domingo, 4 de abril de 2010

13. No se me ocurre nada, que mala suerte

Dicen que el número trece es de mala suerte ¿Por qué será? Yo no creo en esas cosas, así que espero que este capítulo no sea de tan mala suerte…

Ya habían pasado varios meses en el colegio. Estábamos en el penúltimo año y nos tocaba hacer la Confirmación. A partir de mayo comenzaron a prepararnos para ese día con unas charlas todos los martes de cuatro a cinco de la tarde. Al principio fue un poco pesado porque no estábamos acostumbradas y no queríamos quedarnos una hora más en el colegio, después ya era cuestión de acostumbrarse. En esas charlas hablábamos de temas relacionados con la Confirmación y otros que nos llamaban la atención. Como Aleca y yo vivíamos cerca, ese día también nos regresábamos juntas.

Habían cosas, que como a cualquiera, le molestaba del colegio. Le molestaba el hecho de que te obligaran a algo que no tendrían porqué o que algunas profesoras quieran que todo lo hagamos a la perfección. Aunque fueron muy pocas veces, se quejaba y me decía todo lo que le parecía injusto, era una de las cosas que más le molestaban, la injusticia.
Ya teníamos un año de ser amigas y hasta ese momento nunca nos habíamos peleado. Cada una tenía su carácter pero fueron contadas con los dedos las veces que nos peleábamos. Además, por tonterías.

Por mi cumpleaños, hice una reunión con mis amigas. Fue algo tranquilo porque no quise celebrarlo mucho pero divertido. Me acuerdo como si fuera ese día, que me regalo un globo, un polo y una tarjeta que hasta ahora la tengo guardada en mi caja de recuerdos.

- ¡Sólo uso estas tarjetas para algo especial! Y tú eres especial jajaja
Que la pases lindo con tus amigas y mejores amigas (osea yo)
te amo. Alexia.

Eso era lo que decía en la tarjeta, y era verdad. Nunca las usaba, sólo para ocasiones especiales. Hasta hace tres meses encontramos todos sus papeles y tarjetas debajo de su cama y estaban igual que como los compró. Otra coincidencia más: nos encantaba guardar todo y no botar nada.

Los días de semana era la misma rutina de siempre. Despertarnos a las siete de la mañana, ir al colegio, tomar el jugo de mandarina, llegar a hacer tareas a las cuatro y dormir a las diez de la noche. Y con eso de dormir a las diez de la noche, hablo por mí misma, Alexia se quedaba haciendo no se qué hasta la madrugada y al día siguiente llegaba muerta de sueño. Nunca supe que hacía, pero supongo que estar en la computadora o hablando por teléfono.

Durante todo el invierno, yo estaba ensayando para una obra de teatro. Hice varios musicales durante estos años y terminaba muerta todos los días por los ensayos. Por eso, tampoco pude estar mucho tiempo con ella porque me la pasaba en el escenario todos los fines de semana y las noches de los días de semana. Sí salimos, pero muy pocas veces porque ella todavía no sentía la suficiente fuerza como para estar rodeada de tanta gente y con el olor a cigarro.

Con el paso del tiempo, me iba dado cuenta como cambiaba físicamente Aleca. Estaba regresando a su color natural, las pestañas a su tamaño normal y las cejas ya le habían crecido. Seguía con la peluca, pero se notaba una gran diferencia cada vez que la veías, con más ganas de seguir haciendo una vida normal.

Se estrenó mi obra de teatro, y por supuesto ahí estaba mi mejor amiga. Viéndome y aplaudiéndome como loca. Después de terminar todas las funciones, la tranquilidad y el relajo habían regresado a mi vida. Llegaba todos los días a mi casa sin tener que preocuparme por ir a ensayar o porque me iba a dormir tarde ese día. Aproveché el tiempo y hacíamos más cosas juntas: cine, fiestas, reuniones, etc.

Daniella y yo teníamos que encargarnos de que conozca a más gente de Lima porque se venía la Pre, una de las más esperadas fiestas de todo el año y tenía que ir con un chico que supiera bailar. Era el requisito indispensable para Aleca, le encantaba bailar y no lo hacía nada mal.

Era increíble la lonchera que le mandaban al colegio. Unos panes integrales buenazos y en el almuerzo comíamos en el comedor del colegio. Como les había contado antes, no podía comer dulces porque no era una comida sana. Pero una que otra vez iba al quiosco y se compraba todos los cua cua que podía: su chocolate favorito.

Son las 6:13pm. Acabo de terminar este capítulo trece en un camino largo del sur hacia Lima. No es ninguna broma, son puras coincidencias, no existe la mala suerte. Pero, ¿quién dijo que las cosas pasan por algo?

5 comentarios:

  1. jajajaja yo no creo en la mala siere y esta es la prueba, xq esta lindo el capitulo, me encanto

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  2. Lo unico que hacia Aleca cuando me veía dando una charla de la confirmacion era reirse Y NO PODIA PARAR y yo no podia dar la charla jajaja es una locaaaa.

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  3. siguee con el 14, esta lindoo

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  4. y el 14? sigo esperando.. ponloo hooy

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  5. Ricotona! Ya toca el 14! Estamos esperando!
    Rafo

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