lunes, 19 de abril de 2010

17. Testimonios

Lamentablemente en este capítulo yo no aparezco. Este viaje a Colán, fue uno de los más divertidos e inolvidables para Aleca. Es por eso que me demore tanto en colgarlo, me encargué de que quienes vivieron más de cerca estas dos semanas, me lo contaran y demostraran que yo no soy la única persona que está completamente segura que Aleca fue una maravilla y lo seguirá siendo…

Quien mejor para que nos cuente un poco de la historia, que el mismo dueño de la casa donde se quedó. Mario Andrés, había aprovechado el día de la Pre para invitar a Alexia a su casa. Es un chico piurano muy divertido y que no hay momento en el que hable que no se digne a decir alguna broma. Este es su testimonio:

Bueno el primer día llegó y mi mamá no la conocía. Sabia quien era y todo pero no la conocía. Pero dice que apenas entró a la casa, sintió como si la casa se iluminara de felicidad, era una energía positiva diferente. En mi casa se estaban quedando mi hermana, mi prima, Alexia, Lorena (la prima de Aleca) y dos amigos más, aparte de los amigos de mi hermana.

El primer día que salimos las chicas se fueron antes a la Camacho y cuando yo llegué, que fue después, la vi con el teléfono que quería llamar a una persona non grata y le dije: “Sabes que dame tu teléfono para que no llames a nadie y me dijo, ya pero tu dame el tuyo por si necesito tu nextel.”. Estuvimos ahí juergueando toda la noche y no me acuerdo mucho de ella ahí en la Camacho porque yo estaba en una tremenda bomba jajaja, me quede dormido en la tolva por borracho. Llegaron todos a la casa demasiado tarde, al día siguiente el hermano de Lorena las gritó por llegar muy tarde y un poco exagerado hizo que le pidieran perdón a mi mamá.

El segundo día nos fuimos los tres en la cuatrimoto (Lorena, Alexia y yo). Y Alexia dijo quiero manejar. Yo me reí y le dije pero, ¿sabes? y me dijo no, no nada. Bueno, le enseñe a manejar así todo tranquilo y aprendió. Tanto así que luego le prestamos la moto para que la use sola y normal.

Me acuerdo que el primero después de la fiesta, llegamos a las ocho de la mañana y me senté con un amigo en la sala de mi casa. De la nada salió una parejita de la terraza. Y alexia comenzó a llorar de la risa. Todos los días llegábamos mínimo a las cinco de la mañana. Un día llegaron Lorena y Alexia a las seis y se encontraron con mi papá en la sala y les dijo: “¿Qué ya se despertaron tan temprano?” y les comenzó a dar ataque de risa.

En el viaje se hizo amiga de mi hermana. Montaron jet ski, se pasearon por la boya y siempre tenía miedo de golpearse. En todo momento se notaba que se preocupaba porque no le pasaran nada a las extensiones. Cada vez que salía del agua trataba se arreglaba el pelo.

Fiorella también fue una de las primas que estuvo con ella en Piura y nos cuenta lo que ella vivió:

El primer día llegamos y nos fuimos a la Camacho, una bodega donde todos van a tomar y se reúnen. Nos pusimos a tomar con todos los piuranos y nos dimos cuenta que Alexia no paraba. Por un lado sabíamos que no podía tomar, pero también, queríamos que se divierta. Hasta que en un momento teníamos que hacer que pare y terminamos tomándonos entre todas, sus chelas. Lo más chistoso fue que de la nada Aleca se puso a bailar y terminaron bailando todos como hasta las cinco y media de la mañana.

En ese viaje te dabas cuenta que Alexia estaba feliz. Conoció a mucha gente, entre ellos un chico con el que tuvo ahí un pequeño romance. No quería regresarse y se estaba divirtiendo demasiado.

Daniella nos cuenta toda la energía que tenia para poder juergearse hasta la madrugada todos los días:

Un día nos fuimos a la casa de Jean Paul (un piurano) y Alexia terminó muy borracha y se fue a la Camacho como a las cinco de la mañana a buscar a su hermano, estaba necia. Todos nos divertimos demasiado, pero ella era de esas que se quedaba hasta el último. Hasta que la botaran del sitio.

Estos son algunos de todos los testimonios que he podido tener de cada uno que estuvo con ella esas dos semanas. Nosotros hablamos por teléfono casi todos los días y me iba contando que era lo que hacía, pero no todo… Lo del chico se la tenía bien guardada.
Lo que yo sabía, porque me contaba mi hermana, era que ella también estaba en la misma casa y era increíble toda la comida que le podían dar. Tomaban un desayuno que parecía almuerzo y no paraban de comer en todo el día. La casa era un loquerío, había demasiada gente pero al mismo tiempo también era divertido.

Es verdad, conoció a un chico muy bueno que al final no terminaron en nada. Pero por lo menos, también pudo disfrutar del amor así como del desamor…

miércoles, 14 de abril de 2010

16. Número mortal

Dieciséis es un número que así como el día de tu cumpleaños o tu número favorito, me voy a acordar para toda la vida. Seguramente para ti será un número como cualquier otro, pero para mí es el único que hasta ahora podría decir que fue el peor y el mejor día de mi vida. Ya sabrán por qué.

Ya venía Navidad y año nuevo. La gran mayoría de mis amigas, incluyendo a Aleca, estaban planeando ir a Colán (Piura) un sitio donde tienes la juerga asegurada para pasar año nuevo. Alexia y mi hermana iban a ir a la misma casa con todo un grupo de más o menos diez personas por dos semanas.

Pero todo esto iba a cambiar después de que Aleca se enterara de los resultados de la tomografía. Sí, otra vez él había regresado. Le habían encontrado unas manchas en el tórax pero no sabían con exactitud qué era lo que tenía. Es por eso, que deciden viajar a Houston para que le hagan una biopsia y saber si habría alguna posibilidad de que le pudieran quitar esas manchas. Cuando fueron a Houston, sabían que lo más probable era que pasaran la navidad ahí, pero la tía le había prometido que como sea se iba a ir a Colán.

Lo peor de todo fue que el 13 de diciembre RBD iba a dar un concierto en Lima, el cual obviamente Alexia y yo íbamos a ir. Un mes antes del concierto Aleca había ido a comprar las entradas y estábamos más que felices porque era el último concierto que iban a dar en el Perú. Cuando me enteré de todo lo que estaba pasando, me di cuenta que ya no iba a poder ir al concierto porque se iba a Estados Unidos. A la pobre le daba demasiada rabia no ir, pero ya no le quedaba de otra. Tenía que seguir peleando para poder vivir con un poco más de tranquilidad. Fue tan buena que como ya no iba a ir al concierto, le regalo la entrada a su prima Daniella para que pudiera ir con nosotros. Pero como a Daniella no le gustaba tanto, se dio cuenta que su hermana menor quería ir y se la regaló.

Ese día del concierto, la llame cuando cantaron una de nuestras canciones favoritas “Sálvame” para que aunque sea desde lejos, escuche un poco de lo que se estaba perdiendo.

Nos manteníamos en contacto casi todos los días. En verdad, las dos nos extrañábamos un montón pero no nos quedaba otra que conversar por Messenger o Facebook.

El día en que le iban a dar los resultados de la biopsia, todos estábamos nerviosos y ansiosos por saber que era lo que finalmente tenia. La llamé a eso de las siete de la noche para preguntarle cómo le había ido. Y me contó que los ignorantes de la clínica habían perdido los resultados la biopsia. Obviamente que les dijeron que se la iban a volver a hacer, pero Aleca ya no quería. Había sido tan fastidioso el hecho de que le pongan las agujas y estar un buen tiempo con ellas, que le dijo a su mamá que ya no se lo quería hacer de nuevo. La tía la entendió y decidieron que se la iba a hacer otra vez en Lima antes del viaje a Colán.

Ese mismo día que regresó de Houston, Aleca fue a mi casa porque como se iba a ir de viaje otra vez, no la iba a ver más de dos semanas. Algo que siempre me voy a acordar era que cada viaje que hacía, cada regalo que me traía. Esta vez, me trajo uno de los recuerdos más lindos que tengo de ella: mi galleta.
Por navidad me había comprado una galleta de jengibre de peluche. Pero no es cualquier galleta, aunque suene raro, ella me ha acompañado en todos los momentos que he necesitado más a Alexia y encima es internacional, ha viajado por muchos sitios. Es uno de esos juguetes de cuando eres chiquita, que no lo suelto y estoy segura que me va a durar hasta que se desintegre.

Físicamente estaba regia, todo estaba regresando a la normalidad y de ánimos ni que decir, parecía que nada le hubiera pasado. También se notaba que estaba feliz porque se iba de viaje por año nuevo y seguramente el que tuvo el año pasado no fue tan bueno como pensó. Hasta a mi me daba cólera que no podía ir, me moría de ganas. Y encima mi hermana iba a ir con ella a la misma casa e iban a estar todo el tiempo juntas.

Unos días antes de irse, Aleca se hizo la biopsia en Lima. Pero le dijo a su mamá que no quería saber los resultados hasta que llegara de Colán porque quería disfrutar el viaje al máximo. Y es así como empieza uno de los viajes más divertidos y juergeros de toda su vida…

sábado, 10 de abril de 2010

15. La curiosidad mató al gato

Hay días como hoy en los que no paro de pensar en ella. Es impresionante cuando por más que tratas de distraerte y pensar en otras cosas, sólo aparecen en tu cabeza miles de fotos que muestran lo bien que la pasábamos juntas. No soy la única que está pasando por esto, seguramente tú, que acabas de leerlo, debes estar acordándote de momentos lindos que pasaste con ella y que de alguna manera siempre van a quedar grabados en tu memoria.

Es muy difícil aceptar las cosas que nos puede dar la vida, yo creo que a quien le tocó vivir algo tan complicado como esta enfermedad, es porque como sea tiene que dejar un mensaje positivo. Y eso fue lo que hizo Alexia. Con todas las anécdotas que estoy contando, ya podemos estar seguros de lo excelente persona que fue para cambiar por completo la forma de ver mi vida y seguramente la de muchos más…

Justo en el momento en que se fue la luz en plena fiesta, todos nos quedamos callados porque pensábamos que era arreglado, pero nada que ver, hubo un apagón en la casa donde estábamos que después de diez o quince minutos pudieron arreglar. Lo mejor de todo era que la hora “loca” justo había comenzado: los zancos, globos y todo el cotillón se habían quedado inmóviles en el momento del apagón.

Me acuerdo que justo en esos diez minutos nos sentamos un grupo en una mesa cerca al tabladillo, estábamos ahí incluidas Aleca, yo y parejas. En un momento como no nos decían que había pasado, pensamos que algo se había quemado o que habían cortado la luz en toda la calle. Felizmente, pudieron solucionar el problema y seguimos con la fiesta como si nada hubiera pasado.
A las tres de la mañana, por supuesto que los tacos ya estaban bien tirados por el pasto. Era impresionante el dolor de pies que podía tener, estaba muerta, ya eran como las cuatro y media de la madrugada y lo único que pensaba era en el momento en que iba a llegar a mi cama… La fiesta en sí estuvo muy divertida, tanto así que termine yéndome con todos los gorros del cotillón que encontraba por ahí. Para variar no probé nada de la comida que había y tampoco había tomado mucho. Lo más importante fue que todas nos divertimos y la pasamos increíble.

El lunes cuando llegamos al colegio, todos los comentarios eran de la Pre. Comentando de las parejas, música, comida, trago, etc. Obviamente que todas las profesoras nos preguntaban para saber todo el chisme, pero mucho no había que contar. Todas nos portamos de maravilla…

Era diciembre y venían los exámenes finales. Todos estos meses estuvieron llenos de tranquilidad. Aleca se seguía cuidando con el tema de las comidas y jugos, pero hacia una vida normal de una chica de dieciséis años. Seguía estudiando y aunque no lo crean terminó siendo quinto superior de la promoción ese mismo año.

Sabíamos que ya le tocaba hacerse una tomografía para ver si la enfermedad había regresado o todo estaba igual. Antes de la Pre, se hizo la tomografía, los resultados salieron un día antes y su mamá no quiso decirle nada hasta después de la fiesta.

El mismo día que el doctor dio los resultados, la tía fue a la casa de Daniella a contarles lo que habían encontrado. Según me conto Dani, fue horrible el hecho de haberse enterado y no poder decírselo a nadie porque se trataba de algo delicado y no querían malograrle la fiesta. Por eso decidieron no decirle nada y esperar que termine de divertirse para después enfrentarse otra vez con la realidad…

miércoles, 7 de abril de 2010

14. Noviembre dulce noviembre...

He comenzado una nueva etapa de mi vida: la universidad. Cómo quisiera que cuando camine de un pabellón a otro me la encuentre y comentemos de nuestras clases. Aleca iba a estudiar con migo comunicaciones, íbamos a ser las únicas dos de toda la promoción que estudiara la misma carrera en la misma universidad, algo más en común. Es difícil entrar a un salón diferente al que estabas acostumbrada once años de tu vida y acordarte de algunas travesuras que también hacías.
Ayer fui a visitar al colegio. Cuando entré fue como si nunca me hubiera ido, impresionante como todas las profesoras cuando me vieron me saludaron con una sonrisa y un abrazo. Caminaba por los salones y me acordaba de todo lo que había vivido. Yo que pensé que nunca iba a extrañar el colegio, lo extraño de vez en cuando.

Era noviembre y se venía la Confirmación. Dos semanas antes comenzamos a ensayar la entrada, canciones y encargos que tenía cada una. Los padrinos ya estaban escogidos y lo único que faltaba era llegar al día. Fue un viernes 7 de noviembre el día de nuestra confirmación. Para entrar, teníamos que hacer dos filas en orden de tamaño, de chiquito a grande, como Aleca y yo éramos idénticas de tamaño, entrabamos juntas. Una vez más era mi pareja.

Obviamente que cuando empezó, todas estábamos nerviosas porque por fin después de tanta preparación ya había llegado el día. Todo estaba completamente bien organizado, las entradas y las salidas y los encargos que tenía que hacer cada una durante la ceremonia, también. A mí me tocó ir a prender la verla y luego prendérselas a todas las que estaban en mi fila. Cuando llegué a mi fila, me demoré como dos minutos en prender la primera vela de cinco. Parecía que la mecha era muy chiquita y no prendía por nada del mundo. Justo cuando supuestamente todas las velas iban a estar prendidas, el Obispo, nos hacia unas preguntas y teníamos que responderle todas juntas “Sí, creo” y “Sí, renuncio”. Alexia era la última a la que le tenía que prender la vela y el Obispo ya había comenzado con las preguntas. Mientras las dos nos concentrábamos en que se prenda la bendita vela, el Obispo preguntó: “Renuncian a las tentaciones de Satanás…” En ese momento se escucho un Sí, creo. Éramos Aleca y yo que estábamos más concentradas en prender la vela, nos comenzó a dar ataque de risa y como todas las de la fila nos habían escuchado también se rieron. Pero a pesar de todo, después de media hora ya estábamos confirmadas.

Noviembre era el mes favorito de cuarto de secundaria. Teníamos la confirmación y la famosa “Pre”. Todas estábamos como locas preocupadas viendo a quién íbamos a invitar y buscando vestidos. Después de la Confirmación teníamos una preocupación menos, pero venía lo más divertido. El único problema fue que la mitad de la promoción no tenía ni idea de quién iba a ser su pareja. Yo me encargué de invitar dos semanas antes, sin apuros. Alexia había conocido a un chico que le cayó muy bien y lo invitó.

El sábado 29 de noviembre fue ESE día tan esperado, todas nos dedicamos a dormir y a ir a la peluquería toda la tarde porque nos íbamos a quedar en la fiesta hasta las cinco de la mañana. La fiesta fue en la casa de una de la promoción, así que fue mucho más cómodo.

Antes de ir a la fiesta, íbamos a ir a la casa de Mariana, la prima de Alexia que había ido a la isla en el verano del 2007, para hacer previos, tomarnos fotos y de ahí ir todos juntos.
Sabía que Aleca se iba a poner un vestido negro, pero no tenía ni idea de que iba a hacer con su pelo. Todavía tenía peluca, pero se notaba que ya le había crecido el pelo aunque sea un poco. Así que me conto que el día de la pre se iba a poner extensiones…

Todo estaba organizado perfectamente. Mi pareja fue a mi casa y mis papás nos llevaron a la casa de Mariana. Cuando llegué, ya estaban casi todas las de mi grupo ahí y nos pusimos a conversar, tomar y opinar de todos los vestidos. Yo, me moría de ganas de ver a Alexia porque seguramente con el hecho de que ya no tenga la peluca se le iba a ver completamente diferente y sí, se había puesto unas extensiones largas que no le quedaban nada mal pero si se notaba que todavía no le había crecido mucho el pelo.

Nos fuimos todos a la fiesta y la decoración estaba linda, había un montón de comida y tragos, y obviamente toda la noche bailando como locos, cuando de la nada a la una de la mañana, en la mejor parte, se fue la luz…

domingo, 4 de abril de 2010

13. No se me ocurre nada, que mala suerte

Dicen que el número trece es de mala suerte ¿Por qué será? Yo no creo en esas cosas, así que espero que este capítulo no sea de tan mala suerte…

Ya habían pasado varios meses en el colegio. Estábamos en el penúltimo año y nos tocaba hacer la Confirmación. A partir de mayo comenzaron a prepararnos para ese día con unas charlas todos los martes de cuatro a cinco de la tarde. Al principio fue un poco pesado porque no estábamos acostumbradas y no queríamos quedarnos una hora más en el colegio, después ya era cuestión de acostumbrarse. En esas charlas hablábamos de temas relacionados con la Confirmación y otros que nos llamaban la atención. Como Aleca y yo vivíamos cerca, ese día también nos regresábamos juntas.

Habían cosas, que como a cualquiera, le molestaba del colegio. Le molestaba el hecho de que te obligaran a algo que no tendrían porqué o que algunas profesoras quieran que todo lo hagamos a la perfección. Aunque fueron muy pocas veces, se quejaba y me decía todo lo que le parecía injusto, era una de las cosas que más le molestaban, la injusticia.
Ya teníamos un año de ser amigas y hasta ese momento nunca nos habíamos peleado. Cada una tenía su carácter pero fueron contadas con los dedos las veces que nos peleábamos. Además, por tonterías.

Por mi cumpleaños, hice una reunión con mis amigas. Fue algo tranquilo porque no quise celebrarlo mucho pero divertido. Me acuerdo como si fuera ese día, que me regalo un globo, un polo y una tarjeta que hasta ahora la tengo guardada en mi caja de recuerdos.

- ¡Sólo uso estas tarjetas para algo especial! Y tú eres especial jajaja
Que la pases lindo con tus amigas y mejores amigas (osea yo)
te amo. Alexia.

Eso era lo que decía en la tarjeta, y era verdad. Nunca las usaba, sólo para ocasiones especiales. Hasta hace tres meses encontramos todos sus papeles y tarjetas debajo de su cama y estaban igual que como los compró. Otra coincidencia más: nos encantaba guardar todo y no botar nada.

Los días de semana era la misma rutina de siempre. Despertarnos a las siete de la mañana, ir al colegio, tomar el jugo de mandarina, llegar a hacer tareas a las cuatro y dormir a las diez de la noche. Y con eso de dormir a las diez de la noche, hablo por mí misma, Alexia se quedaba haciendo no se qué hasta la madrugada y al día siguiente llegaba muerta de sueño. Nunca supe que hacía, pero supongo que estar en la computadora o hablando por teléfono.

Durante todo el invierno, yo estaba ensayando para una obra de teatro. Hice varios musicales durante estos años y terminaba muerta todos los días por los ensayos. Por eso, tampoco pude estar mucho tiempo con ella porque me la pasaba en el escenario todos los fines de semana y las noches de los días de semana. Sí salimos, pero muy pocas veces porque ella todavía no sentía la suficiente fuerza como para estar rodeada de tanta gente y con el olor a cigarro.

Con el paso del tiempo, me iba dado cuenta como cambiaba físicamente Aleca. Estaba regresando a su color natural, las pestañas a su tamaño normal y las cejas ya le habían crecido. Seguía con la peluca, pero se notaba una gran diferencia cada vez que la veías, con más ganas de seguir haciendo una vida normal.

Se estrenó mi obra de teatro, y por supuesto ahí estaba mi mejor amiga. Viéndome y aplaudiéndome como loca. Después de terminar todas las funciones, la tranquilidad y el relajo habían regresado a mi vida. Llegaba todos los días a mi casa sin tener que preocuparme por ir a ensayar o porque me iba a dormir tarde ese día. Aproveché el tiempo y hacíamos más cosas juntas: cine, fiestas, reuniones, etc.

Daniella y yo teníamos que encargarnos de que conozca a más gente de Lima porque se venía la Pre, una de las más esperadas fiestas de todo el año y tenía que ir con un chico que supiera bailar. Era el requisito indispensable para Aleca, le encantaba bailar y no lo hacía nada mal.

Era increíble la lonchera que le mandaban al colegio. Unos panes integrales buenazos y en el almuerzo comíamos en el comedor del colegio. Como les había contado antes, no podía comer dulces porque no era una comida sana. Pero una que otra vez iba al quiosco y se compraba todos los cua cua que podía: su chocolate favorito.

Son las 6:13pm. Acabo de terminar este capítulo trece en un camino largo del sur hacia Lima. No es ninguna broma, son puras coincidencias, no existe la mala suerte. Pero, ¿quién dijo que las cosas pasan por algo?

jueves, 1 de abril de 2010

12. Momentos

Acabo de ver en un capítulo de una de mis series favoritas, un entierro. ¿Qué horrorosos pueden ser no? Y más cuando se trata de una de las personas que más quieres en el mundo…

Era junio y se venía el cumpleaños de Aleca. Estaba pensando en que le iba a regalar y se me ocurrió llevarle algo al colegio porque caía martes 24 de junio. Un día antes, le compré un globo inmenso con helio y un sapo de peluche lindo. Todo seguía igual, pensé que se le iba a pasar eso de estudiar todos los días y no dejar de hacer ninguna tarea, pero no se le pasó hasta que se acabara el año.

Por su cumpleaños estaba haciendo un lonche familiar en su casa hasta temprano porque al día siguiente todos teníamos que ir al colegio, trabajar, etc. Me acuerdo que fue toda la familia, que son un montón, y estuvo divertido. Conversábamos de todo un poco y fueron algunas de la promoción pero no muchas.

Como era invierno, estábamos un poco cansadas de todos los fines de semana hacer lo mismo. Queríamos hacer algo diferente y se nos ocurrió que podíamos ir a la playa un fin de semana. Nos fuimos a Kapala a la casa de Daniella con sus hermanos y con unos amigos de Piura que yo no conocía, pero nos terminamos divirtiendo como nunca. Éramos, en total, diez o doce personas. El plan era tranquilo: quedarnos ahí, comer, tomar y jugar. Obviamente no íbamos a bajar a la playa porque nos moríamos de frio, pero fue un plan diferente…

Cuando llegamos, en la noche, cada uno comenzó a repartirse por todos los cuartos. Aleca y yo íbamos a dormir solas en uno así que no íbamos a tener ningún problema. Ese mismo día, se nos ocurrió hacer fogata en la playa y dedicarnos a tomar unos traguitos… Como no había nadie, llevamos la camioneta de un amigo a la playa para poder escuchar música. Estuvimos ahí hasta la madrugada contando chistes cada uno peor que el otro, jugando todo tipo de juegos y lo que no podía faltar: tomándonos fotos. ¿A quién no le gusta las fotos? Eso sí, Alexia y yo tenemos miles de fotos, otra cosa en común.

Todos estábamos atentos a que Alexia no tomara ni un vaso con alcohol y no lo hizo. Seguramente debe haber sido muy difícil para ella ver a todos haciéndolo y las ganas por no haber tomado ni una gota desde hace tanto tiempo, no podían no faltar… Puede ser que en algún momento haya tomado un vasito, pero la verdad, yo nunca la vi.

Nos dormimos como a las 5 de la mañana. Fue muy divertido porque estábamos solos, sin ningún “grande” que nos molestara o nos dijera: “¡limpien sus cosas, esta todo tirado!” De vez en cuando darte una escapadita, no le hace mal a nadie…

Cuando nos fuimos a dormir, me puse un poco nerviosa. No sabía qué era lo que Aleca iba a hacer. Pensé que para dormir se iba a quitar la peluca y no sabía cómo iba a reaccionar si la veía así… Es difícil, cada uno reacciona de diferente manera. Pero no, después me di cuenta que nunca se la quitaba. Ese fin de semana fue muy divertido, conocí a gente nueva y prometimos que volveríamos a ir. Promesa que hasta ahora queda pendiente…

Estoy escuchando una canción que me hace acordar mucho a ella y a todos los momentos que vivimos juntas. Quiero que lean una estrofa de esta canción que hasta ahora resume todo lo que he escrito en estos doce capítulos:

La vida es un millón de momentos
los tienes, de prisa se van
Hay mil historias detrás de un silencio
Hay olas que se roba el mar
Hay mil canciones detrás de un te quiero,
ternura en un amanecer.
Luces que bajan cuando estás lejos
y brillan porque has de volver.
Hay risas eternas
Hay siestas contigo
Hay largos otoños
Que hoy tienen abrigo
Tan solo esos momentos
son los que llevo dentro
de mí..

Lindo, ¿no? Aprovechemos cada momento porque nunca sabemos que es lo que pueda pasar después…

martes, 30 de marzo de 2010

11. Para Servir, Servir

El primer día de colegio para Alexia estaba a punto de comenzar. Aleca y yo vivíamos muy cerca y para ir al colegio hicimos un pull con una amiga más. Yo estaba más que feliz, por fin íbamos a tener un día normal. Seguramente que cuando llegó no se sintió muy cómoda. Pero esa sensación con el tiempo terminaría yéndose, en verdad no pasó mucho tiempo, se fue después de unos cuantos días. Era increíble como la amaban en el colegio.
La trataban como una reina, podía hacer lo que se le daba la gana.

La primera semana nos la pasamos todo el tiempo juntas, poco a poco comenzó a conocer a las del salón y a toda la promoción. Yo pensé que cuando entrara habría algunas personas que la mirarían diciendo: “uy, ahí está la prima de las de cuarto que estaba enferma… “Pero no, todas la trataban normal, como si fuera una chica más, que lo era.

Desde el primer día de clases era muy chistoso como se esforzaba por hacer todo perfecto. Ya les he contado: yo no era muy estudiosa que digamos… Y le decía qué chancona era, estudiaba para todo y la pobre se volvía loca y se estresaba. Porque seguramente después de un año de no hacer nada, debe ser difícil ponerse al día en todo. Además, el colegio no era muy relajado que digamos…les encantaba dejarnos miles de trabajos y tareas. Por eso yo ya estaba acostumbrada a todo y no me sorprendía.

Cada lunes nos hacían ir al patio principal, hacíamos la formación y nos hacían cantar el himno del colegio y del Perú. Era insoportable, no creo que exista alguna ex alumna que lo extrañe. Una vez que terminábamos de cantar daban unos premios para las que mejor habían vivido la virtud de la semana: el Para Servir, Servir. Era un pin que la verdad, no servía de nada. Lo digo porque casi nunca me ganaba uno…ja, ja. La primera semana que Alexia había entrado al colegio, se ganó el Para Servir, Servir. Obviamente que yo no la paraba de molestar y le decía: “oye ya deja de ser tan chancona,¡vaga por una vez en tu vida!” Ni cazo me hacía y lo único que yo pensaba era que ya se le iba a pasar. Pero sí tenía razón, después de no haber hecho nada un año entero, seguro que lo había extrañado y sentía una necesidad por estudiar. Cosa que puede ser que a mí nunca me pase…

Todos los días a la hora del primer recreo, teníamos que ir a la cafetería para que tome su jugo de mandarina. Tanto así era que ya caminábamos de frente a la cafetería por inercia… su mamá también me decía que por favor no me olvide ningún día de que tomara el jugo porque la ayudaba a recuperar sus fuerzas y a mantenerse sana como estaba. Y lo cumplimos tía, no hubo día que no fuimos. Sino pregúntale a Sofi (la chica que le hacia el jugo).

Por supuesto que era la engreída de todas las profesoras. Estudiaba para todos los cursos, en especial le encantaba matemática y química (los cursos que más odio), por eso siempre me copiaba de ella y me ayudaba en los exámenes, já. En las clases de educación física, se notaba que no tenía las fuerzas suficientes como para correr o hacer lo que tenía que hacer, pero como era la engreída de la clase, en todo el año no movió ni un pie. En parte al final también lo hizo por floja, ni que no la conociera…

Sus notas eran bien altas: tenía un promedio de casi diecisiete y ya era quinto superior de la clase. De admirar, encima que no sabía que podía pasar mañana, estudiaba y quería ser la mejor. Es por eso que me caía tan bien. No sólo porque teníamos gustos parecidos: pensábamos en ser artistas, viajar a México y ser las protagonistas de todas las novelas; amábamos RBD; podíamos hablar horas de cualquier cosa y nunca nos aburríamos. También porque era increíble como no le importaba nada, vivía cada cosa que tenía que vivir sin pensarlo dos veces. Con todo lo que le había pasado era suficiente como para pensar en lo que tenía que hacer, le hacía caso a su corazón y no a la cabeza. ESA es mi mejor amiga.