Una historia que demuestra que una verdadera amistad puede durar para siempre. Donde EL no siempre tiene que ser un hombre...
sábado, 27 de noviembre de 2010
jueves, 25 de noviembre de 2010
viernes, 30 de julio de 2010
20. Araña selvática, araña cuzqueña
Hace una semana fui de sábado a domingo a Chincha. Estuve en su casa, en su cuarto y dormí en su cama. Nunca había ido, todas las veces que Aleca me invitó siempre pasaba algo que no me dejaba ir. Fue lindo haber ido aunque sea un poco tarde, pero era impresionante como sentía como si estuviera en mi casa. Sobre todo cuando encontré una carta que yo le había hecho hace tres años. Pensé que no guardaba todas las cosas, pero me equivoqué. Ahí estaba esa carta bien guardada, la leí y me acordé de lo bonito que es tener un mejor amigo al que le puedes contar absolutamente TODO.
Escuchando todos los animales de la selva, me di cuenta que era el momento de sentarme frente a la naturaleza y continuar con el blog que lo había dejado un poco abandonado. Estar lejos de mi casa, en otro clima (demasiado calor) y sin tecnología alguna, me hizo acordar del mejor viaje que pudimos tener juntas: nuestro viaje de prom.
Antes de empezar 5to de secundaria, la tía había hablado con la directora para que Alexia, Daniella y yo estemos juntas en el mismo salón y así fue. Éramos inseparables, parábamos de un lado para el otro y ya habíamos quedado que en el viaje de prom íbamos a dormir juntas en el cuarto porque eran de tres personas. Siempre uno se emociona y lo único que espera en quinto de secundaria, además de salir del colegio, es el viaje. Nosotros nos fuimos a Cuzco por cinco días.
Ya teníamos todo bien organizado porque nos íbamos con dos mamás, que hicieron todo a la perfección. Un día antes Aleca vino a mi casa para hacer la maleta y comenzamos a decir que nos íbamos a meter una juergaza de todas maneras y a planear bien que era lo que íbamos a hacer. Salimos a las 5 de la mañana y el primer día fuimos a Pisac, un pueblo lindo donde nos quedamos por dos días. Cuando llegamos todas estábamos cansadas por la altura, pero seguíamos emocionadas porque estábamos en un sitio que no era el colegio o Lima. En el día, fuimos a comprar artesanías y a comer unas empanadas buenazas y en la noche, como hace tiempo habíamos quedado, decidimos jugar el juego de la tela de araña. Ese juego consistía en que nos sentábamos todas en un círculo y teníamos una lana. La que empezaba el juego tenía que tirarle la lana a una persona que fuera muy importante para ella. Cuando me tocó a mí tirarla, lo primero que hice fue pasársela a Alexia, no estaba muy nerviosa porque para mí no es difícil decir las cosas, pero como ya había pasado por algunas, todas estaban llorando porque era bien emocionante el juego. Me acuerdo que le dije que cuando la conocí, nunca me imagine que íbamos a ser tan amigas, que para mí fue muy difícil todo lo que había pasado, pero como todo estaba “solucionado” ahora todos estábamos felices por ella y que jamás dudara que yo no iba a estar ahí pase lo que pase, siempre estuve y se lo demostré y lo iba a seguir haciendo como lo hago ahora. Obviamente que como todas estaban llorando, una se contagiaba y empezaba a llorar. A mi Aleca me la devolvió y lo primero que dijo fue que ella no lloraba porque no le emocionaba todo lo que decía, sino porque aprendió a saber llorar en diferentes situaciones y a controlarse después de todo lo que había pasado, que tampoco era una persona que se expresaba mucho pero me agradeció por ser tan buena amiga y me dijo lo importante que era para ella. Algo que yo casi nunca había escuchado decirlo así, tan sincera. Terminó el juego y todas estábamos llorando porque nos daba pena que tan rápido se haya acabado el colegio, es impresionante como uno cuando entra a secundaria dice: por fin, ya voy a terminar. Pero en el momento que nos tenemos que ir cambiamos de opinión.
Terminamos el juego y todas tuvimos la oportunidad de decir todo lo que sentíamos, los papeles higiénicos ya se habían acabado de tanto llanto. Pero lo que más me acuerdo fue haberme acercado a Aleca, abrazarla fortísimo y decirle cuanto la quería. Cuando terminamos de jugar, que fue más o menos a las 12 de la noche, nos fuimos todas a dormir. Yo, obviamente no podía dormir porque estaba con los ojos hinchadísimos y encima se me caían los mocos. Lo último que me acuerdo de ese día y que me dejó dormir como un bebe, fue que Alexia se acercara y me diga te digo un secreto: TE AMO.
Ahí fue cuando me di cuenta de lo que significaba una verdadera amistad. Uno no siempre tiene que ir por todo el mundo diciendo cuanto lo quiere, si no hacer las cosas porque lo quiere. No digo que sea malo decir te quiero a las personas, pero es mucho más bonito cuando aunque nunca te lo hayan dicho encuentren el momento perfecto para decir todo lo que uno siente de corazón. Y eso aprendí ese día, aprovechen cada momento para demostrarle a las personas que hacen las cosas porque lo sienten y así se darán cuenta que vale de verdad la pena.
Escuchando todos los animales de la selva, me di cuenta que era el momento de sentarme frente a la naturaleza y continuar con el blog que lo había dejado un poco abandonado. Estar lejos de mi casa, en otro clima (demasiado calor) y sin tecnología alguna, me hizo acordar del mejor viaje que pudimos tener juntas: nuestro viaje de prom.
Antes de empezar 5to de secundaria, la tía había hablado con la directora para que Alexia, Daniella y yo estemos juntas en el mismo salón y así fue. Éramos inseparables, parábamos de un lado para el otro y ya habíamos quedado que en el viaje de prom íbamos a dormir juntas en el cuarto porque eran de tres personas. Siempre uno se emociona y lo único que espera en quinto de secundaria, además de salir del colegio, es el viaje. Nosotros nos fuimos a Cuzco por cinco días.
Ya teníamos todo bien organizado porque nos íbamos con dos mamás, que hicieron todo a la perfección. Un día antes Aleca vino a mi casa para hacer la maleta y comenzamos a decir que nos íbamos a meter una juergaza de todas maneras y a planear bien que era lo que íbamos a hacer. Salimos a las 5 de la mañana y el primer día fuimos a Pisac, un pueblo lindo donde nos quedamos por dos días. Cuando llegamos todas estábamos cansadas por la altura, pero seguíamos emocionadas porque estábamos en un sitio que no era el colegio o Lima. En el día, fuimos a comprar artesanías y a comer unas empanadas buenazas y en la noche, como hace tiempo habíamos quedado, decidimos jugar el juego de la tela de araña. Ese juego consistía en que nos sentábamos todas en un círculo y teníamos una lana. La que empezaba el juego tenía que tirarle la lana a una persona que fuera muy importante para ella. Cuando me tocó a mí tirarla, lo primero que hice fue pasársela a Alexia, no estaba muy nerviosa porque para mí no es difícil decir las cosas, pero como ya había pasado por algunas, todas estaban llorando porque era bien emocionante el juego. Me acuerdo que le dije que cuando la conocí, nunca me imagine que íbamos a ser tan amigas, que para mí fue muy difícil todo lo que había pasado, pero como todo estaba “solucionado” ahora todos estábamos felices por ella y que jamás dudara que yo no iba a estar ahí pase lo que pase, siempre estuve y se lo demostré y lo iba a seguir haciendo como lo hago ahora. Obviamente que como todas estaban llorando, una se contagiaba y empezaba a llorar. A mi Aleca me la devolvió y lo primero que dijo fue que ella no lloraba porque no le emocionaba todo lo que decía, sino porque aprendió a saber llorar en diferentes situaciones y a controlarse después de todo lo que había pasado, que tampoco era una persona que se expresaba mucho pero me agradeció por ser tan buena amiga y me dijo lo importante que era para ella. Algo que yo casi nunca había escuchado decirlo así, tan sincera. Terminó el juego y todas estábamos llorando porque nos daba pena que tan rápido se haya acabado el colegio, es impresionante como uno cuando entra a secundaria dice: por fin, ya voy a terminar. Pero en el momento que nos tenemos que ir cambiamos de opinión.
Terminamos el juego y todas tuvimos la oportunidad de decir todo lo que sentíamos, los papeles higiénicos ya se habían acabado de tanto llanto. Pero lo que más me acuerdo fue haberme acercado a Aleca, abrazarla fortísimo y decirle cuanto la quería. Cuando terminamos de jugar, que fue más o menos a las 12 de la noche, nos fuimos todas a dormir. Yo, obviamente no podía dormir porque estaba con los ojos hinchadísimos y encima se me caían los mocos. Lo último que me acuerdo de ese día y que me dejó dormir como un bebe, fue que Alexia se acercara y me diga te digo un secreto: TE AMO.
Ahí fue cuando me di cuenta de lo que significaba una verdadera amistad. Uno no siempre tiene que ir por todo el mundo diciendo cuanto lo quiere, si no hacer las cosas porque lo quiere. No digo que sea malo decir te quiero a las personas, pero es mucho más bonito cuando aunque nunca te lo hayan dicho encuentren el momento perfecto para decir todo lo que uno siente de corazón. Y eso aprendí ese día, aprovechen cada momento para demostrarle a las personas que hacen las cosas porque lo sienten y así se darán cuenta que vale de verdad la pena.
domingo, 13 de junio de 2010
19. Cosas que seguramente muchos no saben
Cómo extrañaba sentarme al frente de mi laptop y acordarme de todas las cosas tan bonitas que pasamos. No es que no me acuerde nunca, pero últimamente estoy con muchas cosas por hacer y ni tiempo me da para poder sentarme y escribir tranquila aunque sea un capítulo. Por fin llegó el día en el que siento la necesidad de seguir contando más y más cosas.
Hace unas horas, me di cuenta de qué rápido pasa el tiempo… ya van a ser casi 6 meses, medio año y seguramente ustedes, como yo, no lo pueden creer. Hoy he decidido que no puedo dejar que los días se pasen así como si nada. Hay que aprovechar al máximo todo lo que podemos hacer y les doy un consejo: nunca dejen para después lo que pueden hacer ahora, porque nunca saben que pueda pasar en unas horas… Bueno ya no los aburro más y vamos a seguir con esta linda historia.
Me había quedado en lo bien que la pasamos esos días que nos fuimos a la playa, justo me acuerdo que Alexia me contó que su mamá había hablado con la directora del colegio para que nos juntaran y nos pusieran en el mismo salón a las tres inseparables: Daniella, Aleca y yo. Obviamente a mi no me sorprendió para nada que la tía lo haya hecho porque seguramente algunos ya saben cómo es… pero fue lo mejor que pudo hacer ja, ja. Gracias tía.
Ese febrero estuvo lleno de viajes, toda la familia de Alexia había decidido irse a Máncora por diez días. Fueron en un plan familiar, tranquilo con sus primas y alquilaron una casa en la que se metieron todos ahí. Todos los días era comer rico, bajar a la playa, piscina y en las tardes al pueblo. Después de haberse quedado en máncora pudieron convencer a los papás y se fueron las primas a Colán en bus (otra vez). Cada una se dividió en diferentes casas y habían ido especialmente para ir al luau. Como Alexia tenía que seguir tomando el veneno de alacrán, Fiorella, su prima, me contó que a veces se sentía incomoda pero después ya se había acostumbrado. Nosotras hablábamos casi todos los días y me contaba que estaban haciendo “nada” literalmente y aprovechando la playa, el sol y la juerga. Se fueron al luau y se quedaron hasta las cinco de la mañana. Fue un viaje muy divertido y cada día se notaba que se estaba recuperando, le dolía menos cuando se reía y cuando hacía movimientos fuertes y las ganas de seguir viviendo estaban presentes en cada minuto que pasaba.
Cambiando de tema, se me había pasado contarles sobre LARA. Aleca se moría por los animales, pero más por los perros. A fines del 2008, en Houston, una tía suya le había regalado un chihuahua que se moría por tener. Y la llamo Lara. La verdad es que a mí no me agradan mucho los perros y menos los chihuahua que son enanos y escandalosos. La primera vez que la vi casi me muero, era una cosita enanita que correteaba por toda la casa y que cada vez que me veía me ladraba. Al principio yo la odié un poco, pero con el tiempo ya le comencé a tener más cariño. Era impresionante como Alexia se dedicaba a su bebé, le había comprado demasiada ropa, más de la que ella tenía, creo, y cada vestidito significaba algo diferente. No la soltaba, la llevaba a todos lados y lo más chistoso era que cada vez que la tía nos recogía del colegio ahí estaba la bendita Larita, jaja. Pero tengo que aceptar que ahora me encanta y aunque me siga ladrando aunque sea ALGO la quiero.
Después de haber pasado un verano muy divertido otra vez iba a comenzar la pesadilla: un año más de colegio, pero esta vez iba a ser el último así que por lo menos teníamos un motivo para aprovechar y hacer todo lo que nunca hicimos.
El primer día de clases, todas estábamos afanadas porque éramos las más grandes del colegio y no creo que exista alguna ex alumna que haya deseado más que nadie estar en quinto de secundaria. Nosotras nos jurábamos unas reinas y hacíamos lo que queríamos. Aleca y yo hacíamos pull todos los días así que desde las siete de la mañana y con la peor cara, ya nos veíamos. Había comenzado la misma rutina de siempre, clases hasta las 3:30 de la tarde, tomar el jugo de mandarina en el primer recreo, tomar el veneno de alacrán, llegar a tu casa a hacer tareas e irte a dormir a las diez de la noche. Pero este ano era diferente, Alexia ya se había rebelado y había vuelto a la normalidad, no era más una chancona. Éramos tal para cual, nos daba flojera hacer algo y simplemente no lo hacíamos.
Teníamos nuestro escondite favorito. Todos los días a las 9 de la mañana teníamos estudio dirigido, pero como les había dicho que éramos tal para cual, a esa hora las dos nos moríamos de hambre y preferíamos ir a comer que sentarnos a estudiar o hacer tareas. Así que nos empezamos a esconder en las duchas del baño del tercer piso del pabellón de secundaria, un huecucho donde había tres duchas y un cuadrado al centro y entraban máximo cuatro personas bien apretadas. Ahí nos escapábamos todas las mañanas y decíamos que nos habíamos ido a misa, que horror, esos ejemplos no se siguen. Nos pasábamos media hora comiendo unas galletas y la infaltable butifarra o pan con jamón de Aleca y escuchando música con mi ipod mirando cada cinco minutos por la ventanita para ver si alguna profesora nos venía a buscar.
No sé cómo, pero todas se comenzaron a enterar de que nos metíamos ahí en la hora de estudio dirigido y en unas semanas eso se convirtió en el “point”. Nos metíamos como ocho personas a chismear, comer y relajarnos y encima teníamos que hablar despacito porque las que entraban al baño se iban a dar cuenta que estábamos ahí y eran capaces de acusarnos. Pero fue divertido mientras duró, se comenzaron a pasar todas la voz y nuestra tutora se dio cuenta que ahí nos metíamos, hasta que un día encontró a Alexia y María Fernanda, una amiga, y les tuvo que poner un informe. Ese informe era un papelito rosadito que Alexia lo llegó a conocer bien ese año, era una especie de falta que si te la ponían tres veces en el año te podían suspender del colegio. Bueno, en verdad éramos un poco frescas en ese tema, no nos importaba nada. Ya tocaba dejar de hacerles caso después de tantos años, además ni se preocupaban por nosotras porque ya éramos grandes. Tanto así, que en la clase ya me conocían como la FRESCA Morgan y Aleca no se quedaba atrás, ella tomaba el puesto de la FRESCA 2.
Increíble ¿no? Éramos tan parecidas…
Hace unas horas, me di cuenta de qué rápido pasa el tiempo… ya van a ser casi 6 meses, medio año y seguramente ustedes, como yo, no lo pueden creer. Hoy he decidido que no puedo dejar que los días se pasen así como si nada. Hay que aprovechar al máximo todo lo que podemos hacer y les doy un consejo: nunca dejen para después lo que pueden hacer ahora, porque nunca saben que pueda pasar en unas horas… Bueno ya no los aburro más y vamos a seguir con esta linda historia.
Me había quedado en lo bien que la pasamos esos días que nos fuimos a la playa, justo me acuerdo que Alexia me contó que su mamá había hablado con la directora del colegio para que nos juntaran y nos pusieran en el mismo salón a las tres inseparables: Daniella, Aleca y yo. Obviamente a mi no me sorprendió para nada que la tía lo haya hecho porque seguramente algunos ya saben cómo es… pero fue lo mejor que pudo hacer ja, ja. Gracias tía.
Ese febrero estuvo lleno de viajes, toda la familia de Alexia había decidido irse a Máncora por diez días. Fueron en un plan familiar, tranquilo con sus primas y alquilaron una casa en la que se metieron todos ahí. Todos los días era comer rico, bajar a la playa, piscina y en las tardes al pueblo. Después de haberse quedado en máncora pudieron convencer a los papás y se fueron las primas a Colán en bus (otra vez). Cada una se dividió en diferentes casas y habían ido especialmente para ir al luau. Como Alexia tenía que seguir tomando el veneno de alacrán, Fiorella, su prima, me contó que a veces se sentía incomoda pero después ya se había acostumbrado. Nosotras hablábamos casi todos los días y me contaba que estaban haciendo “nada” literalmente y aprovechando la playa, el sol y la juerga. Se fueron al luau y se quedaron hasta las cinco de la mañana. Fue un viaje muy divertido y cada día se notaba que se estaba recuperando, le dolía menos cuando se reía y cuando hacía movimientos fuertes y las ganas de seguir viviendo estaban presentes en cada minuto que pasaba.
Cambiando de tema, se me había pasado contarles sobre LARA. Aleca se moría por los animales, pero más por los perros. A fines del 2008, en Houston, una tía suya le había regalado un chihuahua que se moría por tener. Y la llamo Lara. La verdad es que a mí no me agradan mucho los perros y menos los chihuahua que son enanos y escandalosos. La primera vez que la vi casi me muero, era una cosita enanita que correteaba por toda la casa y que cada vez que me veía me ladraba. Al principio yo la odié un poco, pero con el tiempo ya le comencé a tener más cariño. Era impresionante como Alexia se dedicaba a su bebé, le había comprado demasiada ropa, más de la que ella tenía, creo, y cada vestidito significaba algo diferente. No la soltaba, la llevaba a todos lados y lo más chistoso era que cada vez que la tía nos recogía del colegio ahí estaba la bendita Larita, jaja. Pero tengo que aceptar que ahora me encanta y aunque me siga ladrando aunque sea ALGO la quiero.
Después de haber pasado un verano muy divertido otra vez iba a comenzar la pesadilla: un año más de colegio, pero esta vez iba a ser el último así que por lo menos teníamos un motivo para aprovechar y hacer todo lo que nunca hicimos.
El primer día de clases, todas estábamos afanadas porque éramos las más grandes del colegio y no creo que exista alguna ex alumna que haya deseado más que nadie estar en quinto de secundaria. Nosotras nos jurábamos unas reinas y hacíamos lo que queríamos. Aleca y yo hacíamos pull todos los días así que desde las siete de la mañana y con la peor cara, ya nos veíamos. Había comenzado la misma rutina de siempre, clases hasta las 3:30 de la tarde, tomar el jugo de mandarina en el primer recreo, tomar el veneno de alacrán, llegar a tu casa a hacer tareas e irte a dormir a las diez de la noche. Pero este ano era diferente, Alexia ya se había rebelado y había vuelto a la normalidad, no era más una chancona. Éramos tal para cual, nos daba flojera hacer algo y simplemente no lo hacíamos.
Teníamos nuestro escondite favorito. Todos los días a las 9 de la mañana teníamos estudio dirigido, pero como les había dicho que éramos tal para cual, a esa hora las dos nos moríamos de hambre y preferíamos ir a comer que sentarnos a estudiar o hacer tareas. Así que nos empezamos a esconder en las duchas del baño del tercer piso del pabellón de secundaria, un huecucho donde había tres duchas y un cuadrado al centro y entraban máximo cuatro personas bien apretadas. Ahí nos escapábamos todas las mañanas y decíamos que nos habíamos ido a misa, que horror, esos ejemplos no se siguen. Nos pasábamos media hora comiendo unas galletas y la infaltable butifarra o pan con jamón de Aleca y escuchando música con mi ipod mirando cada cinco minutos por la ventanita para ver si alguna profesora nos venía a buscar.
No sé cómo, pero todas se comenzaron a enterar de que nos metíamos ahí en la hora de estudio dirigido y en unas semanas eso se convirtió en el “point”. Nos metíamos como ocho personas a chismear, comer y relajarnos y encima teníamos que hablar despacito porque las que entraban al baño se iban a dar cuenta que estábamos ahí y eran capaces de acusarnos. Pero fue divertido mientras duró, se comenzaron a pasar todas la voz y nuestra tutora se dio cuenta que ahí nos metíamos, hasta que un día encontró a Alexia y María Fernanda, una amiga, y les tuvo que poner un informe. Ese informe era un papelito rosadito que Alexia lo llegó a conocer bien ese año, era una especie de falta que si te la ponían tres veces en el año te podían suspender del colegio. Bueno, en verdad éramos un poco frescas en ese tema, no nos importaba nada. Ya tocaba dejar de hacerles caso después de tantos años, además ni se preocupaban por nosotras porque ya éramos grandes. Tanto así, que en la clase ya me conocían como la FRESCA Morgan y Aleca no se quedaba atrás, ella tomaba el puesto de la FRESCA 2.
Increíble ¿no? Éramos tan parecidas…
viernes, 14 de mayo de 2010
18. A la playita...
Cuando llegó Aleca, después del viaje, lo primero que hizo fue ir a mi casa a contarme todo lo que había pasado. Se notaba que había estado feliz toda esa semana y se moría de ganas de regresar. Pero lamentablemente otra vez estaba la realidad, le habían dado los resultados de la resonancia que se hizo antes de irse y tenía un bulto en el tórax. La tenían que operar para poder sacárselo pero iba a estar unos cuatro días en la clínica. Como físicamente estaba tan viva y se le veía perfecta, se sabía que solamente tenían que sacarle ese tumor, que no era muy grande, e iba a estar otra vez sana.
Durante esos cuatro días fui a la clínica seguido. Era difícil verla con tantas agujas en la mano y se notaba que estaba fastidiada. Siempre estaban sus hermanos y sus primos para entretenerla un rato porque seguramente ya estaba harta. No podía hablar mucho, le costaba respirar y tampoco se podía reír porque no le entraba mucho aire y le dolían los pulmones. La operación fue exitosa, le quitaron esa mancha que tenía y se sabía que igual tenía que seguir cuidándose porque en cualquier momento podía regresar.
En enero de ese mismo año, le habían dado unos datos a la tía acerca de un veneno de alacrán que lo conseguías en Cuba y que había curado algunos casos de cáncer. Como siempre hicieron hasta lo imposible para evitar que la enfermedad regrese, los tíos viajaron para hablar con el doctor que era especialista en el tema. Eran unas gotas que se tenía que echar en la nariz cada seis horas y eso evitaba que algún tumor aparezca. Desde la operación, Aleca tenía que ponerse las gotas todos los días.
Unas semanas después de la operación se me ocurrió invitarla un par de días a la playa. Era febrero y como no teníamos nada que hacer en la semana, nos fuimos de martes a jueves. Lo primero que hice antes de preguntarle fue llamar a la tía para ver si estaba de acuerdo porque como recién la habían operado, de repente no quería que hiciera mucho esfuerzo. Me dijo que sí, pero había muchas condiciones, una de ellas era el tema de las comidas. No podía comer nada de dulces, carnes, pollo. En general, no podía comer casi nada. Tenía que llevar todos sus remedios y las gotitas. Obviamente a mi no me importó que tuviera que llevar todas esas cosas, pero tenía que estar viendo a cada rato para que no comiera nada de lo que no podía y se tomara todas sus pastillas y remedios a la hora que le tocaba.
La primera noche me acuerdo que sacó su nebulizador y me dijo: “Oye, dile a tu mamá que no se asuste con el ruido, porque tengo que usar esto como cinco minutos” Y obviamente yo le aseguré que a mi mamá no le iba a molestar en lo más mínimo. Era impresionante como no quería molestar a nadie, se encerraba en el baño y se pasaba ahí cinco minutos. Como yo nunca había visto un nebulizador en mi vida, lo primero que hice fue preguntarle qué era esa cosa. Me sorprendió ver el humo que salía de la mascarilla y como sonaba, pero después me di cuenta que no era nada del otro mundo.
Lo más difícil era el hecho de tener que controlar las horas en las que se tenía que poner las gotas. Antes de que Aleca venga a la playa, hable con la tía y me había pedido que por favor este atrás de ella para que tome todas sus pastillas y se ponga las gotas. Yo ya le había preguntado a qué hora tenía que ponerse las gotas y me había dicho a las 6 am, 12pm, 6pm y 12am. Antes de dormir pusimos alarma para que no nos quedáramos dormidas. Se notaba que en algunos momentos se sentía incomoda porque todavía le dolían los pulmones y le costaba respirar. Cuando hacia algunos movimientos fuertes le dolía pero nunca se quejaba.
Nunca me había dormido con tanta preocupación esas dos noches, pensando en que no se me podía pasar la hora para que se echara las gotas. Como la conocía tan bien, sabía que se iba a quedar dormida. Cuando Alexia dormía era imposible despertarla, se quedaba seca. Antes de dormir esperamos hasta las doce para que se ponga las gotas. Cuando ya estábamos “durmiendo”, yo me despertaba cada hora pensando en que ya era la hora, estaba demasiado pendiente del reloj. A las seis de la mañana sonó la alarma y Aleca, como les había dicho, estaba demasiado dormida. No había sentido nada y a mí me daba una pena horrible tener que despertarla porque imagínense, que feo tener que despertarte cada seis horas para ponerte esas benditas gotas que encima tenías que estar con la cabeza hacia abajo unos tres minutos. No sabía qué hacer para despertarla, me moría de la pena pero no me quedaba otra. Así que le dije gordi, despiértate son las seis, unas tres veces y nada. Era imposible, tenía que acercarme y moverla para que se despierte. Hasta que por fin se despertó, la pobre estaba con una cara de sueño y se veía que sufría cada vez que pensaba en que se tenía que poner esas gotas.
Así fueron nuestras dos noches en la playa, pero en el día si nos divertíamos un montón. Obviamente, como no podía faltar, nos tomamos miles de fotos y estábamos las dos solas así que podíamos conversar de todo lo que queríamos y nadie nos iba a molestar.
La anécdota más chistosa fue en el almuerzo. La tía le había dicho a mi mamá que era lo que Alexia si podía comer y eso, nos iba a dar a nosotras dos de almuerzo. Le había dicho que podía comer escabeche de pescado. Entonces, un día antes, mi mamá viene y me dice: “Hijita, mañana va a haber de almuerzo conchas a la parmesana (mis favoritas) pero como Alexia no puede comer eso ustedes dos comen escabeche nomás.” Obvio que no le iba a discutir a mi mamá y no me quedaba otra que comer el escabeche porque no la iba a hacer sentir mal a ella tampoco.
Estábamos sentadas en la mesa y en eso traen las conchas y el escabeche y mi mamá (que no es muy caleta) le dijo a Alexia: “Le hemos hecho escabeche a Analú porque a ella no le gustan las conchas, así que las dos van a comer eso” Por supuesto que Aleca no era tonta y se dio cuenta que era por ella, pero nunca me lo dijo.
Esos días nos divertimos un montón, no paramos de chismear y fue un buen momento para poder distraerla un poco también porque estaba toda malhumorada y fastidiada por la operación. Estábamos aprovechando nuestras vacaciones porque se venía el último año de colegio y sabíamos que no iba a ser tan relajado…
Durante esos cuatro días fui a la clínica seguido. Era difícil verla con tantas agujas en la mano y se notaba que estaba fastidiada. Siempre estaban sus hermanos y sus primos para entretenerla un rato porque seguramente ya estaba harta. No podía hablar mucho, le costaba respirar y tampoco se podía reír porque no le entraba mucho aire y le dolían los pulmones. La operación fue exitosa, le quitaron esa mancha que tenía y se sabía que igual tenía que seguir cuidándose porque en cualquier momento podía regresar.
En enero de ese mismo año, le habían dado unos datos a la tía acerca de un veneno de alacrán que lo conseguías en Cuba y que había curado algunos casos de cáncer. Como siempre hicieron hasta lo imposible para evitar que la enfermedad regrese, los tíos viajaron para hablar con el doctor que era especialista en el tema. Eran unas gotas que se tenía que echar en la nariz cada seis horas y eso evitaba que algún tumor aparezca. Desde la operación, Aleca tenía que ponerse las gotas todos los días.
Unas semanas después de la operación se me ocurrió invitarla un par de días a la playa. Era febrero y como no teníamos nada que hacer en la semana, nos fuimos de martes a jueves. Lo primero que hice antes de preguntarle fue llamar a la tía para ver si estaba de acuerdo porque como recién la habían operado, de repente no quería que hiciera mucho esfuerzo. Me dijo que sí, pero había muchas condiciones, una de ellas era el tema de las comidas. No podía comer nada de dulces, carnes, pollo. En general, no podía comer casi nada. Tenía que llevar todos sus remedios y las gotitas. Obviamente a mi no me importó que tuviera que llevar todas esas cosas, pero tenía que estar viendo a cada rato para que no comiera nada de lo que no podía y se tomara todas sus pastillas y remedios a la hora que le tocaba.
La primera noche me acuerdo que sacó su nebulizador y me dijo: “Oye, dile a tu mamá que no se asuste con el ruido, porque tengo que usar esto como cinco minutos” Y obviamente yo le aseguré que a mi mamá no le iba a molestar en lo más mínimo. Era impresionante como no quería molestar a nadie, se encerraba en el baño y se pasaba ahí cinco minutos. Como yo nunca había visto un nebulizador en mi vida, lo primero que hice fue preguntarle qué era esa cosa. Me sorprendió ver el humo que salía de la mascarilla y como sonaba, pero después me di cuenta que no era nada del otro mundo.
Lo más difícil era el hecho de tener que controlar las horas en las que se tenía que poner las gotas. Antes de que Aleca venga a la playa, hable con la tía y me había pedido que por favor este atrás de ella para que tome todas sus pastillas y se ponga las gotas. Yo ya le había preguntado a qué hora tenía que ponerse las gotas y me había dicho a las 6 am, 12pm, 6pm y 12am. Antes de dormir pusimos alarma para que no nos quedáramos dormidas. Se notaba que en algunos momentos se sentía incomoda porque todavía le dolían los pulmones y le costaba respirar. Cuando hacia algunos movimientos fuertes le dolía pero nunca se quejaba.
Nunca me había dormido con tanta preocupación esas dos noches, pensando en que no se me podía pasar la hora para que se echara las gotas. Como la conocía tan bien, sabía que se iba a quedar dormida. Cuando Alexia dormía era imposible despertarla, se quedaba seca. Antes de dormir esperamos hasta las doce para que se ponga las gotas. Cuando ya estábamos “durmiendo”, yo me despertaba cada hora pensando en que ya era la hora, estaba demasiado pendiente del reloj. A las seis de la mañana sonó la alarma y Aleca, como les había dicho, estaba demasiado dormida. No había sentido nada y a mí me daba una pena horrible tener que despertarla porque imagínense, que feo tener que despertarte cada seis horas para ponerte esas benditas gotas que encima tenías que estar con la cabeza hacia abajo unos tres minutos. No sabía qué hacer para despertarla, me moría de la pena pero no me quedaba otra. Así que le dije gordi, despiértate son las seis, unas tres veces y nada. Era imposible, tenía que acercarme y moverla para que se despierte. Hasta que por fin se despertó, la pobre estaba con una cara de sueño y se veía que sufría cada vez que pensaba en que se tenía que poner esas gotas.
Así fueron nuestras dos noches en la playa, pero en el día si nos divertíamos un montón. Obviamente, como no podía faltar, nos tomamos miles de fotos y estábamos las dos solas así que podíamos conversar de todo lo que queríamos y nadie nos iba a molestar.
La anécdota más chistosa fue en el almuerzo. La tía le había dicho a mi mamá que era lo que Alexia si podía comer y eso, nos iba a dar a nosotras dos de almuerzo. Le había dicho que podía comer escabeche de pescado. Entonces, un día antes, mi mamá viene y me dice: “Hijita, mañana va a haber de almuerzo conchas a la parmesana (mis favoritas) pero como Alexia no puede comer eso ustedes dos comen escabeche nomás.” Obvio que no le iba a discutir a mi mamá y no me quedaba otra que comer el escabeche porque no la iba a hacer sentir mal a ella tampoco.
Estábamos sentadas en la mesa y en eso traen las conchas y el escabeche y mi mamá (que no es muy caleta) le dijo a Alexia: “Le hemos hecho escabeche a Analú porque a ella no le gustan las conchas, así que las dos van a comer eso” Por supuesto que Aleca no era tonta y se dio cuenta que era por ella, pero nunca me lo dijo.
Esos días nos divertimos un montón, no paramos de chismear y fue un buen momento para poder distraerla un poco también porque estaba toda malhumorada y fastidiada por la operación. Estábamos aprovechando nuestras vacaciones porque se venía el último año de colegio y sabíamos que no iba a ser tan relajado…
lunes, 19 de abril de 2010
17. Testimonios
Lamentablemente en este capítulo yo no aparezco. Este viaje a Colán, fue uno de los más divertidos e inolvidables para Aleca. Es por eso que me demore tanto en colgarlo, me encargué de que quienes vivieron más de cerca estas dos semanas, me lo contaran y demostraran que yo no soy la única persona que está completamente segura que Aleca fue una maravilla y lo seguirá siendo…
Quien mejor para que nos cuente un poco de la historia, que el mismo dueño de la casa donde se quedó. Mario Andrés, había aprovechado el día de la Pre para invitar a Alexia a su casa. Es un chico piurano muy divertido y que no hay momento en el que hable que no se digne a decir alguna broma. Este es su testimonio:
Bueno el primer día llegó y mi mamá no la conocía. Sabia quien era y todo pero no la conocía. Pero dice que apenas entró a la casa, sintió como si la casa se iluminara de felicidad, era una energía positiva diferente. En mi casa se estaban quedando mi hermana, mi prima, Alexia, Lorena (la prima de Aleca) y dos amigos más, aparte de los amigos de mi hermana.
El primer día que salimos las chicas se fueron antes a la Camacho y cuando yo llegué, que fue después, la vi con el teléfono que quería llamar a una persona non grata y le dije: “Sabes que dame tu teléfono para que no llames a nadie y me dijo, ya pero tu dame el tuyo por si necesito tu nextel.”. Estuvimos ahí juergueando toda la noche y no me acuerdo mucho de ella ahí en la Camacho porque yo estaba en una tremenda bomba jajaja, me quede dormido en la tolva por borracho. Llegaron todos a la casa demasiado tarde, al día siguiente el hermano de Lorena las gritó por llegar muy tarde y un poco exagerado hizo que le pidieran perdón a mi mamá.
El segundo día nos fuimos los tres en la cuatrimoto (Lorena, Alexia y yo). Y Alexia dijo quiero manejar. Yo me reí y le dije pero, ¿sabes? y me dijo no, no nada. Bueno, le enseñe a manejar así todo tranquilo y aprendió. Tanto así que luego le prestamos la moto para que la use sola y normal.
Me acuerdo que el primero después de la fiesta, llegamos a las ocho de la mañana y me senté con un amigo en la sala de mi casa. De la nada salió una parejita de la terraza. Y alexia comenzó a llorar de la risa. Todos los días llegábamos mínimo a las cinco de la mañana. Un día llegaron Lorena y Alexia a las seis y se encontraron con mi papá en la sala y les dijo: “¿Qué ya se despertaron tan temprano?” y les comenzó a dar ataque de risa.
En el viaje se hizo amiga de mi hermana. Montaron jet ski, se pasearon por la boya y siempre tenía miedo de golpearse. En todo momento se notaba que se preocupaba porque no le pasaran nada a las extensiones. Cada vez que salía del agua trataba se arreglaba el pelo.
Fiorella también fue una de las primas que estuvo con ella en Piura y nos cuenta lo que ella vivió:
El primer día llegamos y nos fuimos a la Camacho, una bodega donde todos van a tomar y se reúnen. Nos pusimos a tomar con todos los piuranos y nos dimos cuenta que Alexia no paraba. Por un lado sabíamos que no podía tomar, pero también, queríamos que se divierta. Hasta que en un momento teníamos que hacer que pare y terminamos tomándonos entre todas, sus chelas. Lo más chistoso fue que de la nada Aleca se puso a bailar y terminaron bailando todos como hasta las cinco y media de la mañana.
En ese viaje te dabas cuenta que Alexia estaba feliz. Conoció a mucha gente, entre ellos un chico con el que tuvo ahí un pequeño romance. No quería regresarse y se estaba divirtiendo demasiado.
Daniella nos cuenta toda la energía que tenia para poder juergearse hasta la madrugada todos los días:
Un día nos fuimos a la casa de Jean Paul (un piurano) y Alexia terminó muy borracha y se fue a la Camacho como a las cinco de la mañana a buscar a su hermano, estaba necia. Todos nos divertimos demasiado, pero ella era de esas que se quedaba hasta el último. Hasta que la botaran del sitio.
Estos son algunos de todos los testimonios que he podido tener de cada uno que estuvo con ella esas dos semanas. Nosotros hablamos por teléfono casi todos los días y me iba contando que era lo que hacía, pero no todo… Lo del chico se la tenía bien guardada.
Lo que yo sabía, porque me contaba mi hermana, era que ella también estaba en la misma casa y era increíble toda la comida que le podían dar. Tomaban un desayuno que parecía almuerzo y no paraban de comer en todo el día. La casa era un loquerío, había demasiada gente pero al mismo tiempo también era divertido.
Es verdad, conoció a un chico muy bueno que al final no terminaron en nada. Pero por lo menos, también pudo disfrutar del amor así como del desamor…
Quien mejor para que nos cuente un poco de la historia, que el mismo dueño de la casa donde se quedó. Mario Andrés, había aprovechado el día de la Pre para invitar a Alexia a su casa. Es un chico piurano muy divertido y que no hay momento en el que hable que no se digne a decir alguna broma. Este es su testimonio:
Bueno el primer día llegó y mi mamá no la conocía. Sabia quien era y todo pero no la conocía. Pero dice que apenas entró a la casa, sintió como si la casa se iluminara de felicidad, era una energía positiva diferente. En mi casa se estaban quedando mi hermana, mi prima, Alexia, Lorena (la prima de Aleca) y dos amigos más, aparte de los amigos de mi hermana.
El primer día que salimos las chicas se fueron antes a la Camacho y cuando yo llegué, que fue después, la vi con el teléfono que quería llamar a una persona non grata y le dije: “Sabes que dame tu teléfono para que no llames a nadie y me dijo, ya pero tu dame el tuyo por si necesito tu nextel.”. Estuvimos ahí juergueando toda la noche y no me acuerdo mucho de ella ahí en la Camacho porque yo estaba en una tremenda bomba jajaja, me quede dormido en la tolva por borracho. Llegaron todos a la casa demasiado tarde, al día siguiente el hermano de Lorena las gritó por llegar muy tarde y un poco exagerado hizo que le pidieran perdón a mi mamá.
El segundo día nos fuimos los tres en la cuatrimoto (Lorena, Alexia y yo). Y Alexia dijo quiero manejar. Yo me reí y le dije pero, ¿sabes? y me dijo no, no nada. Bueno, le enseñe a manejar así todo tranquilo y aprendió. Tanto así que luego le prestamos la moto para que la use sola y normal.
Me acuerdo que el primero después de la fiesta, llegamos a las ocho de la mañana y me senté con un amigo en la sala de mi casa. De la nada salió una parejita de la terraza. Y alexia comenzó a llorar de la risa. Todos los días llegábamos mínimo a las cinco de la mañana. Un día llegaron Lorena y Alexia a las seis y se encontraron con mi papá en la sala y les dijo: “¿Qué ya se despertaron tan temprano?” y les comenzó a dar ataque de risa.
En el viaje se hizo amiga de mi hermana. Montaron jet ski, se pasearon por la boya y siempre tenía miedo de golpearse. En todo momento se notaba que se preocupaba porque no le pasaran nada a las extensiones. Cada vez que salía del agua trataba se arreglaba el pelo.
Fiorella también fue una de las primas que estuvo con ella en Piura y nos cuenta lo que ella vivió:
El primer día llegamos y nos fuimos a la Camacho, una bodega donde todos van a tomar y se reúnen. Nos pusimos a tomar con todos los piuranos y nos dimos cuenta que Alexia no paraba. Por un lado sabíamos que no podía tomar, pero también, queríamos que se divierta. Hasta que en un momento teníamos que hacer que pare y terminamos tomándonos entre todas, sus chelas. Lo más chistoso fue que de la nada Aleca se puso a bailar y terminaron bailando todos como hasta las cinco y media de la mañana.
En ese viaje te dabas cuenta que Alexia estaba feliz. Conoció a mucha gente, entre ellos un chico con el que tuvo ahí un pequeño romance. No quería regresarse y se estaba divirtiendo demasiado.
Daniella nos cuenta toda la energía que tenia para poder juergearse hasta la madrugada todos los días:
Un día nos fuimos a la casa de Jean Paul (un piurano) y Alexia terminó muy borracha y se fue a la Camacho como a las cinco de la mañana a buscar a su hermano, estaba necia. Todos nos divertimos demasiado, pero ella era de esas que se quedaba hasta el último. Hasta que la botaran del sitio.
Estos son algunos de todos los testimonios que he podido tener de cada uno que estuvo con ella esas dos semanas. Nosotros hablamos por teléfono casi todos los días y me iba contando que era lo que hacía, pero no todo… Lo del chico se la tenía bien guardada.
Lo que yo sabía, porque me contaba mi hermana, era que ella también estaba en la misma casa y era increíble toda la comida que le podían dar. Tomaban un desayuno que parecía almuerzo y no paraban de comer en todo el día. La casa era un loquerío, había demasiada gente pero al mismo tiempo también era divertido.
Es verdad, conoció a un chico muy bueno que al final no terminaron en nada. Pero por lo menos, también pudo disfrutar del amor así como del desamor…
miércoles, 14 de abril de 2010
16. Número mortal
Dieciséis es un número que así como el día de tu cumpleaños o tu número favorito, me voy a acordar para toda la vida. Seguramente para ti será un número como cualquier otro, pero para mí es el único que hasta ahora podría decir que fue el peor y el mejor día de mi vida. Ya sabrán por qué.
Ya venía Navidad y año nuevo. La gran mayoría de mis amigas, incluyendo a Aleca, estaban planeando ir a Colán (Piura) un sitio donde tienes la juerga asegurada para pasar año nuevo. Alexia y mi hermana iban a ir a la misma casa con todo un grupo de más o menos diez personas por dos semanas.
Pero todo esto iba a cambiar después de que Aleca se enterara de los resultados de la tomografía. Sí, otra vez él había regresado. Le habían encontrado unas manchas en el tórax pero no sabían con exactitud qué era lo que tenía. Es por eso, que deciden viajar a Houston para que le hagan una biopsia y saber si habría alguna posibilidad de que le pudieran quitar esas manchas. Cuando fueron a Houston, sabían que lo más probable era que pasaran la navidad ahí, pero la tía le había prometido que como sea se iba a ir a Colán.
Lo peor de todo fue que el 13 de diciembre RBD iba a dar un concierto en Lima, el cual obviamente Alexia y yo íbamos a ir. Un mes antes del concierto Aleca había ido a comprar las entradas y estábamos más que felices porque era el último concierto que iban a dar en el Perú. Cuando me enteré de todo lo que estaba pasando, me di cuenta que ya no iba a poder ir al concierto porque se iba a Estados Unidos. A la pobre le daba demasiada rabia no ir, pero ya no le quedaba de otra. Tenía que seguir peleando para poder vivir con un poco más de tranquilidad. Fue tan buena que como ya no iba a ir al concierto, le regalo la entrada a su prima Daniella para que pudiera ir con nosotros. Pero como a Daniella no le gustaba tanto, se dio cuenta que su hermana menor quería ir y se la regaló.
Ese día del concierto, la llame cuando cantaron una de nuestras canciones favoritas “Sálvame” para que aunque sea desde lejos, escuche un poco de lo que se estaba perdiendo.
Nos manteníamos en contacto casi todos los días. En verdad, las dos nos extrañábamos un montón pero no nos quedaba otra que conversar por Messenger o Facebook.
El día en que le iban a dar los resultados de la biopsia, todos estábamos nerviosos y ansiosos por saber que era lo que finalmente tenia. La llamé a eso de las siete de la noche para preguntarle cómo le había ido. Y me contó que los ignorantes de la clínica habían perdido los resultados la biopsia. Obviamente que les dijeron que se la iban a volver a hacer, pero Aleca ya no quería. Había sido tan fastidioso el hecho de que le pongan las agujas y estar un buen tiempo con ellas, que le dijo a su mamá que ya no se lo quería hacer de nuevo. La tía la entendió y decidieron que se la iba a hacer otra vez en Lima antes del viaje a Colán.
Ese mismo día que regresó de Houston, Aleca fue a mi casa porque como se iba a ir de viaje otra vez, no la iba a ver más de dos semanas. Algo que siempre me voy a acordar era que cada viaje que hacía, cada regalo que me traía. Esta vez, me trajo uno de los recuerdos más lindos que tengo de ella: mi galleta.
Por navidad me había comprado una galleta de jengibre de peluche. Pero no es cualquier galleta, aunque suene raro, ella me ha acompañado en todos los momentos que he necesitado más a Alexia y encima es internacional, ha viajado por muchos sitios. Es uno de esos juguetes de cuando eres chiquita, que no lo suelto y estoy segura que me va a durar hasta que se desintegre.
Físicamente estaba regia, todo estaba regresando a la normalidad y de ánimos ni que decir, parecía que nada le hubiera pasado. También se notaba que estaba feliz porque se iba de viaje por año nuevo y seguramente el que tuvo el año pasado no fue tan bueno como pensó. Hasta a mi me daba cólera que no podía ir, me moría de ganas. Y encima mi hermana iba a ir con ella a la misma casa e iban a estar todo el tiempo juntas.
Unos días antes de irse, Aleca se hizo la biopsia en Lima. Pero le dijo a su mamá que no quería saber los resultados hasta que llegara de Colán porque quería disfrutar el viaje al máximo. Y es así como empieza uno de los viajes más divertidos y juergeros de toda su vida…
Ya venía Navidad y año nuevo. La gran mayoría de mis amigas, incluyendo a Aleca, estaban planeando ir a Colán (Piura) un sitio donde tienes la juerga asegurada para pasar año nuevo. Alexia y mi hermana iban a ir a la misma casa con todo un grupo de más o menos diez personas por dos semanas.
Pero todo esto iba a cambiar después de que Aleca se enterara de los resultados de la tomografía. Sí, otra vez él había regresado. Le habían encontrado unas manchas en el tórax pero no sabían con exactitud qué era lo que tenía. Es por eso, que deciden viajar a Houston para que le hagan una biopsia y saber si habría alguna posibilidad de que le pudieran quitar esas manchas. Cuando fueron a Houston, sabían que lo más probable era que pasaran la navidad ahí, pero la tía le había prometido que como sea se iba a ir a Colán.
Lo peor de todo fue que el 13 de diciembre RBD iba a dar un concierto en Lima, el cual obviamente Alexia y yo íbamos a ir. Un mes antes del concierto Aleca había ido a comprar las entradas y estábamos más que felices porque era el último concierto que iban a dar en el Perú. Cuando me enteré de todo lo que estaba pasando, me di cuenta que ya no iba a poder ir al concierto porque se iba a Estados Unidos. A la pobre le daba demasiada rabia no ir, pero ya no le quedaba de otra. Tenía que seguir peleando para poder vivir con un poco más de tranquilidad. Fue tan buena que como ya no iba a ir al concierto, le regalo la entrada a su prima Daniella para que pudiera ir con nosotros. Pero como a Daniella no le gustaba tanto, se dio cuenta que su hermana menor quería ir y se la regaló.
Ese día del concierto, la llame cuando cantaron una de nuestras canciones favoritas “Sálvame” para que aunque sea desde lejos, escuche un poco de lo que se estaba perdiendo.
Nos manteníamos en contacto casi todos los días. En verdad, las dos nos extrañábamos un montón pero no nos quedaba otra que conversar por Messenger o Facebook.
El día en que le iban a dar los resultados de la biopsia, todos estábamos nerviosos y ansiosos por saber que era lo que finalmente tenia. La llamé a eso de las siete de la noche para preguntarle cómo le había ido. Y me contó que los ignorantes de la clínica habían perdido los resultados la biopsia. Obviamente que les dijeron que se la iban a volver a hacer, pero Aleca ya no quería. Había sido tan fastidioso el hecho de que le pongan las agujas y estar un buen tiempo con ellas, que le dijo a su mamá que ya no se lo quería hacer de nuevo. La tía la entendió y decidieron que se la iba a hacer otra vez en Lima antes del viaje a Colán.
Ese mismo día que regresó de Houston, Aleca fue a mi casa porque como se iba a ir de viaje otra vez, no la iba a ver más de dos semanas. Algo que siempre me voy a acordar era que cada viaje que hacía, cada regalo que me traía. Esta vez, me trajo uno de los recuerdos más lindos que tengo de ella: mi galleta.
Por navidad me había comprado una galleta de jengibre de peluche. Pero no es cualquier galleta, aunque suene raro, ella me ha acompañado en todos los momentos que he necesitado más a Alexia y encima es internacional, ha viajado por muchos sitios. Es uno de esos juguetes de cuando eres chiquita, que no lo suelto y estoy segura que me va a durar hasta que se desintegre.
Físicamente estaba regia, todo estaba regresando a la normalidad y de ánimos ni que decir, parecía que nada le hubiera pasado. También se notaba que estaba feliz porque se iba de viaje por año nuevo y seguramente el que tuvo el año pasado no fue tan bueno como pensó. Hasta a mi me daba cólera que no podía ir, me moría de ganas. Y encima mi hermana iba a ir con ella a la misma casa e iban a estar todo el tiempo juntas.
Unos días antes de irse, Aleca se hizo la biopsia en Lima. Pero le dijo a su mamá que no quería saber los resultados hasta que llegara de Colán porque quería disfrutar el viaje al máximo. Y es así como empieza uno de los viajes más divertidos y juergeros de toda su vida…
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