momentos que no sabía qué hacer: ir corriendo a verla y aprovechar cada día o simplemente esperar a que estuviera mejor.
Todas las mañanas, antes de empezar las clases, nos dedicábamos a rezar una oración para Alexia. Esta oración tenía un gran significado para todos, tan grande era que todos los grados del colegio la comenzaron a rezar en un momento. Se notaba la energía de todos y las vibras positivas para que todo mejorara. Mucho no podíamos hacer nosotros, lo único que podíamos hacer era eso. Tener fé y estar seguros de que se iba a curar.
Aleca y sus papás se fueron por última vez a Houston. Eran esos días en los que todos estábamos preocupados y esperando la llamada de su mamá para avisarnos cómo habían salido los resultados. Le tocaba la última quimio y radio de todo el tratamiento de más de cuatro meses. Con los resultados de estos exámenes sabríamos si todo este tiempo de vómitos, mareos, pastillas, sueros, comida sana, mascarillas, dolor, sonrisas y llantos habían valido la pena.
Fueron largos días de preocupación y tensión. No solo para mí, también para todos quienes la conocían y sabían lo importante que iban a ser estos resultados. Aunque no lo crean, nunca estuve preparada para lo peor. Siempre estuve segura que se iba a curar, porque se lo merecía. Mi mamá me comentaba del tema y me hacía ver que me podían dar una mala como una buena noticia, y teníamos que estar preparadas para lo que venía.
Quien se encargaba de darme la información era Daniella. Apenas ella sabía algo nos contaba a todas las del grupo en el colegio y de vez en cuando yo la llamaba para ver si había una nueva… Mis nervios regresaron cuando por Messenger Dani se conectó, me comenzó a hablar y me dijo: “La tía nos acaba de llamar, ya le dieron los resultados a Alexia”.
jueves, 25 de marzo de 2010
6. Fuerza gorda...
Quiero aclarar que no soy de piedra. Cada vez que escribo cada palabra, revivo todos los momentos que pasamos juntas. Unos más fuertes que otros, pero todos tienen un gran significado. Si de verdad hasta ahora la historia no te conmueve, espera, faltan muchas cosas por contar...
Me quedé con todo el vértigo que sentía cada vez que daba un paso. Cuando puse un pie en el cuarto, lo primero que vi fue toda la gente que estaba ah: sus tíos, primos, hermanos y papás. Era impresionante como se sentía el cariño que todos le podían tener. Fue en ese momento cuando todos mis nervios se fueron a la basura. Me sentía una más de la familia. Me acerqué a saludarla, y al ver la sonrisa que tenía de felicidad al verme, todo de repente cambió.
Lo primero que hice fue responderle con una misma sonrisa, dándole un abrazo que le debía desde hace mucho tiempo y preguntándole cómo se sentía. Me dijo que bien, pero se notaba en sus ojos el cansancio y las ganas de quitarse las agujas que tenía en la mano. Buscaba todas las maneras posibles para hacerla reír. Me acuerdo que justo le habían quitado los brackets y su sonrisa era perfecta. Ese fue uno de los momentos donde me presenté oficialmente a sus papás y hermanos, ya que todos sus tíos y primos sabían quién era.
Físicamente era completamente otra persona, pero seguía siendo la misma chica que conocí en la playa. No les voy a mentir. Me sorprendió mucho verla así: con ojeras, peluca, los labios secos. Pero cuando la escuché hablar todo eso pasó a un segundo plano. Esa hora que me quedé en la clínica no la desaproveché ni un minuto. Buscaba cualquier excusa para estar cerca de ella y hacerla reír un rato.
Cuando me fui a mi casa, todavía no podía asimilar todo lo que estaba pasando. Era como si estuviera en un sueño y hubiese despertado de repente. No entendía como una persona tan llena de vida y con todo lo que le faltaba por vivir, estaba viviendo este tipo de cosas que era para los adultos o ancianos. Me dio pena, sí, pero en realidad me ayudó a ver la vida de una manera diferente. A darme cuenta que si tú te lo proponías sí se podía superar. Rezaba todo lo que podía para que las cosas terminaran bien. Desde ese momento no dejé de llamarla ni hablarle. Y no lo hacía porque estaba enferma ni nada por el estilo. Lo hacía porque me di cuenta que la estaba comenzando a querer, a querer como una amiga de verdad. Y que yo, como amiga que era, debía hacerlo. Debía estar ahí pase lo que pase.
Muchas personas que ven a alguien con cáncer; es decir, un pañuelo en la cabeza o una peluca tienden a alejarse de ellos, es algo que a veces uno lo hace sin darse cuenta. Y yo pensé que me pasaría eso, que no iba a poder estar mucho tiempo cerca a ella, que la iba a sentir diferente a mí. Y fue todo lo contrario, las cosas pasan como menos te las esperas. Sus ganas de seguir viviendo eran tan grandes, que cuando estabas a su costado te olvidabas por completo que estaba enferma.
Cuando iba a su casa me quedaba impresionada por todas las pastillas que tenía que tomar, cada comida especial que le hacían para mantenerla fuerte. Todas esas cosas eran de admirar: como su mamá estaba todo el tiempo preguntándole si ya había comido o si había tomado lo que tenía que tomar.
Era el día de mi cumpleaños (agosto del 2007). Nunca me voy a olvidar de ese día. Estaba en el colegio y me llamaron de la recepción a decirme que tenían algo para mí. Fui y era un regalo. Sí, Aleca me había regalado algo por mi santo, cuando no tenía por qué hacerlo. Esas cosas son las que uno valora después. Si te pones a pensar… ¿cómo ahorita ella te está regalando algo, cuando debería estar preocupada porque en cualquier momento puede pasar algo con su vida? Ese fue el momento en el que me di cuenta que esta no era cualquier amistad, sino, una verdadera amistad.
Me quedé con todo el vértigo que sentía cada vez que daba un paso. Cuando puse un pie en el cuarto, lo primero que vi fue toda la gente que estaba ah: sus tíos, primos, hermanos y papás. Era impresionante como se sentía el cariño que todos le podían tener. Fue en ese momento cuando todos mis nervios se fueron a la basura. Me sentía una más de la familia. Me acerqué a saludarla, y al ver la sonrisa que tenía de felicidad al verme, todo de repente cambió.
Lo primero que hice fue responderle con una misma sonrisa, dándole un abrazo que le debía desde hace mucho tiempo y preguntándole cómo se sentía. Me dijo que bien, pero se notaba en sus ojos el cansancio y las ganas de quitarse las agujas que tenía en la mano. Buscaba todas las maneras posibles para hacerla reír. Me acuerdo que justo le habían quitado los brackets y su sonrisa era perfecta. Ese fue uno de los momentos donde me presenté oficialmente a sus papás y hermanos, ya que todos sus tíos y primos sabían quién era.
Físicamente era completamente otra persona, pero seguía siendo la misma chica que conocí en la playa. No les voy a mentir. Me sorprendió mucho verla así: con ojeras, peluca, los labios secos. Pero cuando la escuché hablar todo eso pasó a un segundo plano. Esa hora que me quedé en la clínica no la desaproveché ni un minuto. Buscaba cualquier excusa para estar cerca de ella y hacerla reír un rato.
Cuando me fui a mi casa, todavía no podía asimilar todo lo que estaba pasando. Era como si estuviera en un sueño y hubiese despertado de repente. No entendía como una persona tan llena de vida y con todo lo que le faltaba por vivir, estaba viviendo este tipo de cosas que era para los adultos o ancianos. Me dio pena, sí, pero en realidad me ayudó a ver la vida de una manera diferente. A darme cuenta que si tú te lo proponías sí se podía superar. Rezaba todo lo que podía para que las cosas terminaran bien. Desde ese momento no dejé de llamarla ni hablarle. Y no lo hacía porque estaba enferma ni nada por el estilo. Lo hacía porque me di cuenta que la estaba comenzando a querer, a querer como una amiga de verdad. Y que yo, como amiga que era, debía hacerlo. Debía estar ahí pase lo que pase.
Muchas personas que ven a alguien con cáncer; es decir, un pañuelo en la cabeza o una peluca tienden a alejarse de ellos, es algo que a veces uno lo hace sin darse cuenta. Y yo pensé que me pasaría eso, que no iba a poder estar mucho tiempo cerca a ella, que la iba a sentir diferente a mí. Y fue todo lo contrario, las cosas pasan como menos te las esperas. Sus ganas de seguir viviendo eran tan grandes, que cuando estabas a su costado te olvidabas por completo que estaba enferma.
Cuando iba a su casa me quedaba impresionada por todas las pastillas que tenía que tomar, cada comida especial que le hacían para mantenerla fuerte. Todas esas cosas eran de admirar: como su mamá estaba todo el tiempo preguntándole si ya había comido o si había tomado lo que tenía que tomar.
Era el día de mi cumpleaños (agosto del 2007). Nunca me voy a olvidar de ese día. Estaba en el colegio y me llamaron de la recepción a decirme que tenían algo para mí. Fui y era un regalo. Sí, Aleca me había regalado algo por mi santo, cuando no tenía por qué hacerlo. Esas cosas son las que uno valora después. Si te pones a pensar… ¿cómo ahorita ella te está regalando algo, cuando debería estar preocupada porque en cualquier momento puede pasar algo con su vida? Ese fue el momento en el que me di cuenta que esta no era cualquier amistad, sino, una verdadera amistad.
5. Conociendo a fondo las agujas...
Otro viaje nuevo había comenzado. Pero esta vez no era por satisfacción; sino, por necesidad. No puedo describir lo que Alexia sentía porque ni yo estaba enterada de lo que estaba pasando todo ese tiempo. Cada vez que la encontraba en el Messenger, conectada, le hablaba y trataba de distraerla un rato. Nunca hablamos de nada relacionado con la enfermedad, simplemente nos divertíamos hablando de temas que no tenían mucha importancia.
Cuando llegaron a Houston. Los tíos hablaron bien con el doctor. Era un doctor especializado en el tipo de sarcoma que tenia Aleca. Les cuento que este tipo de cáncer aparece en los niños hasta los catorce años y tiene un factor hereditario que hasta ahora se sigue estudiando.
Se quedaron aproximadamente seis semanas haciéndole el tratamiento. Quimioterapias y radioterapias. Los síntomas se hacían notar con el paso del tiempo.
Se quedaron en el “Children´s Hospital” y en la casa de Ronald McDonald. Esta casa, era un alojamiento que se especializaba en cuidar a las personas que tienen que estar un largo tiempo fuera de sus casas debido a algún tratamiento por una enfermedad. Según me comentó la tía, te daban un trato muy bueno. Había buses que te llevaban a pasear, shows, conciertos, etc. Y sobretodo tenían un precio muy cómodo. Lo mejor de todo fue que Aleca aprendió a convivir con gente que no solo tenía cáncer, sino otro tipo de enfermedades. Y aprendió a valorar muchísimo más la vida.
Durante los fines de semana, los tíos se encargaban de pasearla por la ciudad para distraerla un poco. Felizmente tenían amigos que los invitaban a quedarse en sus casas y les hacían compañía. También, como estaba perdiendo clases en el colegio y ya casi medio año, estuvo en clases de inglés y conoció a mucha gente.
Cuando terminaron el tratamiento, regresaron a Lima. Fue en ese momento cuando todos decidieron que lo mejor era quedarse en Lima. Se mudaron por muchas razones: debía estar cerca a su médico y al hospital. Su mama se sentía mejor acompañada rodeada de toda su familia. La ciudad era más limpia. Y además, justo había pasado el terremoto, y Chincha estaba casi destruida.
Cuando me enteré que había llegado a Lima, lo primero que hice fue comunicarme con Daniella. Preguntarle cómo había estado todo y si había nuevas noticias. Todo seguía igual. Debía seguir con el tratamiento y esperar a su próximo examen para ver los resultados finales. Esos días la comencé a llamar para saber cómo estaba, distraerla y que sienta que tenía a alguien con quien podía confiar y conversar.
En una de esas conversaciones, me había preguntado cuándo la iba a ir a visitar. Como estaba en el colegio, muchas veces se me complicaba ir hasta la clínica y todo porque era día de semana. Un día, Daniella me llamó y me dijo que estaba yendo a verla y si quería ir. Obviamente que lo primero que le dije fue sí. Pero en esos momentos una sensación extraña comenzó a pasear por todo mi cuerpo.
Yo tenía catorce años, nunca había visto a una amiga de mi edad enferma. Mi abuelo también murió de cáncer pero cuando yo era muy chiquita, y muchas veces no entendía la gravedad del asunto. Lo primero que se me venía a la cabeza era: ¿Cómo voy a reaccionar?, ¿y si me da pena y lloro?, ¿Cómo estará? , ¿y si no se qué decirle? Son preguntas que seguramente todos los que lo hemos vivido nos hemos hecho al principio. Mientras estaba en camino a la clínica, tenía los nervios de punta. Pensaba en qué le iba a decir, etc. Y hay que aceptar que a los catorce años, uno no es lo suficiente maduro como para enfrentarse a ese tipo de emociones… Además, sabía que estaría ahí toda la familia y como aún no me conocían mucho, me iba a sentir un poco incómoda.
La verdad es que tenía miles de razones para no ir, pero Alexia ya era mi amiga, y no la iba a dejar por tonterías mías.
Finalmente llegamos a la clínica. Mientras subía por el ascensor seguía muy nerviosa… Caminábamos por el pasillo. Pasábamos de una puerta a otra y yo no tenía ni idea de que número era el cuarto en donde estaba, hasta que Daniella me dijo: Ven, entra. Acá está.
Cuando llegaron a Houston. Los tíos hablaron bien con el doctor. Era un doctor especializado en el tipo de sarcoma que tenia Aleca. Les cuento que este tipo de cáncer aparece en los niños hasta los catorce años y tiene un factor hereditario que hasta ahora se sigue estudiando.
Se quedaron aproximadamente seis semanas haciéndole el tratamiento. Quimioterapias y radioterapias. Los síntomas se hacían notar con el paso del tiempo.
Se quedaron en el “Children´s Hospital” y en la casa de Ronald McDonald. Esta casa, era un alojamiento que se especializaba en cuidar a las personas que tienen que estar un largo tiempo fuera de sus casas debido a algún tratamiento por una enfermedad. Según me comentó la tía, te daban un trato muy bueno. Había buses que te llevaban a pasear, shows, conciertos, etc. Y sobretodo tenían un precio muy cómodo. Lo mejor de todo fue que Aleca aprendió a convivir con gente que no solo tenía cáncer, sino otro tipo de enfermedades. Y aprendió a valorar muchísimo más la vida.
Durante los fines de semana, los tíos se encargaban de pasearla por la ciudad para distraerla un poco. Felizmente tenían amigos que los invitaban a quedarse en sus casas y les hacían compañía. También, como estaba perdiendo clases en el colegio y ya casi medio año, estuvo en clases de inglés y conoció a mucha gente.
Cuando terminaron el tratamiento, regresaron a Lima. Fue en ese momento cuando todos decidieron que lo mejor era quedarse en Lima. Se mudaron por muchas razones: debía estar cerca a su médico y al hospital. Su mama se sentía mejor acompañada rodeada de toda su familia. La ciudad era más limpia. Y además, justo había pasado el terremoto, y Chincha estaba casi destruida.
Cuando me enteré que había llegado a Lima, lo primero que hice fue comunicarme con Daniella. Preguntarle cómo había estado todo y si había nuevas noticias. Todo seguía igual. Debía seguir con el tratamiento y esperar a su próximo examen para ver los resultados finales. Esos días la comencé a llamar para saber cómo estaba, distraerla y que sienta que tenía a alguien con quien podía confiar y conversar.
En una de esas conversaciones, me había preguntado cuándo la iba a ir a visitar. Como estaba en el colegio, muchas veces se me complicaba ir hasta la clínica y todo porque era día de semana. Un día, Daniella me llamó y me dijo que estaba yendo a verla y si quería ir. Obviamente que lo primero que le dije fue sí. Pero en esos momentos una sensación extraña comenzó a pasear por todo mi cuerpo.
Yo tenía catorce años, nunca había visto a una amiga de mi edad enferma. Mi abuelo también murió de cáncer pero cuando yo era muy chiquita, y muchas veces no entendía la gravedad del asunto. Lo primero que se me venía a la cabeza era: ¿Cómo voy a reaccionar?, ¿y si me da pena y lloro?, ¿Cómo estará? , ¿y si no se qué decirle? Son preguntas que seguramente todos los que lo hemos vivido nos hemos hecho al principio. Mientras estaba en camino a la clínica, tenía los nervios de punta. Pensaba en qué le iba a decir, etc. Y hay que aceptar que a los catorce años, uno no es lo suficiente maduro como para enfrentarse a ese tipo de emociones… Además, sabía que estaría ahí toda la familia y como aún no me conocían mucho, me iba a sentir un poco incómoda.
La verdad es que tenía miles de razones para no ir, pero Alexia ya era mi amiga, y no la iba a dejar por tonterías mías.
Finalmente llegamos a la clínica. Mientras subía por el ascensor seguía muy nerviosa… Caminábamos por el pasillo. Pasábamos de una puerta a otra y yo no tenía ni idea de que número era el cuarto en donde estaba, hasta que Daniella me dijo: Ven, entra. Acá está.
miércoles, 24 de marzo de 2010
4. Malas noticias...
Antes de viajar a Sao Paulo, Aleca comenzó a sentirse mal. Le dolía la barriga y tenia síntomas que no eran normales. Fue al doctor y le recetó unas pastillas para que mejorara. Durante todo el viaje no comenzó a sentir ninguna molestia, así que aprovechaba los pocos días que estaban ahí para poder cumplir con el itinerario.
Como todas las que estaban en el viaje, se notaba que estaba feliz, emocionada porque de alguna manera iba a conocer al Papa y no era cualquier persona. Pero si había cosas que no le gustaba mucho. Por ejemplo, se quejaba de los horarios que tenían. Se despertaban todos los días muy temprano en la mañana para ir a cada sitio que tenían que visitar. ¿Y a quién le gusta despertarse todos los días a las siete de la mañana?
Hasta me acuerdo que tan exitoso fue el viaje, que mientras ellas estaban allá, nosotros en Lima las veíamos en los noticieros de la televisión, cantando felices de la vida representando al Perú.
Como les había contado, Alexia era linda. Tenía una sonrisa inmensa y unos ojos grandotes que te comían con la mirada. No sólo yo, su mejor amiga, lo dice. Tengo pruebas que lo demuestran: el trece de mayo se habían ido todas a rezar el rosario al santuario de Nuestra Señora de la Aparecida (Sao Paulo). Mientras todos estaban concentrados en lo que hacían, unos brasileros se acercaron a Aleca y le pidieron que por favor querían tomarse fotos con ella. Obviamente que con el carácter que tiene, les dijo que no. Pero a los chicos no les importo que estuvieran rezando el rosario en lo mas mínimo y la comenzaron a seguir. Como Alexia no les hacía caso, se cansaron y se fueron.
Otro aspecto en el que las dos coincidíamos era que nos encantaba comer dulces. Me contaron que en Brazil, Aleca no paraba de comprarse dulces. Uno más raro que el otro. Pero en cada esquina que paraban se compraba dulces y de los más ricos. Con esto me basta y sobra para decir que el viaje estuvo muy divertido.
Al llegar a Lima, Alexia le cuenta a su mamá que seguía sintiéndose rara. Así que lo primero que hizo la tía, fue llevarla al doctor para ver qué es lo que en verdad tenía. Le habían encontrado una especie de bulto y el doctor tenía que estar seguro de lo que era. Así que le dijeron que la llevaran a “Neoplásicas” (clínica especializada en el cáncer) para que le hicieran una biopsia y estar completamente seguros de lo que tenia.
Después de varios días, fueron a recoger los resultados del exámen. Todos queríamos saber que era lo que estaba pasando y teníamos las esperanzas de que ojalá no fuera tan malo. Pero lamentablemente, sí, era cáncer.
Cuando yo me entere de lo que estaba pasando, fue una mala noticia. Pero en esos momentos Alexia y yo no éramos tan amigas. Conversábamos de vez en cuando, nos llevábamos muy bien. No voy a negar que me chocara de alguna manera la noticia. Pero en realidad, fue la enfermedad quien nos junto después. Y nos hizo vivir cosas inolvidables que más adelante las sabrán…
Lo primero que hicieron sus papás al enterarse de lo que estaba pasando, fue conversar bien con el doctor que los atendía en Lima. Hicieron varios estudios y Aleca tenía un sarcoma muy avanzado. Se encontraba en un nivel inferior a lo que era un sarcoma terminal. Un sarcoma es una neoplasia maligna que crece en un tejido conjuntivo, en pocas palabras, un tipo de cáncer. El médico les recomendó a sus papás que podían hacerle el tratamiento en Lima o en Houston con un doctor especialista en el tema. Debido a que Houston tenía más tecnología y era más avanzado en el tema, tomaron la mejor decisión y decidieron llevársela para que tome el tratamiento necesario.
Como todas las que estaban en el viaje, se notaba que estaba feliz, emocionada porque de alguna manera iba a conocer al Papa y no era cualquier persona. Pero si había cosas que no le gustaba mucho. Por ejemplo, se quejaba de los horarios que tenían. Se despertaban todos los días muy temprano en la mañana para ir a cada sitio que tenían que visitar. ¿Y a quién le gusta despertarse todos los días a las siete de la mañana?
Hasta me acuerdo que tan exitoso fue el viaje, que mientras ellas estaban allá, nosotros en Lima las veíamos en los noticieros de la televisión, cantando felices de la vida representando al Perú.
Como les había contado, Alexia era linda. Tenía una sonrisa inmensa y unos ojos grandotes que te comían con la mirada. No sólo yo, su mejor amiga, lo dice. Tengo pruebas que lo demuestran: el trece de mayo se habían ido todas a rezar el rosario al santuario de Nuestra Señora de la Aparecida (Sao Paulo). Mientras todos estaban concentrados en lo que hacían, unos brasileros se acercaron a Aleca y le pidieron que por favor querían tomarse fotos con ella. Obviamente que con el carácter que tiene, les dijo que no. Pero a los chicos no les importo que estuvieran rezando el rosario en lo mas mínimo y la comenzaron a seguir. Como Alexia no les hacía caso, se cansaron y se fueron.
Otro aspecto en el que las dos coincidíamos era que nos encantaba comer dulces. Me contaron que en Brazil, Aleca no paraba de comprarse dulces. Uno más raro que el otro. Pero en cada esquina que paraban se compraba dulces y de los más ricos. Con esto me basta y sobra para decir que el viaje estuvo muy divertido.
Al llegar a Lima, Alexia le cuenta a su mamá que seguía sintiéndose rara. Así que lo primero que hizo la tía, fue llevarla al doctor para ver qué es lo que en verdad tenía. Le habían encontrado una especie de bulto y el doctor tenía que estar seguro de lo que era. Así que le dijeron que la llevaran a “Neoplásicas” (clínica especializada en el cáncer) para que le hicieran una biopsia y estar completamente seguros de lo que tenia.
Después de varios días, fueron a recoger los resultados del exámen. Todos queríamos saber que era lo que estaba pasando y teníamos las esperanzas de que ojalá no fuera tan malo. Pero lamentablemente, sí, era cáncer.
Cuando yo me entere de lo que estaba pasando, fue una mala noticia. Pero en esos momentos Alexia y yo no éramos tan amigas. Conversábamos de vez en cuando, nos llevábamos muy bien. No voy a negar que me chocara de alguna manera la noticia. Pero en realidad, fue la enfermedad quien nos junto después. Y nos hizo vivir cosas inolvidables que más adelante las sabrán…
Lo primero que hicieron sus papás al enterarse de lo que estaba pasando, fue conversar bien con el doctor que los atendía en Lima. Hicieron varios estudios y Aleca tenía un sarcoma muy avanzado. Se encontraba en un nivel inferior a lo que era un sarcoma terminal. Un sarcoma es una neoplasia maligna que crece en un tejido conjuntivo, en pocas palabras, un tipo de cáncer. El médico les recomendó a sus papás que podían hacerle el tratamiento en Lima o en Houston con un doctor especialista en el tema. Debido a que Houston tenía más tecnología y era más avanzado en el tema, tomaron la mejor decisión y decidieron llevársela para que tome el tratamiento necesario.
martes, 23 de marzo de 2010
3. Un viaje lleno de sorpresas
Ese mismo fin de semana, Aleca (como le dice su familia) y yo, habíamos tenido nuestra primera conversación y fue muy divertida. Estábamos todas en el cuarto conversando de RBD, el grupo musical mexicano que estaba de moda en esos momentos y por el cual yo moría. Cuando de la nada Alexia dice: - ¡Ay, ya sé de dónde me parecías conocida! Yo te he visto en el concierto de RBD.
- ¿Fuiste? – le pregunté con curiosidad porque no ha mucha gente le gustaba.
– Obvio, es más te vi y tú estabas en vip.
- No, yo estaba en platinium.
- ¡Qué hablas! Yo te vi en vip.
En ese momento me di cuenta que tenía el mismo carácter de las primas, NUNCA iba a perder. Después de diez minutos de discusión yo me di cuenta de algo:
- ¡Ya sé por qué dices que era yo la que estaba! Era mi hermana. Y si, esta vez era yo la que tenía la razón.
- Ah… puede ser. Pero en verdad eres igualita entonces.
Y en algo si tenía razón. Mi hermana y yo somos muy parecidas. Hasta ahora nos confunden.
Ese fue el último fin de semana del verano. Desde ese momento comenzaba mi vida escolar de siempre y las voces de mis papás diciendo: Hijita, no veo que estés estudiando. Ya terminaron las vacaciones, olvídate de vagar. ¿Sabias palabras no? No creo que a ninguno de ustedes sus papás no les hayan dicho algo parecido. En el colegio, yo era de esas personas que cumplía con sus tareas, algunas si otras no, como las de matemática, pero cuando había un examen importante si estudiaba. Prestaba atención en las clases y en las tardes me dedicaba al tiempo libre.
Al empezar el año, nos llego a todas una circular en la que nos invitaban a hacer un viaje muy importante. Sólo podían viajar las de tercero, cuarto y quinto de secundaria. Se trataba nada más y nada menos de ir a Brazil a conocer al Papa Benedicto XVI. El Papa iba a ir a hacer un encuentro con todos los latinoamericanos en mayo. No voy a negar que la idea me llamara la atención, pero no me convenció del todo como para ir. La idea era viajar con tres profesoras y seguir todo el itinerario del Papa. Muchas de mis amigas se animaron a ir. En total fueron como dieciséis las que confirmaron.
El tema del viaje a Brazil era la conversación de todos los recreos. Saber quién iba a ir y quién no. Cuando Daniella comenzó a contar de que había alguna posibilidad que Alexia fuera al viaje con ellas. La historia es la siguiente: Alexia le había comentado a su mamá que como en junio iba a cumplir quince años, quería que le regalaran un viaje por su cumpleaños. La tía justo se había enterado de este viaje que iban a hacer las del Salcantay porque Mariana, su prima, iba a ser parte de él. Y le gustó mucho la idea. No perdió nada comentándole acerca del viaje y Alexia finalmente, aceptó.
Alexia en esos momentos seguía viviendo en Chincha, pero era conocida en el colegio porque su hermana mayor ya había estudiado ahí. Así que no había ningún problema con que viajara con ellas.
Durante todo ese tiempo, anterior al viaje, Aleca y yo seguíamos hablando por Messenger de vez en cuando. Pero no éramos tan amigas, éramos como dicen acá: conocidas.
Llegó el momento del viaje, todas las de mi promoción, que habían ido, conocieron a Alexia y les pareció una linda chica. Por los comentarios que hicieron al regresar, supe que fue una experiencia inolvidable. Pudieron conocer al Papa, a muchos extranjeros, canciones, Sao Paulo y muchas cosas buenas que buscaban un solo fin: Dios.
Después de unas semanas, Daniella me comenzó a comentar que estaba un poco preocupada por Alexia. En Sao Paulo, Aleca había visto y sentido algo que le parecía muy raro. Y que lo primero que hizo, fue llamar a su mamá para contarle, pero igual no podía hacer mucho porque estaba en Brazil.
- ¿Fuiste? – le pregunté con curiosidad porque no ha mucha gente le gustaba.
– Obvio, es más te vi y tú estabas en vip.
- No, yo estaba en platinium.
- ¡Qué hablas! Yo te vi en vip.
En ese momento me di cuenta que tenía el mismo carácter de las primas, NUNCA iba a perder. Después de diez minutos de discusión yo me di cuenta de algo:
- ¡Ya sé por qué dices que era yo la que estaba! Era mi hermana. Y si, esta vez era yo la que tenía la razón.
- Ah… puede ser. Pero en verdad eres igualita entonces.
Y en algo si tenía razón. Mi hermana y yo somos muy parecidas. Hasta ahora nos confunden.
Ese fue el último fin de semana del verano. Desde ese momento comenzaba mi vida escolar de siempre y las voces de mis papás diciendo: Hijita, no veo que estés estudiando. Ya terminaron las vacaciones, olvídate de vagar. ¿Sabias palabras no? No creo que a ninguno de ustedes sus papás no les hayan dicho algo parecido. En el colegio, yo era de esas personas que cumplía con sus tareas, algunas si otras no, como las de matemática, pero cuando había un examen importante si estudiaba. Prestaba atención en las clases y en las tardes me dedicaba al tiempo libre.
Al empezar el año, nos llego a todas una circular en la que nos invitaban a hacer un viaje muy importante. Sólo podían viajar las de tercero, cuarto y quinto de secundaria. Se trataba nada más y nada menos de ir a Brazil a conocer al Papa Benedicto XVI. El Papa iba a ir a hacer un encuentro con todos los latinoamericanos en mayo. No voy a negar que la idea me llamara la atención, pero no me convenció del todo como para ir. La idea era viajar con tres profesoras y seguir todo el itinerario del Papa. Muchas de mis amigas se animaron a ir. En total fueron como dieciséis las que confirmaron.
El tema del viaje a Brazil era la conversación de todos los recreos. Saber quién iba a ir y quién no. Cuando Daniella comenzó a contar de que había alguna posibilidad que Alexia fuera al viaje con ellas. La historia es la siguiente: Alexia le había comentado a su mamá que como en junio iba a cumplir quince años, quería que le regalaran un viaje por su cumpleaños. La tía justo se había enterado de este viaje que iban a hacer las del Salcantay porque Mariana, su prima, iba a ser parte de él. Y le gustó mucho la idea. No perdió nada comentándole acerca del viaje y Alexia finalmente, aceptó.
Alexia en esos momentos seguía viviendo en Chincha, pero era conocida en el colegio porque su hermana mayor ya había estudiado ahí. Así que no había ningún problema con que viajara con ellas.
Durante todo ese tiempo, anterior al viaje, Aleca y yo seguíamos hablando por Messenger de vez en cuando. Pero no éramos tan amigas, éramos como dicen acá: conocidas.
Llegó el momento del viaje, todas las de mi promoción, que habían ido, conocieron a Alexia y les pareció una linda chica. Por los comentarios que hicieron al regresar, supe que fue una experiencia inolvidable. Pudieron conocer al Papa, a muchos extranjeros, canciones, Sao Paulo y muchas cosas buenas que buscaban un solo fin: Dios.
Después de unas semanas, Daniella me comenzó a comentar que estaba un poco preocupada por Alexia. En Sao Paulo, Aleca había visto y sentido algo que le parecía muy raro. Y que lo primero que hizo, fue llamar a su mamá para contarle, pero igual no podía hacer mucho porque estaba en Brazil.
2. Grandes fines de semana
Ese mismo fin no supe nada más de ellas. El domingo, nos regresamos todos a Lima como a las cinco de la tarde. Un camino de una hora en la carretera, mientras que mis papás conversaban de temas que para mí no tenían importancia; mi hermana, dormía porque había salido el sábado hasta las seis de la mañana y yo me concentraba en mi propio mundo con mi ipod, escuchando mi música favorita. Cuando llegábamos a la casa, lo primero que mi mamá nos decía era: pongan la ropa sucia en su sitio y guarden todas sus cosas. Ese comentario me lo sabía de memoria, no había domingo que no lo dijese.
Cuando terminé de hacer todas mis cosas, lo primero que hice fue ir a la computadora. Me conecté y como recién el Facebook había empezado a funcionar, agregué a Alexia para que fuera una amiga nueva. Cuando me aceptó, me averigüé su Messenger y muy de vez en cuando nos poníamos a conversar. Hablamos cosas sin importancia, típico de nuestra edad. Pero si pasábamos un buen rato y nos divertíamos.
El lunes en el colegio, estábamos conversando en el recreo y Dani me pregunto qué tal me había caído Alexia: "Muy bien, se nota que es bien buena, pero tampoco no hablamos mucho que digamos…"
Pasaron los días sin ninguna novedad en especial. Era ir al colegio a las siete de la mañana, regresar a las cuatro, hacer tareas, estudiar, comer e irme a dormir. Hasta que llegó la Semana Santa: un fin de semana largo, donde se celebra la muerte y resurrección de Jesús. El miércoles en la noche nos íbamos todos a la playa; ya que, el jueves y el viernes eran feriados. Todo ese fin de semana me la pase en Kapala con Daniella. Un sábado en la mañana, yo había ido a Kapala en bicicleta, cuando llegué la mamá de Dani me dijo: “Ay reina, justo se acaban de ir a Cocos (una playa que está al lado de Kapala) están en la casa de Alexia”. Yo me sorprendí, porque no sabía que Alexia tenía casa. Entonces lo primero que hice fue llamar a Dani: “Ven Lupe, estamos acá con Lorena, Mariana y Chiara. Vamos a irnos a la isla”. Lorena y Mariana eran también sus primas. Mariana estaba en la misma promoción que yo y Lorena era un año menor. Chiara era otra amiga del colegio, pero un año mayor.
Había llegado a Cocos. La verdad que estaba un poco perdida porque era de las primeras veces que iba a esa playa. Cuando llegué a la casa estaban los papás de Alexia y todos sus hermanos. Todos me parecían conocidos porque los había visto en fotos, pero seguramente ellos no tenían ni idea de quién era yo. La tía me dijo que estaban en el cuarto de Alexia así que yo entre y me las encontré ahí. Lo primero que me acuerdo fue que Ale dijo: “Aj, odio estar con la regla. Quiero ponerme un tampax pero no sé cómo, tu sabes Lupe? Como yo era una niña ingenua y completamente ignorante, sabía lo que era pero no tenía ni idea de cómo se ponía. Finalmente, Alexia pudo arreglar el problema que tenia y nos fuimos a la playa. Cuando llegamos Daniella dijo para ir a la isla. La isla estaba al frente del mar, pero a un kilometro de la orilla. Y la única posibilidad para ir era o en un bote, moto de agua o un kayak. Como ninguna de nosotros tenía bote ni moto de agua, no nos quedó otra que irnos en kayak. Nos fuimos en dos y estábamos repartidas tres en cada uno. Yo estaba en uno con Lorena y Alexia y en el otro estaban Daniella, Mariana y Chiara.
Comenzamos a remar y ninguna de las seis tenía la suficiente fuerza como para llegar, fue difícil entrar al mar porque las olas no nos dejaban. Pero después de varios intentos,pudimos. Una vez que ya estábamos a la mitad del camino, yo había remado casi todo el tiempo y mis brazos ya no podían mas. Entonces, nos quedamos paradas unos 5 minutos en medio de la nada y nos reíamos de cada tontería que se nos ocurría decir. No les había dicho que a mí me conocen por ser muy divertida, así que como Alexia era la única que no me conocía mucho, no paraba de reírse de cada mueca o chiste que hacía. Ya nos faltaba poco para llegar a la isla así que hicimos un gran esfuerzo para no parar.
Llegamos por fin. Era un lugar increíble, cerros llenos de gaviotas y animales marinos extraños. El agua era tan transparente que parecía El Caribe. Lo único desagradable era el olor que había. Parecía que los pájaros tenían una estrategia para que nadie se quedara en la isla más de veinte minutos. Y esa estrategia era nada más y nada menos que hacer sus necesidades. Cuando llegamos si había gente, pero solamente unas tres o cuatro personas. Dejamos los kayaks en un lugar seguro y nos metimos al agua. Fue muy divertido, pero como les dije, a los veinte minutos nos tuvimos que ir porque no soportábamos el “maravilloso” olor.
Estábamos tan cansadas que no queríamos regresar por el hecho de que nos quedaba una hora de camino y que teníamos que seguir remando. Nos la pasamos todo el camino riéndonos y comentando de todo un poco. Cuando ya estábamos cerca de la orilla, fue lo más complicado. Sabíamos que las olas nos iban a jalar con fuerza y nos revolcarían, pero no nos quedaba otra que seguir remando. Hasta que al final llegamos, hechas un desastre, pero llegamos. Las olas sí nos habían revolcado, pero igual fue toda una aventura. Ese mismo día, me quede en Cocos como hasta las ocho de la noche, estuvimos toda la tarde en la playa y en la piscina. A las siete nos fuimos a misa y cuando acabó yo ya me iba a mi casa porque mis papas me estaban llamando.
Cuando terminé de hacer todas mis cosas, lo primero que hice fue ir a la computadora. Me conecté y como recién el Facebook había empezado a funcionar, agregué a Alexia para que fuera una amiga nueva. Cuando me aceptó, me averigüé su Messenger y muy de vez en cuando nos poníamos a conversar. Hablamos cosas sin importancia, típico de nuestra edad. Pero si pasábamos un buen rato y nos divertíamos.
El lunes en el colegio, estábamos conversando en el recreo y Dani me pregunto qué tal me había caído Alexia: "Muy bien, se nota que es bien buena, pero tampoco no hablamos mucho que digamos…"
Pasaron los días sin ninguna novedad en especial. Era ir al colegio a las siete de la mañana, regresar a las cuatro, hacer tareas, estudiar, comer e irme a dormir. Hasta que llegó la Semana Santa: un fin de semana largo, donde se celebra la muerte y resurrección de Jesús. El miércoles en la noche nos íbamos todos a la playa; ya que, el jueves y el viernes eran feriados. Todo ese fin de semana me la pase en Kapala con Daniella. Un sábado en la mañana, yo había ido a Kapala en bicicleta, cuando llegué la mamá de Dani me dijo: “Ay reina, justo se acaban de ir a Cocos (una playa que está al lado de Kapala) están en la casa de Alexia”. Yo me sorprendí, porque no sabía que Alexia tenía casa. Entonces lo primero que hice fue llamar a Dani: “Ven Lupe, estamos acá con Lorena, Mariana y Chiara. Vamos a irnos a la isla”. Lorena y Mariana eran también sus primas. Mariana estaba en la misma promoción que yo y Lorena era un año menor. Chiara era otra amiga del colegio, pero un año mayor.
Había llegado a Cocos. La verdad que estaba un poco perdida porque era de las primeras veces que iba a esa playa. Cuando llegué a la casa estaban los papás de Alexia y todos sus hermanos. Todos me parecían conocidos porque los había visto en fotos, pero seguramente ellos no tenían ni idea de quién era yo. La tía me dijo que estaban en el cuarto de Alexia así que yo entre y me las encontré ahí. Lo primero que me acuerdo fue que Ale dijo: “Aj, odio estar con la regla. Quiero ponerme un tampax pero no sé cómo, tu sabes Lupe? Como yo era una niña ingenua y completamente ignorante, sabía lo que era pero no tenía ni idea de cómo se ponía. Finalmente, Alexia pudo arreglar el problema que tenia y nos fuimos a la playa. Cuando llegamos Daniella dijo para ir a la isla. La isla estaba al frente del mar, pero a un kilometro de la orilla. Y la única posibilidad para ir era o en un bote, moto de agua o un kayak. Como ninguna de nosotros tenía bote ni moto de agua, no nos quedó otra que irnos en kayak. Nos fuimos en dos y estábamos repartidas tres en cada uno. Yo estaba en uno con Lorena y Alexia y en el otro estaban Daniella, Mariana y Chiara.
Comenzamos a remar y ninguna de las seis tenía la suficiente fuerza como para llegar, fue difícil entrar al mar porque las olas no nos dejaban. Pero después de varios intentos,pudimos. Una vez que ya estábamos a la mitad del camino, yo había remado casi todo el tiempo y mis brazos ya no podían mas. Entonces, nos quedamos paradas unos 5 minutos en medio de la nada y nos reíamos de cada tontería que se nos ocurría decir. No les había dicho que a mí me conocen por ser muy divertida, así que como Alexia era la única que no me conocía mucho, no paraba de reírse de cada mueca o chiste que hacía. Ya nos faltaba poco para llegar a la isla así que hicimos un gran esfuerzo para no parar.
Llegamos por fin. Era un lugar increíble, cerros llenos de gaviotas y animales marinos extraños. El agua era tan transparente que parecía El Caribe. Lo único desagradable era el olor que había. Parecía que los pájaros tenían una estrategia para que nadie se quedara en la isla más de veinte minutos. Y esa estrategia era nada más y nada menos que hacer sus necesidades. Cuando llegamos si había gente, pero solamente unas tres o cuatro personas. Dejamos los kayaks en un lugar seguro y nos metimos al agua. Fue muy divertido, pero como les dije, a los veinte minutos nos tuvimos que ir porque no soportábamos el “maravilloso” olor.
Estábamos tan cansadas que no queríamos regresar por el hecho de que nos quedaba una hora de camino y que teníamos que seguir remando. Nos la pasamos todo el camino riéndonos y comentando de todo un poco. Cuando ya estábamos cerca de la orilla, fue lo más complicado. Sabíamos que las olas nos iban a jalar con fuerza y nos revolcarían, pero no nos quedaba otra que seguir remando. Hasta que al final llegamos, hechas un desastre, pero llegamos. Las olas sí nos habían revolcado, pero igual fue toda una aventura. Ese mismo día, me quede en Cocos como hasta las ocho de la noche, estuvimos toda la tarde en la playa y en la piscina. A las siete nos fuimos a misa y cuando acabó yo ya me iba a mi casa porque mis papas me estaban llamando.
1. Conociendo su sonrisa
Era fin de verano del 2007 en Lima, Perú. Yo, Analucia, una adolescente de catorce años era una chica de Lima común y corriente. Me gustaba ir a la playa en el verano y aprovechar mis vacaciones. Soñaba con ser actriz y cantante y no veía la hora de ir a Nueva York a formar parte del elenco de alguna obra de teatro de “Broadway”, o mejor aún, de estar en la alfombra roja emocionada por mi nominación a los premios “Oscar”. Y por supuesto, cantar en un estadio lleno con mi nombre en todos los periódicos por el “show” tan espectacular del día anterior. Lamentablemente, despertaba de cada sueño cuando escuchaba a mis papás decir: “Eso no es para ti. Primero termina el colegio y la universidad y ya verás qué hacer”. Entonces, con mis catorce años, veía imposible alcanzar mis sueños y no me quedaba otra que practicar mi discurso frente al espejo con una botella de shampoo como si fuera un micrófono.
Mi familia es chica, pero muy unida. Mis papás siempre buscan lo mejor para mi hermana Mariana y yo. Mi mamá tiene una hermana gemela, la cual tiene dos hijas. Y somos tan unidos todos que parecemos de una familia de ocho: con dos papás y mamás. Los ocho comenzamos a alquilar una casa en “Asia” por el verano desde el 2005.
El balneario de Asia, conocido por donde todos los limeñitos van a veranear al sur de Lima, era mi segunda casa durante los tres meses de verano. La playa a la que yo iba se llamaba “gaviotas”. Era la última playa de todo el balneario ubicada en el km. 100. Todos los fines de semana, cada viernes, nos íbamos directo a la playa después que mi papá terminara de trabajar. Claro que no sólo íbamos a la playa: dentro de Asia había un boulevard, como un centro comercial en el que también había discotecas para todo tipo de edades. Todos los viernes y los sábados por la noche, la gente que está en las diferentes playas se reúne y “juergea” ahí. Obviamente, yo no iba porque tenía catorce años y esa “no era la edad para salir a discotecas, porque todos toman y se descontrolan”. Así era como me decían mis papás cada vez que yo les pedía permiso. Por eso siempre me quedaba en las noches. Mientras que veía como mi hermana y mis primas se arreglaban para salir, yo estaba jugando cartas con todos los tíos, ¡qué divertido!.
Una de mis amigas del colegio de toda la vida tenía casa en “Kapala” (quedaba a unas 5 playas de la mía) a la que podías ir en bicicleta porque todas se unían por un malecón frente a la playa. Esta amiga se llama Daniella. Es de esas amigas que conoces en primer grado con la que has hecho todas las travesuras posibles y se divierten como unas locas, una mejor amiga.
En marzo, ya mucha gente no va a la playa porque la temporada alta es hasta febrero, pero siempre hay una excepción: mi familia. Daniella también iba a la playa en marzo, porque era su casa y era el único mes que no la alquilaba. Por eso, además de vernos en el colegio también nos veíamos todos los fines de semana. Nos turnábamos para ver quién iba a la casa de quien. Un día ella me llamó y me dijo: Oye Lupe (era como me decían antes, no preguntes porqué, porque no lo sé) voy a ir a tu casa en un rato ya? Pero estoy con mi prima Alexia. Yo sabía quién era Alexia, pero no la conocía mucho. Sabía porque su familia era inmensa y tenía muchísimos primos, los cuales a casi todos conocía porque estaban en mi colegio y porque era bien amiga de Daniella. Obviamente que le dije: claro Dani, ven nomás. Cuando llegaron, subieron a la terraza y estaba toda mi familia. A Daniella no le daba vergüenza porque los conocía a todos, pero nadie sabía quién era Alexia y ella tampoco. Se había puesto un vestido azul que parecía un kimono, pero igual a ella todo le quedaba bien. Con sus lentes de sol, una cola y brackets, típica característica de una chica de catorce años. Estuvimos todos ahí conversando y tomándonos fotos, simplemente fue la casualidad la que me presentó a Alexia, pero ese día me di cuenta y dije: esta chica me cae muy bien. Estuvieron un par de horas y después se fueron. Claro que como a mi familia no le gusta comentar ni nada... el primer comentario de mi mama fue: Ay, qué bonita esa chica es prima de Daniella no? Regia.
- Si ma, dice Dani que hizo con nosotros la primera comunión, pero en verdad no me acuerdo.
Exactamente, había hecho la primera comunión con nosotros en el colegio porque ella vivía en Chincha y su mamá quería que la hiciera en Lima por muchas razones: sus hijos mayores la habían hecho acá, su hija mayor en el Salcantay y además tenía que lidiar con un problema que tenía su hija menor. Coincidió que los dos meses que tenían que quedarse en Lima nosotros haríamos la primera comunión en setiembre del 2000 y justo ellos estarían acá.
Y ahora si puedo comprobar que hicimos la primera comunión. Encontré mientras ordenaba algunas fotos, una foto con ella y es más, habíamos intercambiado nuestras estampas. (Costumbre que tenemos en Perú de intercambiar las estampas con tus amigas)
Ese fue el primer día que la conocí. Que me di cuenta que además de ser una chica linda, era muy buena y que llegaríamos a ser muy buenas amigas. Además, teníamos la misma edad y conocía a sus primos. Eran puntos a favor para nuestra amistad.
Mi familia es chica, pero muy unida. Mis papás siempre buscan lo mejor para mi hermana Mariana y yo. Mi mamá tiene una hermana gemela, la cual tiene dos hijas. Y somos tan unidos todos que parecemos de una familia de ocho: con dos papás y mamás. Los ocho comenzamos a alquilar una casa en “Asia” por el verano desde el 2005.
El balneario de Asia, conocido por donde todos los limeñitos van a veranear al sur de Lima, era mi segunda casa durante los tres meses de verano. La playa a la que yo iba se llamaba “gaviotas”. Era la última playa de todo el balneario ubicada en el km. 100. Todos los fines de semana, cada viernes, nos íbamos directo a la playa después que mi papá terminara de trabajar. Claro que no sólo íbamos a la playa: dentro de Asia había un boulevard, como un centro comercial en el que también había discotecas para todo tipo de edades. Todos los viernes y los sábados por la noche, la gente que está en las diferentes playas se reúne y “juergea” ahí. Obviamente, yo no iba porque tenía catorce años y esa “no era la edad para salir a discotecas, porque todos toman y se descontrolan”. Así era como me decían mis papás cada vez que yo les pedía permiso. Por eso siempre me quedaba en las noches. Mientras que veía como mi hermana y mis primas se arreglaban para salir, yo estaba jugando cartas con todos los tíos, ¡qué divertido!.
Una de mis amigas del colegio de toda la vida tenía casa en “Kapala” (quedaba a unas 5 playas de la mía) a la que podías ir en bicicleta porque todas se unían por un malecón frente a la playa. Esta amiga se llama Daniella. Es de esas amigas que conoces en primer grado con la que has hecho todas las travesuras posibles y se divierten como unas locas, una mejor amiga.
En marzo, ya mucha gente no va a la playa porque la temporada alta es hasta febrero, pero siempre hay una excepción: mi familia. Daniella también iba a la playa en marzo, porque era su casa y era el único mes que no la alquilaba. Por eso, además de vernos en el colegio también nos veíamos todos los fines de semana. Nos turnábamos para ver quién iba a la casa de quien. Un día ella me llamó y me dijo: Oye Lupe (era como me decían antes, no preguntes porqué, porque no lo sé) voy a ir a tu casa en un rato ya? Pero estoy con mi prima Alexia. Yo sabía quién era Alexia, pero no la conocía mucho. Sabía porque su familia era inmensa y tenía muchísimos primos, los cuales a casi todos conocía porque estaban en mi colegio y porque era bien amiga de Daniella. Obviamente que le dije: claro Dani, ven nomás. Cuando llegaron, subieron a la terraza y estaba toda mi familia. A Daniella no le daba vergüenza porque los conocía a todos, pero nadie sabía quién era Alexia y ella tampoco. Se había puesto un vestido azul que parecía un kimono, pero igual a ella todo le quedaba bien. Con sus lentes de sol, una cola y brackets, típica característica de una chica de catorce años. Estuvimos todos ahí conversando y tomándonos fotos, simplemente fue la casualidad la que me presentó a Alexia, pero ese día me di cuenta y dije: esta chica me cae muy bien. Estuvieron un par de horas y después se fueron. Claro que como a mi familia no le gusta comentar ni nada... el primer comentario de mi mama fue: Ay, qué bonita esa chica es prima de Daniella no? Regia.
- Si ma, dice Dani que hizo con nosotros la primera comunión, pero en verdad no me acuerdo.
Exactamente, había hecho la primera comunión con nosotros en el colegio porque ella vivía en Chincha y su mamá quería que la hiciera en Lima por muchas razones: sus hijos mayores la habían hecho acá, su hija mayor en el Salcantay y además tenía que lidiar con un problema que tenía su hija menor. Coincidió que los dos meses que tenían que quedarse en Lima nosotros haríamos la primera comunión en setiembre del 2000 y justo ellos estarían acá.
Y ahora si puedo comprobar que hicimos la primera comunión. Encontré mientras ordenaba algunas fotos, una foto con ella y es más, habíamos intercambiado nuestras estampas. (Costumbre que tenemos en Perú de intercambiar las estampas con tus amigas)
Ese fue el primer día que la conocí. Que me di cuenta que además de ser una chica linda, era muy buena y que llegaríamos a ser muy buenas amigas. Además, teníamos la misma edad y conocía a sus primos. Eran puntos a favor para nuestra amistad.
Vivir con él
Creerás que esta historia habla de él como un hombre, pero estás equivocado. Él es algo que está dentro de todos, pero no sabemos si algún día pueda despertar y volvernos más fuertes. En este mundo de cada 10 personas 6 lo padecen. Y sí: estoy hablando de él como el cáncer.
No pretendo escribir un libro contando de qué se trata esta enfermedad ni nada parecido. Soy una joven de diecisiete años, que lo único que busca es compartir sus experiencias y demostrar que quienes lo hemos vivido, de alguna manera, sacamos un lado positivo.
Muchas veces nos preguntamos: ¿cómo alguien puede vivir pensando en que en cualquier momento puede morir? Nunca tendremos la respuesta hasta que nos toque. Pero sí podemos sentir e imaginarnos lo que una persona enferma, de cualquier edad, puede sentir.
Estoy aquí para dar a conocer mis testimonios sobre una persona que lo vivió, conoció y sufrió. Y que al final de todo pudo llegar a un lugar maravilloso, el mejor de todos: el Cielo.
Esta historia hará que no sólo tú, sino todos los lectores se sientan identificados. Todos lo hemos conocido. Pero, ¿quién vivió con él?
No pretendo escribir un libro contando de qué se trata esta enfermedad ni nada parecido. Soy una joven de diecisiete años, que lo único que busca es compartir sus experiencias y demostrar que quienes lo hemos vivido, de alguna manera, sacamos un lado positivo.
Muchas veces nos preguntamos: ¿cómo alguien puede vivir pensando en que en cualquier momento puede morir? Nunca tendremos la respuesta hasta que nos toque. Pero sí podemos sentir e imaginarnos lo que una persona enferma, de cualquier edad, puede sentir.
Estoy aquí para dar a conocer mis testimonios sobre una persona que lo vivió, conoció y sufrió. Y que al final de todo pudo llegar a un lugar maravilloso, el mejor de todos: el Cielo.
Esta historia hará que no sólo tú, sino todos los lectores se sientan identificados. Todos lo hemos conocido. Pero, ¿quién vivió con él?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)