Cómo extrañaba sentarme al frente de mi laptop y acordarme de todas las cosas tan bonitas que pasamos. No es que no me acuerde nunca, pero últimamente estoy con muchas cosas por hacer y ni tiempo me da para poder sentarme y escribir tranquila aunque sea un capítulo. Por fin llegó el día en el que siento la necesidad de seguir contando más y más cosas.
Hace unas horas, me di cuenta de qué rápido pasa el tiempo… ya van a ser casi 6 meses, medio año y seguramente ustedes, como yo, no lo pueden creer. Hoy he decidido que no puedo dejar que los días se pasen así como si nada. Hay que aprovechar al máximo todo lo que podemos hacer y les doy un consejo: nunca dejen para después lo que pueden hacer ahora, porque nunca saben que pueda pasar en unas horas… Bueno ya no los aburro más y vamos a seguir con esta linda historia.
Me había quedado en lo bien que la pasamos esos días que nos fuimos a la playa, justo me acuerdo que Alexia me contó que su mamá había hablado con la directora del colegio para que nos juntaran y nos pusieran en el mismo salón a las tres inseparables: Daniella, Aleca y yo. Obviamente a mi no me sorprendió para nada que la tía lo haya hecho porque seguramente algunos ya saben cómo es… pero fue lo mejor que pudo hacer ja, ja. Gracias tía.
Ese febrero estuvo lleno de viajes, toda la familia de Alexia había decidido irse a Máncora por diez días. Fueron en un plan familiar, tranquilo con sus primas y alquilaron una casa en la que se metieron todos ahí. Todos los días era comer rico, bajar a la playa, piscina y en las tardes al pueblo. Después de haberse quedado en máncora pudieron convencer a los papás y se fueron las primas a Colán en bus (otra vez). Cada una se dividió en diferentes casas y habían ido especialmente para ir al luau. Como Alexia tenía que seguir tomando el veneno de alacrán, Fiorella, su prima, me contó que a veces se sentía incomoda pero después ya se había acostumbrado. Nosotras hablábamos casi todos los días y me contaba que estaban haciendo “nada” literalmente y aprovechando la playa, el sol y la juerga. Se fueron al luau y se quedaron hasta las cinco de la mañana. Fue un viaje muy divertido y cada día se notaba que se estaba recuperando, le dolía menos cuando se reía y cuando hacía movimientos fuertes y las ganas de seguir viviendo estaban presentes en cada minuto que pasaba.
Cambiando de tema, se me había pasado contarles sobre LARA. Aleca se moría por los animales, pero más por los perros. A fines del 2008, en Houston, una tía suya le había regalado un chihuahua que se moría por tener. Y la llamo Lara. La verdad es que a mí no me agradan mucho los perros y menos los chihuahua que son enanos y escandalosos. La primera vez que la vi casi me muero, era una cosita enanita que correteaba por toda la casa y que cada vez que me veía me ladraba. Al principio yo la odié un poco, pero con el tiempo ya le comencé a tener más cariño. Era impresionante como Alexia se dedicaba a su bebé, le había comprado demasiada ropa, más de la que ella tenía, creo, y cada vestidito significaba algo diferente. No la soltaba, la llevaba a todos lados y lo más chistoso era que cada vez que la tía nos recogía del colegio ahí estaba la bendita Larita, jaja. Pero tengo que aceptar que ahora me encanta y aunque me siga ladrando aunque sea ALGO la quiero.
Después de haber pasado un verano muy divertido otra vez iba a comenzar la pesadilla: un año más de colegio, pero esta vez iba a ser el último así que por lo menos teníamos un motivo para aprovechar y hacer todo lo que nunca hicimos.
El primer día de clases, todas estábamos afanadas porque éramos las más grandes del colegio y no creo que exista alguna ex alumna que haya deseado más que nadie estar en quinto de secundaria. Nosotras nos jurábamos unas reinas y hacíamos lo que queríamos. Aleca y yo hacíamos pull todos los días así que desde las siete de la mañana y con la peor cara, ya nos veíamos. Había comenzado la misma rutina de siempre, clases hasta las 3:30 de la tarde, tomar el jugo de mandarina en el primer recreo, tomar el veneno de alacrán, llegar a tu casa a hacer tareas e irte a dormir a las diez de la noche. Pero este ano era diferente, Alexia ya se había rebelado y había vuelto a la normalidad, no era más una chancona. Éramos tal para cual, nos daba flojera hacer algo y simplemente no lo hacíamos.
Teníamos nuestro escondite favorito. Todos los días a las 9 de la mañana teníamos estudio dirigido, pero como les había dicho que éramos tal para cual, a esa hora las dos nos moríamos de hambre y preferíamos ir a comer que sentarnos a estudiar o hacer tareas. Así que nos empezamos a esconder en las duchas del baño del tercer piso del pabellón de secundaria, un huecucho donde había tres duchas y un cuadrado al centro y entraban máximo cuatro personas bien apretadas. Ahí nos escapábamos todas las mañanas y decíamos que nos habíamos ido a misa, que horror, esos ejemplos no se siguen. Nos pasábamos media hora comiendo unas galletas y la infaltable butifarra o pan con jamón de Aleca y escuchando música con mi ipod mirando cada cinco minutos por la ventanita para ver si alguna profesora nos venía a buscar.
No sé cómo, pero todas se comenzaron a enterar de que nos metíamos ahí en la hora de estudio dirigido y en unas semanas eso se convirtió en el “point”. Nos metíamos como ocho personas a chismear, comer y relajarnos y encima teníamos que hablar despacito porque las que entraban al baño se iban a dar cuenta que estábamos ahí y eran capaces de acusarnos. Pero fue divertido mientras duró, se comenzaron a pasar todas la voz y nuestra tutora se dio cuenta que ahí nos metíamos, hasta que un día encontró a Alexia y María Fernanda, una amiga, y les tuvo que poner un informe. Ese informe era un papelito rosadito que Alexia lo llegó a conocer bien ese año, era una especie de falta que si te la ponían tres veces en el año te podían suspender del colegio. Bueno, en verdad éramos un poco frescas en ese tema, no nos importaba nada. Ya tocaba dejar de hacerles caso después de tantos años, además ni se preocupaban por nosotras porque ya éramos grandes. Tanto así, que en la clase ya me conocían como la FRESCA Morgan y Aleca no se quedaba atrás, ella tomaba el puesto de la FRESCA 2.
Increíble ¿no? Éramos tan parecidas…
has dejado de escribir...
ResponderEliminarhttp://giudetrasdecamara.blogspot.com/2010/06/hoy-es-tu-santo.html
ResponderEliminarEl 20, please!
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