Ese mismo fin no supe nada más de ellas. El domingo, nos regresamos todos a Lima como a las cinco de la tarde. Un camino de una hora en la carretera, mientras que mis papás conversaban de temas que para mí no tenían importancia; mi hermana, dormía porque había salido el sábado hasta las seis de la mañana y yo me concentraba en mi propio mundo con mi ipod, escuchando mi música favorita. Cuando llegábamos a la casa, lo primero que mi mamá nos decía era: pongan la ropa sucia en su sitio y guarden todas sus cosas. Ese comentario me lo sabía de memoria, no había domingo que no lo dijese.
Cuando terminé de hacer todas mis cosas, lo primero que hice fue ir a la computadora. Me conecté y como recién el Facebook había empezado a funcionar, agregué a Alexia para que fuera una amiga nueva. Cuando me aceptó, me averigüé su Messenger y muy de vez en cuando nos poníamos a conversar. Hablamos cosas sin importancia, típico de nuestra edad. Pero si pasábamos un buen rato y nos divertíamos.
El lunes en el colegio, estábamos conversando en el recreo y Dani me pregunto qué tal me había caído Alexia: "Muy bien, se nota que es bien buena, pero tampoco no hablamos mucho que digamos…"
Pasaron los días sin ninguna novedad en especial. Era ir al colegio a las siete de la mañana, regresar a las cuatro, hacer tareas, estudiar, comer e irme a dormir. Hasta que llegó la Semana Santa: un fin de semana largo, donde se celebra la muerte y resurrección de Jesús. El miércoles en la noche nos íbamos todos a la playa; ya que, el jueves y el viernes eran feriados. Todo ese fin de semana me la pase en Kapala con Daniella. Un sábado en la mañana, yo había ido a Kapala en bicicleta, cuando llegué la mamá de Dani me dijo: “Ay reina, justo se acaban de ir a Cocos (una playa que está al lado de Kapala) están en la casa de Alexia”. Yo me sorprendí, porque no sabía que Alexia tenía casa. Entonces lo primero que hice fue llamar a Dani: “Ven Lupe, estamos acá con Lorena, Mariana y Chiara. Vamos a irnos a la isla”. Lorena y Mariana eran también sus primas. Mariana estaba en la misma promoción que yo y Lorena era un año menor. Chiara era otra amiga del colegio, pero un año mayor.
Había llegado a Cocos. La verdad que estaba un poco perdida porque era de las primeras veces que iba a esa playa. Cuando llegué a la casa estaban los papás de Alexia y todos sus hermanos. Todos me parecían conocidos porque los había visto en fotos, pero seguramente ellos no tenían ni idea de quién era yo. La tía me dijo que estaban en el cuarto de Alexia así que yo entre y me las encontré ahí. Lo primero que me acuerdo fue que Ale dijo: “Aj, odio estar con la regla. Quiero ponerme un tampax pero no sé cómo, tu sabes Lupe? Como yo era una niña ingenua y completamente ignorante, sabía lo que era pero no tenía ni idea de cómo se ponía. Finalmente, Alexia pudo arreglar el problema que tenia y nos fuimos a la playa. Cuando llegamos Daniella dijo para ir a la isla. La isla estaba al frente del mar, pero a un kilometro de la orilla. Y la única posibilidad para ir era o en un bote, moto de agua o un kayak. Como ninguna de nosotros tenía bote ni moto de agua, no nos quedó otra que irnos en kayak. Nos fuimos en dos y estábamos repartidas tres en cada uno. Yo estaba en uno con Lorena y Alexia y en el otro estaban Daniella, Mariana y Chiara.
Comenzamos a remar y ninguna de las seis tenía la suficiente fuerza como para llegar, fue difícil entrar al mar porque las olas no nos dejaban. Pero después de varios intentos,pudimos. Una vez que ya estábamos a la mitad del camino, yo había remado casi todo el tiempo y mis brazos ya no podían mas. Entonces, nos quedamos paradas unos 5 minutos en medio de la nada y nos reíamos de cada tontería que se nos ocurría decir. No les había dicho que a mí me conocen por ser muy divertida, así que como Alexia era la única que no me conocía mucho, no paraba de reírse de cada mueca o chiste que hacía. Ya nos faltaba poco para llegar a la isla así que hicimos un gran esfuerzo para no parar.
Llegamos por fin. Era un lugar increíble, cerros llenos de gaviotas y animales marinos extraños. El agua era tan transparente que parecía El Caribe. Lo único desagradable era el olor que había. Parecía que los pájaros tenían una estrategia para que nadie se quedara en la isla más de veinte minutos. Y esa estrategia era nada más y nada menos que hacer sus necesidades. Cuando llegamos si había gente, pero solamente unas tres o cuatro personas. Dejamos los kayaks en un lugar seguro y nos metimos al agua. Fue muy divertido, pero como les dije, a los veinte minutos nos tuvimos que ir porque no soportábamos el “maravilloso” olor.
Estábamos tan cansadas que no queríamos regresar por el hecho de que nos quedaba una hora de camino y que teníamos que seguir remando. Nos la pasamos todo el camino riéndonos y comentando de todo un poco. Cuando ya estábamos cerca de la orilla, fue lo más complicado. Sabíamos que las olas nos iban a jalar con fuerza y nos revolcarían, pero no nos quedaba otra que seguir remando. Hasta que al final llegamos, hechas un desastre, pero llegamos. Las olas sí nos habían revolcado, pero igual fue toda una aventura. Ese mismo día, me quede en Cocos como hasta las ocho de la noche, estuvimos toda la tarde en la playa y en la piscina. A las siete nos fuimos a misa y cuando acabó yo ya me iba a mi casa porque mis papas me estaban llamando.
Cuando terminé de hacer todas mis cosas, lo primero que hice fue ir a la computadora. Me conecté y como recién el Facebook había empezado a funcionar, agregué a Alexia para que fuera una amiga nueva. Cuando me aceptó, me averigüé su Messenger y muy de vez en cuando nos poníamos a conversar. Hablamos cosas sin importancia, típico de nuestra edad. Pero si pasábamos un buen rato y nos divertíamos.
El lunes en el colegio, estábamos conversando en el recreo y Dani me pregunto qué tal me había caído Alexia: "Muy bien, se nota que es bien buena, pero tampoco no hablamos mucho que digamos…"
Pasaron los días sin ninguna novedad en especial. Era ir al colegio a las siete de la mañana, regresar a las cuatro, hacer tareas, estudiar, comer e irme a dormir. Hasta que llegó la Semana Santa: un fin de semana largo, donde se celebra la muerte y resurrección de Jesús. El miércoles en la noche nos íbamos todos a la playa; ya que, el jueves y el viernes eran feriados. Todo ese fin de semana me la pase en Kapala con Daniella. Un sábado en la mañana, yo había ido a Kapala en bicicleta, cuando llegué la mamá de Dani me dijo: “Ay reina, justo se acaban de ir a Cocos (una playa que está al lado de Kapala) están en la casa de Alexia”. Yo me sorprendí, porque no sabía que Alexia tenía casa. Entonces lo primero que hice fue llamar a Dani: “Ven Lupe, estamos acá con Lorena, Mariana y Chiara. Vamos a irnos a la isla”. Lorena y Mariana eran también sus primas. Mariana estaba en la misma promoción que yo y Lorena era un año menor. Chiara era otra amiga del colegio, pero un año mayor.
Había llegado a Cocos. La verdad que estaba un poco perdida porque era de las primeras veces que iba a esa playa. Cuando llegué a la casa estaban los papás de Alexia y todos sus hermanos. Todos me parecían conocidos porque los había visto en fotos, pero seguramente ellos no tenían ni idea de quién era yo. La tía me dijo que estaban en el cuarto de Alexia así que yo entre y me las encontré ahí. Lo primero que me acuerdo fue que Ale dijo: “Aj, odio estar con la regla. Quiero ponerme un tampax pero no sé cómo, tu sabes Lupe? Como yo era una niña ingenua y completamente ignorante, sabía lo que era pero no tenía ni idea de cómo se ponía. Finalmente, Alexia pudo arreglar el problema que tenia y nos fuimos a la playa. Cuando llegamos Daniella dijo para ir a la isla. La isla estaba al frente del mar, pero a un kilometro de la orilla. Y la única posibilidad para ir era o en un bote, moto de agua o un kayak. Como ninguna de nosotros tenía bote ni moto de agua, no nos quedó otra que irnos en kayak. Nos fuimos en dos y estábamos repartidas tres en cada uno. Yo estaba en uno con Lorena y Alexia y en el otro estaban Daniella, Mariana y Chiara.
Comenzamos a remar y ninguna de las seis tenía la suficiente fuerza como para llegar, fue difícil entrar al mar porque las olas no nos dejaban. Pero después de varios intentos,pudimos. Una vez que ya estábamos a la mitad del camino, yo había remado casi todo el tiempo y mis brazos ya no podían mas. Entonces, nos quedamos paradas unos 5 minutos en medio de la nada y nos reíamos de cada tontería que se nos ocurría decir. No les había dicho que a mí me conocen por ser muy divertida, así que como Alexia era la única que no me conocía mucho, no paraba de reírse de cada mueca o chiste que hacía. Ya nos faltaba poco para llegar a la isla así que hicimos un gran esfuerzo para no parar.
Llegamos por fin. Era un lugar increíble, cerros llenos de gaviotas y animales marinos extraños. El agua era tan transparente que parecía El Caribe. Lo único desagradable era el olor que había. Parecía que los pájaros tenían una estrategia para que nadie se quedara en la isla más de veinte minutos. Y esa estrategia era nada más y nada menos que hacer sus necesidades. Cuando llegamos si había gente, pero solamente unas tres o cuatro personas. Dejamos los kayaks en un lugar seguro y nos metimos al agua. Fue muy divertido, pero como les dije, a los veinte minutos nos tuvimos que ir porque no soportábamos el “maravilloso” olor.
Estábamos tan cansadas que no queríamos regresar por el hecho de que nos quedaba una hora de camino y que teníamos que seguir remando. Nos la pasamos todo el camino riéndonos y comentando de todo un poco. Cuando ya estábamos cerca de la orilla, fue lo más complicado. Sabíamos que las olas nos iban a jalar con fuerza y nos revolcarían, pero no nos quedaba otra que seguir remando. Hasta que al final llegamos, hechas un desastre, pero llegamos. Las olas sí nos habían revolcado, pero igual fue toda una aventura. Ese mismo día, me quede en Cocos como hasta las ocho de la noche, estuvimos toda la tarde en la playa y en la piscina. A las siete nos fuimos a misa y cuando acabó yo ya me iba a mi casa porque mis papas me estaban llamando.
me encanta!.. Gusta L.
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