Cuando llegó Aleca, después del viaje, lo primero que hizo fue ir a mi casa a contarme todo lo que había pasado. Se notaba que había estado feliz toda esa semana y se moría de ganas de regresar. Pero lamentablemente otra vez estaba la realidad, le habían dado los resultados de la resonancia que se hizo antes de irse y tenía un bulto en el tórax. La tenían que operar para poder sacárselo pero iba a estar unos cuatro días en la clínica. Como físicamente estaba tan viva y se le veía perfecta, se sabía que solamente tenían que sacarle ese tumor, que no era muy grande, e iba a estar otra vez sana.
Durante esos cuatro días fui a la clínica seguido. Era difícil verla con tantas agujas en la mano y se notaba que estaba fastidiada. Siempre estaban sus hermanos y sus primos para entretenerla un rato porque seguramente ya estaba harta. No podía hablar mucho, le costaba respirar y tampoco se podía reír porque no le entraba mucho aire y le dolían los pulmones. La operación fue exitosa, le quitaron esa mancha que tenía y se sabía que igual tenía que seguir cuidándose porque en cualquier momento podía regresar.
En enero de ese mismo año, le habían dado unos datos a la tía acerca de un veneno de alacrán que lo conseguías en Cuba y que había curado algunos casos de cáncer. Como siempre hicieron hasta lo imposible para evitar que la enfermedad regrese, los tíos viajaron para hablar con el doctor que era especialista en el tema. Eran unas gotas que se tenía que echar en la nariz cada seis horas y eso evitaba que algún tumor aparezca. Desde la operación, Aleca tenía que ponerse las gotas todos los días.
Unas semanas después de la operación se me ocurrió invitarla un par de días a la playa. Era febrero y como no teníamos nada que hacer en la semana, nos fuimos de martes a jueves. Lo primero que hice antes de preguntarle fue llamar a la tía para ver si estaba de acuerdo porque como recién la habían operado, de repente no quería que hiciera mucho esfuerzo. Me dijo que sí, pero había muchas condiciones, una de ellas era el tema de las comidas. No podía comer nada de dulces, carnes, pollo. En general, no podía comer casi nada. Tenía que llevar todos sus remedios y las gotitas. Obviamente a mi no me importó que tuviera que llevar todas esas cosas, pero tenía que estar viendo a cada rato para que no comiera nada de lo que no podía y se tomara todas sus pastillas y remedios a la hora que le tocaba.
La primera noche me acuerdo que sacó su nebulizador y me dijo: “Oye, dile a tu mamá que no se asuste con el ruido, porque tengo que usar esto como cinco minutos” Y obviamente yo le aseguré que a mi mamá no le iba a molestar en lo más mínimo. Era impresionante como no quería molestar a nadie, se encerraba en el baño y se pasaba ahí cinco minutos. Como yo nunca había visto un nebulizador en mi vida, lo primero que hice fue preguntarle qué era esa cosa. Me sorprendió ver el humo que salía de la mascarilla y como sonaba, pero después me di cuenta que no era nada del otro mundo.
Lo más difícil era el hecho de tener que controlar las horas en las que se tenía que poner las gotas. Antes de que Aleca venga a la playa, hable con la tía y me había pedido que por favor este atrás de ella para que tome todas sus pastillas y se ponga las gotas. Yo ya le había preguntado a qué hora tenía que ponerse las gotas y me había dicho a las 6 am, 12pm, 6pm y 12am. Antes de dormir pusimos alarma para que no nos quedáramos dormidas. Se notaba que en algunos momentos se sentía incomoda porque todavía le dolían los pulmones y le costaba respirar. Cuando hacia algunos movimientos fuertes le dolía pero nunca se quejaba.
Nunca me había dormido con tanta preocupación esas dos noches, pensando en que no se me podía pasar la hora para que se echara las gotas. Como la conocía tan bien, sabía que se iba a quedar dormida. Cuando Alexia dormía era imposible despertarla, se quedaba seca. Antes de dormir esperamos hasta las doce para que se ponga las gotas. Cuando ya estábamos “durmiendo”, yo me despertaba cada hora pensando en que ya era la hora, estaba demasiado pendiente del reloj. A las seis de la mañana sonó la alarma y Aleca, como les había dicho, estaba demasiado dormida. No había sentido nada y a mí me daba una pena horrible tener que despertarla porque imagínense, que feo tener que despertarte cada seis horas para ponerte esas benditas gotas que encima tenías que estar con la cabeza hacia abajo unos tres minutos. No sabía qué hacer para despertarla, me moría de la pena pero no me quedaba otra. Así que le dije gordi, despiértate son las seis, unas tres veces y nada. Era imposible, tenía que acercarme y moverla para que se despierte. Hasta que por fin se despertó, la pobre estaba con una cara de sueño y se veía que sufría cada vez que pensaba en que se tenía que poner esas gotas.
Así fueron nuestras dos noches en la playa, pero en el día si nos divertíamos un montón. Obviamente, como no podía faltar, nos tomamos miles de fotos y estábamos las dos solas así que podíamos conversar de todo lo que queríamos y nadie nos iba a molestar.
La anécdota más chistosa fue en el almuerzo. La tía le había dicho a mi mamá que era lo que Alexia si podía comer y eso, nos iba a dar a nosotras dos de almuerzo. Le había dicho que podía comer escabeche de pescado. Entonces, un día antes, mi mamá viene y me dice: “Hijita, mañana va a haber de almuerzo conchas a la parmesana (mis favoritas) pero como Alexia no puede comer eso ustedes dos comen escabeche nomás.” Obvio que no le iba a discutir a mi mamá y no me quedaba otra que comer el escabeche porque no la iba a hacer sentir mal a ella tampoco.
Estábamos sentadas en la mesa y en eso traen las conchas y el escabeche y mi mamá (que no es muy caleta) le dijo a Alexia: “Le hemos hecho escabeche a Analú porque a ella no le gustan las conchas, así que las dos van a comer eso” Por supuesto que Aleca no era tonta y se dio cuenta que era por ella, pero nunca me lo dijo.
Esos días nos divertimos un montón, no paramos de chismear y fue un buen momento para poder distraerla un poco también porque estaba toda malhumorada y fastidiada por la operación. Estábamos aprovechando nuestras vacaciones porque se venía el último año de colegio y sabíamos que no iba a ser tan relajado…
Totalmente de acuerdo contigo con q imposible despertarla para las gotas!! En la playa fue igual:) parece como si hubiese sido ayer..
ResponderEliminarBesitos, sigue escribiendo!
lali
Bua lo maximo mi trulita, de hecho no te imagino en esa faceta, definitivamente tengo una prima que como amiga es un sol!!! quiero mas capitulos!!!...Te adoro!. Marite
ResponderEliminarpor fin veo el 18, ojala pongas el 19 lo antes posiblee :)
ResponderEliminarRICOTONA.. YA ERA HORA DE Q PONGAS EL 18. AHORA PON EL 19 ANTES DE QUE ENTRES A PARCIALES!! AJAJA. SI NO VAMOS A TENER QUE ESPERAR UNA SEMANA MÁS..
ResponderEliminarUN BESOTE!!
RAFO
Mas que fijo, era imposible despertarla. una vez que se dormia ni un terremoto la despertaba creo jajaja la extraño muchisimo.
ResponderEliminarQuiero el 19
ResponderEliminarMamasita.. te demoraste un poco bastante en publicar este ha.. hay q ponerse las pilas! jaja
ResponderEliminarAndré.
El 19!!!!!please!!!!
ResponderEliminarporfas el 19! :)
ResponderEliminarpoquito tarde no crees??... bueno yo me acuerdo que una vez se quedo a dormir a mi casa y me demore facil una hora para despertarla y tomar desayuno que bestia era imposible despertarla creo. La quiero muchisimooo
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