jueves, 25 de marzo de 2010

5. Conociendo a fondo las agujas...

Otro viaje nuevo había comenzado. Pero esta vez no era por satisfacción; sino, por necesidad. No puedo describir lo que Alexia sentía porque ni yo estaba enterada de lo que estaba pasando todo ese tiempo. Cada vez que la encontraba en el Messenger, conectada, le hablaba y trataba de distraerla un rato. Nunca hablamos de nada relacionado con la enfermedad, simplemente nos divertíamos hablando de temas que no tenían mucha importancia.

Cuando llegaron a Houston. Los tíos hablaron bien con el doctor. Era un doctor especializado en el tipo de sarcoma que tenia Aleca. Les cuento que este tipo de cáncer aparece en los niños hasta los catorce años y tiene un factor hereditario que hasta ahora se sigue estudiando.
Se quedaron aproximadamente seis semanas haciéndole el tratamiento. Quimioterapias y radioterapias. Los síntomas se hacían notar con el paso del tiempo.
Se quedaron en el “Children´s Hospital” y en la casa de Ronald McDonald. Esta casa, era un alojamiento que se especializaba en cuidar a las personas que tienen que estar un largo tiempo fuera de sus casas debido a algún tratamiento por una enfermedad. Según me comentó la tía, te daban un trato muy bueno. Había buses que te llevaban a pasear, shows, conciertos, etc. Y sobretodo tenían un precio muy cómodo. Lo mejor de todo fue que Aleca aprendió a convivir con gente que no solo tenía cáncer, sino otro tipo de enfermedades. Y aprendió a valorar muchísimo más la vida.

Durante los fines de semana, los tíos se encargaban de pasearla por la ciudad para distraerla un poco. Felizmente tenían amigos que los invitaban a quedarse en sus casas y les hacían compañía. También, como estaba perdiendo clases en el colegio y ya casi medio año, estuvo en clases de inglés y conoció a mucha gente.

Cuando terminaron el tratamiento, regresaron a Lima. Fue en ese momento cuando todos decidieron que lo mejor era quedarse en Lima. Se mudaron por muchas razones: debía estar cerca a su médico y al hospital. Su mama se sentía mejor acompañada rodeada de toda su familia. La ciudad era más limpia. Y además, justo había pasado el terremoto, y Chincha estaba casi destruida.

Cuando me enteré que había llegado a Lima, lo primero que hice fue comunicarme con Daniella. Preguntarle cómo había estado todo y si había nuevas noticias. Todo seguía igual. Debía seguir con el tratamiento y esperar a su próximo examen para ver los resultados finales. Esos días la comencé a llamar para saber cómo estaba, distraerla y que sienta que tenía a alguien con quien podía confiar y conversar.
En una de esas conversaciones, me había preguntado cuándo la iba a ir a visitar. Como estaba en el colegio, muchas veces se me complicaba ir hasta la clínica y todo porque era día de semana. Un día, Daniella me llamó y me dijo que estaba yendo a verla y si quería ir. Obviamente que lo primero que le dije fue sí. Pero en esos momentos una sensación extraña comenzó a pasear por todo mi cuerpo.

Yo tenía catorce años, nunca había visto a una amiga de mi edad enferma. Mi abuelo también murió de cáncer pero cuando yo era muy chiquita, y muchas veces no entendía la gravedad del asunto. Lo primero que se me venía a la cabeza era: ¿Cómo voy a reaccionar?, ¿y si me da pena y lloro?, ¿Cómo estará? , ¿y si no se qué decirle? Son preguntas que seguramente todos los que lo hemos vivido nos hemos hecho al principio. Mientras estaba en camino a la clínica, tenía los nervios de punta. Pensaba en qué le iba a decir, etc. Y hay que aceptar que a los catorce años, uno no es lo suficiente maduro como para enfrentarse a ese tipo de emociones… Además, sabía que estaría ahí toda la familia y como aún no me conocían mucho, me iba a sentir un poco incómoda.
La verdad es que tenía miles de razones para no ir, pero Alexia ya era mi amiga, y no la iba a dejar por tonterías mías.

Finalmente llegamos a la clínica. Mientras subía por el ascensor seguía muy nerviosa… Caminábamos por el pasillo. Pasábamos de una puerta a otra y yo no tenía ni idea de que número era el cuarto en donde estaba, hasta que Daniella me dijo: Ven, entra. Acá está.

3 comentarios:

  1. Te felicito, Tienes un angel cuidandote y leyendote... eso es ser amigas

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  2. me encanta! todo lo hiciste x aleca que gran amiga eres

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  3. ME encanta que yo salga en esto, te quiero mucho analushiiiiiiii. Daniella.

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