viernes, 4 de marzo de 2011

23. Regresa cuando menos te lo esperas

Agosto para mí es uno de mis meses favoritos (mi cumpleaños), pero para ella fue el primero de una repetida historia que no necesariamente iba a tener un final feliz.  Justo cuando todo estaba saliendo a la perfección:  Alexia se sentía más viva que nunca, nuestra amistad cada vez crecía más y todos nos habíamos empezado a olvidar de esos días tan grises que vivimos…volvió a aparecer sin previo aviso alguno. 

En los últimos exámenes que se había hecho Aleca, habían encontrado un nódulo que no parecía nada bueno, pero los doctores habían dicho que era posible que lo pudieran desaparecer.  No muchos nos enteramos (me incluyo a mi) de lo que realmente estaba pasando. Por lo menos yo tenía tantas esperanzas de que esta pesadilla se había terminado,  ni siquiera se me pasaba por la cabeza que ÉL pudiera regresar.  No era justo para ella que otra vez tuviera que soportar los vómitos, dolores de cabeza, cansancio y todas esas porquerías. Y es verdad, no era justo, por eso los doctores dijeron que Aleca ya no podía volver a someterse a una quimioterapia, su cuerpo no iba a soportar todo de nuevo.

Para mí no pasaba absolutamente nada, yo estaba segura de que todo iba a salir a la perfección. Era un simple nódulo que se lo iban a sacar y todo volvería a la normalidad. Era imposible no pensar eso cuando la veías, actuaba como si nada hubiese pasado y con una vitalidad impresionante.

En setiembre y en octubre comenzaron los primeros síntomas de fastidio. En el colegio, por ejemplo, ya no podía hacer educación física porque se cansaba muy rápido y le costaba un poco respirar, decía que sentía que su corazón palpitaba demasiado rápido cuando hacía mucho esfuerzo o corría. Ahora que pienso en eso, no saben cómo me arrepiento de no haberle dicho a la tía que no la veía muy bien y que cada vez se notaba que tenía menos ganas de hacer las cosas. Muchas veces uno no quiere aceptar la realidad, se cierra y simplemente no la acepta porque sabe que le va a hacer daño o va a terminar sufriendo. (Yo creo que ese fue mi caso)

Comenzó octubre y lo único que pensamos era cuál iba a ser nuestro plan en Halloween. Aleca y yo quedamos en que lo íbamos a pasar juntas, ya sea en un tono o en una casa viendo películas de terror. Al final nos fuimos a la playa Totoritas (en el sur) a la casa de una amiga del colegio y compramos nuestras entradas para un tono que iba a hacer en Asia.  

Nos fuimos de sábado para domingo a la playa y la fiesta estuvo muy divertida. En la tarde del sábado, Aleca no se sentía bien y nos comenzó a decir que no sabía si ir o no a la fiesta, que no tenía muchas ganas.  – Era muy raro que ella se negara a ir a una fiesta-  Nosotros no le hicimos caso y le dijimos que tenía que ir porque ya la había pagado y tampoco se iba a quedar sola en la casa.
Efectivamente, no se sentía bien. En la fiesta, de la nada, se sentaba porque estaba cansada y desde temprano ya se quería ir. El domingo nos regresamos a Lima y todo volvía a hacer la misma rutina de siempre: ir al colegio, a la Pre, comer y dormir.

Nunca me voy a olvidar de lo que me dijo Alexia cuando me metí a la Pre a estudiar: ¡Para qué te metes a esa cochinada, si con el examen de ingreso la haces al toque! Vas a perder el tiempo y encima estudias todo el día, no la hago.  Yo no me quedé callada por supuesto: Ya ok, quiero verte decir eso cuando yo ingrese y de repente tú no la hagas con el examen de ingreso…
Dicho y hecho, el 7 de noviembre fue mi examen final e ingresé. Hice una reunión en mi casa y Aleca fue un rato porque ella tenía que dar el examen al día siguiente a las ocho de la mañana.  La llamé a la 1 de la tarde para conocer los resultados, me contestó y me dijo: no la hice…Y SIMPLEMENTE  ME SENTÍ FATAL…

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